Explicación (HRC): El pasado 15 de julio de 2026 se produjo una sesión ordinaria de la Academia de Mérida (Venezuela). Allí se habló de la encíclica Magnifica Humanitas y de la inteligencia artificial. Le pedimos a los autores de la conferencia que nos escribieran para el blog y ahora estamos publicado las palabras que nos remitió Ricardo Contreras. Espero las disfruten y por favor difúndanlas.
La carta encíclica Magnifica Humanitas de León XIV: reafirmando el humanismo
integral en la era de la inteligencia artificial
Por: Ricardo R. Contreras
Profesor titular de la Facultad de Ciencias – ULA Individuo de Número Sillón 22
de la Academia de Mérida.
El pasado 15 de mayo de 2026, en el Palacio Apostólico
del Vaticano, el Papa León XIV firmó la carta encíclica Magnifica Humanitas
(Magnifica Humanidad), el primer documento de esta categoría de su pontificado,
enmarcado en el magisterio eclesial. Y es que la Iglesia ejerce su misión de
enseñar mediante el Magisterio, es decir, la autoridad confiada por Cristo al
Papa y a los obispos en comunión con él para custodiar, interpretar y transmitir
auténticamente el depósito de la fe. Este Magisterio se ejerce por medio de
diversos tipos de documentos como las constituciones apostólicas, las cartas
encíclicas, las exhortaciones apostólicas, las cartas apostólicas, las bulas,
los motu proprio, las declaraciones, los mensajes, las homilías y los discursos,
cada uno con un grado de autoridad y una finalidad específicos.
En este caso,
Magnifica Humanitas no solo es un nuevo aporte magisterial, sino que se inserta
en la tradición de conmemorar la encíclica Rerum Novarum, el texto fundamental
de la Doctrina Social de la Iglesia, promulgado el 15 de mayo de 1891 por el
Papa León XIII. La conexión de León XIV con su predecesor León XIII no se hizo
esperar, y es que el agustino Robert Prevost, consultado sobre el nombre que
adoptó al salir electo del Cónclave el 8 de mayo de 2025, apuntó directamente al
Papa León XIII (Gioacchino Pecci, 1810-1903), cuyo pontificado estuvo marcado
por su preocupación por las relaciones del hombre con el trabajo, la producción
y la economía, en medio de las grandes transformaciones introducidas por la
Revolución Industrial.
Ciento treinta y cinco años después de la publicación de
Rerum Novarum, la Iglesia y la sociedad vuelven a enfrentarse a unas nuevas
realidades históricas (res novae), ya no las derivadas de la Revolución
Industrial, sino las que plantea la revolución digital asociada a la
inteligencia artificial, conocida como la Cuarta Revolución Industrial. Frente a
este nuevo escenario histórico, la dignidad de la persona humana sigue siendo el
centro hacia el cual convergen las reflexiones filosóficas y teológicas.
Magnifica Humanitas es un documento extenso (introducción, cinco capítulos,
conclusión y un total de 245 números), de una gran riqueza doctrinal y
antropológica, cuyo epicentro es el ser humano en medio de la era de la
inteligencia artificial. Sería un error pensar que el documento tiene como tema
central a la inteligencia artificial; de hecho, la encíclica desarrolla la
Doctrina Social de la Iglesia en sus dos primeros capítulos, y no es sino hasta
el capítulo tercero que empieza a abordar la cuestión de la inteligencia
artificial, sus alcances, sus oportunidades y sus riesgos, tomando en cuenta que
el tema de la inteligencia artificial ya fue desarrollado con detalle en el
documento Antiqua et nova (Antigua y nueva), publicado de manera conjunta por el
Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la
Educación el 14 de enero de 2025, que constituye un análisis sobre la relación
entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana. Esta centralidad de
la persona humana aparece ya desde la introducción de la encíclica. Allí, León
XIV ofrece una clave de interpretación particularmente sugerente al recurrir a
dos imágenes bíblicas contrapuestas: la torre de Babel (Gn. 11, 1-9) y la
reconstrucción de Jerusalén narrada en el libro de Nehemías (Neh. 1-7).
