Discurso para la Juramentación de la JD 2026-2028
Las Academias: Origen, evolución y su impacto en la sociedad
Jonás Arturo Montilva Calderón
Todos los que integramos esta casa del saber nos hemos preguntado en algún momento de nuestro transitar por este solemne salón presidencial ¿qué es una academia, en qué consiste y cuál es su finalidad? La primera de ellas puede parecer muy simple, pero como todo concepto no es fácil responderla. La segunda es más importante dado que nos permite precisar la influencia que una academia ejerce en la sociedad donde ella existe como institución formalmente establecida.
Entender el origen de las academias, su evolución histórica y el papel que ellas desempeñan en la sociedad es fundamental para todos los que pretendemos conducir esta noble institución en momentos de profunda crisis y gran incertidumbre sobre el acontecer de nuestro país y del mundo entero.
Es un hecho ampliamente reconocido y estudiado en innumerables publicaciones y trabajos científicos que las academias han tenido una influencia decisiva e importante en el devenir de la humanidad, en el desarrollo de ideas filosóficas y en la creación de las universidades. Cuatro de nuestros distinguidos académicos, los Dres. Ricardo Contreras[1], Mariano Nava[2], Fortunato González Cruz[3] y Eleazar Ontiveros Paolini[4], han abordado el tema de la academia y su desarrollo histórico desde diversas perspectivas.
Esta diversidad de enfoques ha enriquecido significativamente la preparación de este discurso que complementa los trabajos de estos insignes académicos. Agradezco a ellos el haberme proporcionado y permitido citar sus valiosas contribuciones.
Con la firme determinación de hacer un aporte al estudio de este tipo de instituciones, me concentraré en establecer una definición de academia como organización social, analizar muy brevemente su evolución y resaltar su finalidad. Finalizaré mi intervención con una breve descripción del plan y hoja de ruta que, como junta directiva, pretendemos seguir en los próximos dos años.
El Diccionario de la Lengua Española, obra esencial de referencia de nuestro idioma, incluye un total de ocho acepciones distintas para el término “academia”. La primera de ellas la define como una sociedad científica, literaria o artística establecida con autoridad pública. Es evidente que esta definición no deja claro en qué se diferencia una academia de otras instituciones similares, como las universidades, los institutos de investigación y otras organizaciones educativas. Por lo tanto, es imprescindible recurrir a una definición aristotélica que nos permita explicar con mayor precisión, primero, la esencia de una academia, segundo, su género próximo (esto es, la clase a la que ella pertenece) y, tercero, su diferencia específica respecto de otros tipos de instituciones u organizaciones similares.
En este sentido, podemos decir que una academia es una clase de institución u organización de interés público que agrupa a intelectuales y expertos de una o más ramas del conocimiento que se dedican al cultivo del saber, a la investigación y a la divulgación de sus resultados. Su diferencia específica con respecto a las universidades e institutos de investigación radica esencialmente en sus fines, estructura, funcionamiento, dinámica e interacción con la sociedad.
Es cierto que existen academias como las militares o las de artes que otorgan títulos profesionales, pero la mayoría de las academias como la nuestra, valga decir academias científicas, humanísticas y tecnológicas, no son instituciones orientadas a la formación profesional. No otorgan, por lo tanto, grados académicos. Sus fines son diferentes a los de las instituciones universitarias en términos de especificidad, propósito, alcance y conexión con el entorno. La Real Academia Española, por ejemplo, tiene un fin muy específico: “velar por que los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación … no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico… [y contribuyan a] conservar el genio propio de la lengua”.[5]
Es importante aclarar que las academias se definen generalmente como corporaciones, es decir, organizaciones autónomas, sin fines de lucro y con personalidad jurídica. Son sistemas de actividades humanas de una gran complejidad, conformada por miembros que poseen una reconocida trayectoria académica y que se organizan bajo una estructura predefinida de naturaleza jerárquica. Tienen, además, una intencionalidad muy bien definida, es decir, fines y objetivos predefinidos por un marco legal normativo, generalmente, una ley pública y un conjunto de reglamentos.
Para alcanzar estos objetivos, las academias prestan servicios de asesoría, definen proyectos de interés público y organizan actividades tales como seminarios, foros, homenajes, reconocimientos, conferencias y actos de incorporación de sus miembros. Las comisiones de trabajo desempeñan un papel muy importante en la vinculación de la academia con su entorno. Es mediante estas comisiones que las academias contribuyen al desarrollo de sus áreas de influencias, ya sea una ciudad, una región o un país.
