Durante una reciente inmersión en los viejos archivos de nuestra memoria familiar, el azar —o quizás la paciente insistencia de la historia— puso en mis manos el borrador amarillento de un breve artículo redactado por mi padre, el Maestro José Rafael Rivas. Aquellas líneas, que posteriormente verían la luz en la prensa regional, rescataban del olvido un acontecimiento de singular trascendencia para el devenir cultural de nuestra región. La relevancia de este hallazgo, que documenta el germen de una transformación artística sin precedentes, despertó en mí la imperiosa necesidad de reconstruir los detalles de aquel suceso y desarrollar las páginas que siguen, dedicadas a honrar la memoria del insigne violinista Miguel Ángel Espinel y el entramado de voluntades que sembraron la modernidad musical en Mérida.