El 23 de abril de 2026 estuve en un conversatorio organizado en la biblioteca de la Facultad de Humanidades y Educación de la ULA (Venezuela). Ya son varios los años que me invitan, desde diversas instituciones, para exponer nuestros criterios sobre los libros y la ciudad (Mérida-Venezuela) en donde vivo.
Desde el momento en que me invitaron hasta cuando empecé a hablar en el conversatorio pasaron varias horas de preocupación. ¿Por qué me preguntarán los lectores (as)? Pues, a pesar de haber aceptado la invitación, no tuve el tiempo necesario parar preparar la intervención y eso me causaba angustia.
Sin embargo, decidí que sí me había comprometido estaría allí y hablaría sobre mi experiencia académica acerca de los libros y Mérida (Venezuela). Por supuesto, me llevé la obra de mi autoria, publicada sobre el tema, cuya referencia es: Ruiz Calderón, Humberto (2015): Ciudad de libros. Historias de Mérida. Mérida, Editorial APULA y Gráficas El Portatítulo, 238 pp. El libro nos sirvió no solo para mostrarlo a quienes participaran como público, en el conversatorio, sino para obsequiarlo a quienes se interesaron en la rifa de los ejemplares que llevé.
Comencé mi intervención destacando que el interés sobre los libros y mi ciudad es una de nuestras líneas de producción académica que se hizo manifiesta cuando me invitaron a formar parte de la Academia de Mérida. Pero, que también tuve otras líneas como la investigación sobre los venezolanos que estudiaron en el exterior becados por el gobierno nacional, entre los siglos XIX al XXI.
Seguí la intervención con las dos líneas de nuestro interés académico más reciente. Aquí los los tema son: A) La felicidad y; B) La historia de mi familia en Mérida, desde 1595 con la llegada de Alonso Ruiz Valero (1568-1649), originario de Hellín (España).
Comenzando con el tema de los libros, expresé que los primeros llegaron a Mérida (Venezuela) con la expedición de Juan de Maldonado en 1559. Allí participó Antón de Escámez, quien era clérigo y debió traer libros de oraciones, de ritos religiosos y de catequésis. Sobre todo por la amplia experiencia que tenía en estas actividades (1).
Ya más adelante con la llegada del primer obispo a Mérida, Fray Juan Ramos de Lora ya aparecieron listas de libros para el trabajo religioso. En el caso del obispo Fray Juan Manuel Cándido de Torrijos la cosa fue más voluminosa y en algún momento se llegó a decir que la biblioteca que trajo era de 30 mil volúmenes cosa que años más tarde no se pudo corroborar, pese a que sí era voluminosa. Lo que hemos destacado es que los libros de ciencia eran muy escasos. En ambos casos (2).
Los documentos sobre las herencias dejadas por algunos personajes de la ciudad de Mérida han sido organizadas y publicadas por el Archivo Histórico de Mérida. Y se indica que: “constituyen una fuente documental inestimable para el estudio de la historia colonial y republicana de la región andina. Estos documentos, que incluyen testamentos, inventarios de bienes y actas de entierro depositados en el Archivo General del Estado Mérida (AGEM) y archivos eclesiásticos, han permitido a investigadores reconstruir la vida cotidiana, la cultura, la economía y la circulación de conocimientos entre los siglos XVI y XVIII.” Para nosotros fue una fuente principal para la Historia de Libros…
Pero, en nuestra investigación sobre los libros en Mérida, si bien la primera perspectiva fue los libros que trajeron a Mérida los conquistadores españoles, la segunda fue determinar cuándo Mérida se comenzó a convertir en productora de libros. Se debió al empresario Francisco Uzcátequi quien trajo la primera imprenta a Mérida. La trasportó a lomo de burro desde la cálida Barinas en 1845. Al año siguiente se imprimió el primer libro en esta ciudad. El autor José Francisco Más y Rubí con el título de: Historia Completa de Todos Los Concilios Ecuménicos y cuyo único ejemplar está entre las obras antiguas del Archivo de la Arquidiócesis de Mérida (3).
El último tema que abordé, en nuestra intervención, fue hablar de las distintas imprentas y librerías que entre las décadas de los años 40 y 60 del siglo XX existieron en Mérida (4). Adicionalmente, destaqué que en los útimos años dos aspectos referidos a la vida institucional en la Universidad de Los Andes (ULA) han permitido acrecentar la importancia de los libros en Mérida. Lo primero es la cantidad de revistas académicas en ciencias y humanidades impulsadas por el trabajo de investigación de los profesores. Y, más recientemente, la labor de la editorial del Vicerrectorado Académico de la ULA que ahora publican en formato digital y han editado 120 obras en los últimos cinco años (5).
Al concluir el conversatorio obsequié un ejemplar a una de las personas que participó en el conversatorio y rifé dos ejemplares más. Además, quedé comprometido a regalarles un ejemplar a dos de los organizadores del conversatorio y llevar varios libros a la biblioteca de la Facultad de Humanidades y Educación de la ULA en donde hasta ahora no hay ejemplares para consultar de: Ciudad de libros. Historias de Mérida.
Así participé en la celebración del día internacional del libro 2026 en Mérida, mi ciudad.
Notas.
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Foto (*) De izquierda a derecha: Argenis Arrellano; Homero Calderón Humberto Ruiz y Daniel Albornoz.
(1) Ver en: Ruiz (2015): Mérida Ciudad de Libros… (p. 37).
(2) Ver en Ruiz, 2015: “Libros de ciencia en la Mérida colonial (siglos XVI al XVIII). Autores, temas y lectores, p. 11. Archivo Histórico de la ULA Nún 26. Consultarse aquí: https://web.ula.ve/archivohistorico/boletines/
(3) Hay una fotografía de la obra en la contraportada de: Mérida Ciudad de Libros.
(4) Ver en: Mérida Ciudad de Libros… (pp. 183-4).
(5) Información proporcionada por María Teresa Célis coordinadora del VRA de la ULA.
Muy interesante. Me parece un tema actual a plantear como las nuevas tecnologías están eliminando el uso de los libros
ResponderEliminarGracias Mar por tu comentario. Saludos.
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