Desde la fundación de la Academia de Platón en la Grecia del siglo IV a. C. hasta nuestros tiempos, este tipo de organización ha experimentado grandes variaciones en sus fines, conformación, organización y función. Por lo tanto, analizar el origen de las academias y observar su evolución a lo largo de los siglos es crucial para comprender la esencia y finalidad de este tipo de instituciones de estudios superiores.
Para estudiar la génesis de las academias y comprender la razón por la que han perdurado durante más de 2.380 años, debemos trasladarnos a la Grecia antigua y a su mitología del siglo IV a. C.
El término “academia” deriva del nombre del héroe ateniense Akademos, quien reveló la ubicación exacta donde se encontraba Helena de Troya, raptada por Teseo rey de Atenas y, posteriormente, liberada por sus hermanos Castor y Polux. En señal de gratitud, estos regalaron a Akademos una mansión situada en las afueras de Atenas. Convertida luego en jardines sagrados, que sirvieron de asiento a varios gimnasios por más de tres siglos. Posteriormente, fue adquirida por Platón en el año 387 a. C. para fundar allí su escuela filosófica, dedicada al estudio sistemático del saber.
La Academia de Platón, reconocida como la primera institución de estudios superiores en Occidente, carecía de una estructura formal comparable a la de las academias contemporáneas. No obstante, se trataba de un espacio de encuentro destinado al diálogo, al intercambio de ideas, al pensamiento crítico y a la búsqueda de la verdad en disciplinas como la filosofía, la dialéctica, la astronomía, la medicina, las matemáticas y la política.
En consecuencia, se erigía como una institución de carácter multidisciplinario, en la cual maestros y discípulos se entregaban al estudio de la filosofía y al desarrollo de las ciencias. Dichos aspectos, también, caracterizan a nuestra Academia de Mérida, que es, por definición, una corporación del saber en diversas disciplinas científicas, humanísticas y tecnológicas.
El anhelo de Platón de contribuir con la sociedad, unido a la condena y muerte de Sócrates, su mentor, y su desilusión con los políticos injustos y corruptos que gobernaban Atenas, fueron incentivos para la creación de la Academia. En su obra La República, Platón postula la idea del “Rey o gobernante filósofo”, basada en la premisa de que «únicamente un gobernante que haya recibido una educación adecuada y comprenda la naturaleza auténtica de la bondad y la justicia estaría en condiciones de ejercer el poder de manera eficiente»[6]. El origen de la academia platoniana fue, por lo tanto, de naturaleza política.
La naturaleza multidisciplinaria de la Academia de Platón, también, resulta evidente. Ello se manifiesta en la diversidad de pensamientos y temas que allí se discutían. El pensamiento pitagórico era uno de ellos, dado que abarcaba la aritmética, la geometría y la teoría de las proporciones y las formas, tal como lo reflejaba el letrero ubicado en la entrada de la Academia que al texto decía: “Que no entre nadie que no sepa geometría”.
¿Cómo funcionaba la Academia de Platón? La manera en que ella operaba la describe con gran detalle nuestro apreciado académico Mariano Nava en su discurso de orden pronunciado en la Academia de Mérida durante el trigésimo aniversario de fundación de esta institución. Explica el Dr. Nava que la Academia de Platón:
“Se trataba de una comunidad dedicada al estudio, formada por alumnos venidos de toda Grecia. Aunque oficialmente la Academia era un thyasos, es decir, una especie de cofradía dedicada “al cultivo de Apolo y las musas”, al parecer, las actividades se dividían en dos partes: en la mañana había debates, lecturas y dictado de clase con contenidos reservados a los alumnos (conocimiento esotérico), mientras que las tardes se reservaban a la lectura de conferencias destinadas al público general” [7]
La Academia de Platón, destruida en el año 86 a.C. y, luego, reconstruida por los admiradores de su pensamiento, funcionó por más de 900 años hasta que fue clausurada definitivamente en el año 529 d. C. por el emperador bizantino Justiniano.
El modelo intelectual de estudios superiores que caracterizó a la Academia de Platón y, posteriormente, al Liceo de Aristóteles, constituyeron fuentes de inspiración para la creación de las primeras universidades de la Edad Media.
La influencia de estas dos instituciones en el proceso de creación de las universidades fue de naturaleza intelectual más que organizacional. Las estructuras del saber, la jerarquía de las disciplinas, la importancia de la lógica y la metafísica, así como la noción de comunidad dedicada a la investigación, fueron aspectos que las universidades heredaron de las instituciones de la Grecia antigua[8]
Tras un periodo de mil años caracterizado por una ausencia notable de academias, estas entidades reemergieron durante el Renacimiento con un nuevo enfoque y un modelo organizativo mejor definido que la Academia de Platón.