Mientras
Babel representa la tentación de una humanidad que confía exclusivamente en su
propio poder y termina fragmentándose, Jerusalén simboliza una comunidad que se
reconstruye desde la cooperación, la responsabilidad compartida y el
reconocimiento de la dignidad de cada persona. Estas dos imágenes bíblicas
permiten comprender que el verdadero desafío no reside en la tecnología misma,
sino en el proyecto de humanidad que decidamos construir con ella.
Como se ha
señalado, Magnifica Humanitas se centra en la persona humana y no en la máquina,
en la inteligencia humana y no en la inteligencia artificial. De la lectura y el
análisis del documento se advierte que el futuro no dependerá únicamente del
desarrollo de tecnologías cada vez más sofisticadas, sino de la calidad ética de
las personas y de las instituciones encargadas de diseñarlas, regularlas y
utilizarlas. Ningún algoritmo podrá sustituir la prudencia, la responsabilidad
moral ni el discernimiento que exige toda decisión verdaderamente humana, en
concordancia con la Doctrina Social de la Iglesia, fundada en la dignidad de la
persona humana, el bien común, la solidaridad, la subsidiariedad, la justicia
social, el cuidado de la Casa común y la paz.
Quizá una de las mayores
aportaciones de Magnifica Humanitas consiste en actualizar, en el contexto de la
inteligencia artificial, el ideal del humanismo integral del que habló Jacques
Maritain. Frente a la tentación de reducir al ser humano a un conjunto de
capacidades cognitivas o a un recurso económico más, la encíclica recuerda que
la persona posee una dignidad que trasciende lo funcional o utilitario, y que el
auténtico progreso consiste en promover el desarrollo de toda la sociedad, en la
búsqueda de la civilización del amor. No resulta casual que, pocas semanas
después de la publicación de la encíclica, tanto la comunidad científica
internacional como las Naciones Unidas hayan comenzado a promover espacios de
reflexión sobre la gobernanza ética de la inteligencia artificial.
En este orden
de ideas, el pasado dieciséis de julio en Roma, un grupo de premios Nobel,
expertos y científicos de renombre internacional, líderes religiosos y antiguos
jefes de Estado y de Gobierno, suscribieron la ‘Declaración de Roma’, un
llamamiento a establecer un compromiso sobre las armas nucleares y la
inteligencia artificial, inspirado en Magnifica Humanitas y su llamado a
custodiar la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Incluso,
la propia Organización de las Naciones Unidas, inició el seis de julio un
diálogo global a fin de reunir a los gobiernos, las empresas tecnológicas, las
instituciones académicas, la sociedad civil y la comunidad técnica para debatir
sobre la gobernanza de la inteligencia artificial.
El secretario general António
Guterres insistió en que la inteligencia artificial está avanzando a un ritmo
vertiginoso, lo que conduce a preguntarnos si podremos controlarla juntos o si
dejaremos que nos controle. Este diálogo sobre la inteligencia artificial
persigue sentar en una misma mesa a todos los países, promoviendo una acción
global destinada a que la inteligencia artificial sea más segura, justa,
accesible y ética. Sin lugar a dudas, Magnifica Humanitas deja claramente
establecido que en la actualidad se deben proponer acciones para defender la
dignidad de la persona frente a todo lo que significa la revolución de la
inteligencia artificial.
Y es que la inteligencia artificial no decidirá por
nosotros si la civilización del futuro estará regida por valores tecnocráticos,
o si por el contrario buscaremos construir la civilización del amor centrada en
la dignidad humana. Esa elección continúa estando en manos del ser humano, y
precisamente por ello, el mayor desafío de nuestro tiempo no consiste en
construir máquinas más inteligentes, sino personas más sabias.
Nota:
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(1) Título para la
imagen que inicia este post: Magnifica Humanitas: una reflexión desde el humanismo cristiano sobre la
inteligencia artificial.

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