La Accademia dei Lincei (Academia de Los Linces) fundada en Roma en 1603 por Federico Cesi es considerada la primera academia de la era moderna dedicada exclusivamente a la investigación científica. Posteriormente, en 1660, se funda la Real Sociedad de Londres (Royal Society of London). La importancia que estas dos instituciones tuvo en la evolución de las academias lo describe con gran elocuencia el Dr. Ricardo Contreras en su libro titulado “Un diálogo entre dos discursos”, editado por la Academia de Mérida. Señala el Dr. Contreras lo siguiente:
“A la luz de la Accademia dei Lincei y la Royal Society, es posible verificar que durante el Renacimiento se produjo la transformación de las academias, que dejaron de ser instituciones donde imperaba una especie de secretismo, pues muchas de ellas eran casi de carácter iniciático, y se transformaron en casas abiertas a la discusión y difusión del conocimiento, donde sus miembros se decidieron a entregarse con pasión y arriesgarse a apoyar el nuevo conocimiento que los hechos y observaciones experimentales estaban generando”[9].
Después de la Academia del Lince y la Real Sociedad de Londres, se crearon otras instituciones y sociedades científicas de gran prestigio y renombre como la Real Academia de Ciencias de Francia fundada en 1666, la Real Academia Española en 1713 y la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, en 1863.
Todo lo anterior no dejó de influir, como parece natural, en la creación de nuestras academias venezolanas, poseyendo estas una orientación originalmente militar. Así, en 1760 se autorizó la creación de la Academia de Geometría y Fortificaciones, la cual operó hasta el año 1768; en 1808 se estableció en las ciudades de Caracas y Cumaná la Academia de Matemáticas, enellas estudió el joven Antonio José de Sucre[10]. Luego, en 1810, se crea la Academia Militar de Matemáticas orientada a la formación de oficiales republicanos.
A partir de la tercera década del siglo XVII se evidencia un cambio en la orientación de las academias de nuestro país. Se establecen las primeras academias de carácter científico, humanístico y tecnológico. En 1831, bajo la dirección de Juan Manuel Cagigal, reconocido como el padre de la ingeniería en Venezuela, se fundó la Academia de Matemáticas que otorgó, por varios años, los primeros títulos de agrimensor.
La Academia Venezolana de la Lengua se estableció en 1883 como la primera academia nacional de carácter cultural y lingüístico. Le sigue, en 1888, la Academia Nacional de la Historia dedicada a la investigación histórica. A comienzos del siglo XX, iniciaron actividades la Academia Nacional de Medicina en 1904, de la cual el Dr. José Gregorio Hernández fue uno de sus fundadores; la Academia de Ciencias Políticas y Sociales en 1915; la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales en 1917; la Academia Nacional de Ciencias Económicas en 1983; y la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat en 1998.
En el ámbito regional y estadal, existen tres academias activas. Se conformó primero la Academia de Historia del Táchira en 1942. Sin embargo, no fue hasta 1991 que se le confirió el estatus de academia. Le siguió nuestra Ilustre Academia de Mérida, fundada el 12 de octubre de 1992 bajo la promoción y participación por tres entes públicos: La Gobernación del Estado Mérida, La Universidad de Los Andes y FUNDACITE-Mérida. La última academia estadal en crearse fue la Academia de Ciencias Económicas del Estado Zulia, cuya ley fue promulgada en 1994.
De lo anterior surge obligatoriamente una pregunta que nos resulta importante responder: ¿Qué hace a nuestra academia diferente de las demás academias del país?
Al igual que la Academia de Platón, la Accademia dei Lincei en Italia y el Instituto Nacional de Ciencias y Artes de Francia, que desde sus inicios congregaron en su seno diversas disciplinas científicas, literarias y artísticas, la Academia de Mérida se erigió, desde sus inicios, como una institución eminentemente multidisciplinaria. Esta es una cualidad que la distingue de las demás academias del país y que nos brinda, a los que formamos parte de ella, la oportunidad de abordar, desde múltiples perspectivas, problemas interdisciplinarios de gran complejidad, contribuyendo, en consecuencia, al desarrollo integral de la ciudad, el estado y el país.
A lo largo de sus 33 años de trayectoria, la Academia de Mérida se ha consolidado como un referente de renombre nacional en este tipo de organizaciones públicas. Nuestra academia se caracteriza por una constante actividad reflejada en más de 35 sesiones anuales, una elevada producción científica y humanística de nuestros académicos y una alta capacidad para innovar e incorporar los cambios tecnológicos que impone la sociedad digital. Estos factores han hecho que su presencia trascienda hoy los límites de la geografía merideña.
Mantener el nivel de excelencia académica que nuestra institución ha alcanzado, durante su existencia, constituye todo un reto para los académicos que integramos la junta directiva recién juramentada. Estamos conscientes de este reto y, para enfrentarnos a él, hemos estado trabajando durante los dos últimos meses en la elaboración de un plan estratégico, que tiene como finalidad definir los objetivos que queremos alcanzar y establecer la hoja de ruta para lograr cambios que nos permitan relacionarnos mejor con un entorno político, social, económico, medioambiental, legal y tecnológico en constante evolución.
Esperando la compresión y la participación unánime de todos los académicos, damos a conocer los principales objetivos estratégicos que este plan procura alcanzar:
1. La búsqueda de fuentes de financiamiento que nos permitan resolver los problemas presupuestarios de años pasados. Para ello, proponemos, primero, la creación a nivel nacional de un Grupo de Amigos de la Academia y, luego, su formalización en una fundación.
2. La revisión y ordenamiento de la normativa interna, de manera que se actualice y se hagan los ajustes pertinentes al Reglamento de la Academia y a sus normativas adjuntas.
3. La creación de un programa de cursos y talleres de actualización en temas de gran relevancia e interés académico como los tecnológicos, ambientales, educativos, geopolíticos y de salud. Con el fin de facilitar la participación de todos los miembros en las actividades que se realicen a distancia, los primeros talleres estarán dirigidos a la actualización tecnológica en el uso de las redes sociales, los sistemas de videoconferencia y la inteligencia artificial generativa.
4. La modernización del sistema editorial y la reactivación de su fondo, lo que nos permitirá publicar regularmente la revista de la Academia y los libros que producen nuestros académicos.
5. La reactivación de comisiones permanentes de trabajo, incluyendo a invitados y a académicos que están en el exterior, tal como lo establece el artículo 26 de la Ley de la Academia. Es necesario aclarar al respecto, que las comisiones son órganos asesores mediante los cuales se estudian e investigan temas de actualidad e interés regional y nacional.
6. La actualización y escalamiento de la plataforma tecnológica y de nuestros canales de comunicación y difusión: la nueva página web, el canal en YouTube y las redes sociales como Instagram y X. Estos medios nos han permitido y nos permitirán ampliar el campo de acción y relación de esta Academia con su entorno local, nacional e internacional.
No podemos perder de vista la importancia y la finalidad que nuestra academia tiene como institución al servicio del estado y de la nación. Su misión es contribuir, en sus áreas de estudio e investigación, al desarrollo estadal y nacional.
Su actuación como ente asesor de los organismos públicos y privados que conviven en su área de influencia será nuestro mayor aporte al proceso de transformación social y económica que se está iniciando en nuestro país.
El apoyo de todos ustedes, apreciados académicos, será vital y el éxito que logremos, en esta nueva gestión, será el éxito de todos.
Muchas gracias.
[1] Contreras R. (2023). Un diálogo entre dos discursos: Transhumanismo y la búsqueda del conocimiento. Academia de Mérida. Mérida. Venezuela.
[2] Nava, M. (2022). Platón y los orígenes de la Academia. Presentación con motivo del XXX aniversario de la Academia de Mérida. Mérida. Venezuela. Octubre.
[3] González, F. (2026). Sobre las primeras academias en Venezuela. Comunicación personal. Enero.
[4] Ontiveros, E. (2021). A los 29 años de la Academia de Mérida, una institución consolidada. Academia de Mérida. Octubre. https://academiademerida.org.ve/a-los-29-anos-de-la-academia-de-merida/
[5] Real Academia Española (2026). La institución. España. https://www.rae.es/la-institucion
[6] Robertson, D. (2021). ¿Por qué fundó Platón la Academia? ¿Y qué ocurrió allí? Centro de la Academia de Platón.
[7] Nava, M. (2022), Op Cit. Pag. 5.
[8] Perplexity (2026). Perplexity. [Lenguaje de gran tamaño].
[9] Contreras, R. (2023). Un Diálogo entre dos discursos: Transhumanismo y la búsqueda del conocimiento. Parte II: Pasión y progreso: La esencia del conocimiento en las Academias. Primera edición. Academia de Mérida. Pag. 34.
[10] Méndez, Nelson. (2011). Para la historia de la enseñanza de la ingeniería en Venezuela: itinerario de fechas, hechos, procesos y personajes. Revista de la Facultad de Ingeniería UCV, Vol. 26, No, 1, pp. 29-41
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