Por Luis Ordóñez Vela, Fundación Interconectados
El refrán popular que da título a este ensayo ilustra con precisión la realidad venezolana actual: una situación ya crítica que, tras eventos recientes como el «doble terremoto» de junio de 2026, ha derivado en una policrisis profunda. Ante este escenario, la universidad venezolana no puede seguir operando bajo esquemas tradicionales. Como se ha debatido en la Bitácora de Interconectados, el desafío es transitar de una "escuela isla" a un "motor de soluciones comunitarias". En lo que sigue realizamos un paneo breve de las múltiples propuestas que se han ido adelantando y que pudieran resultar de utilidad para la discusión.
La Reconfiguración de las Escuelas de Educación
La tarea primordial de las facultades formadoras de docentes es sanar la "hendidura" ontológica entre el Aro(la estructura institucional y el conocimiento experto) y la Trama (la realidad vivida y los códigos culturales de la comunidad). Para ello, el currículo debe abandonar la formación del docente como un simple transmisor de contenidos y adoptar la Pedagogía de la Resiliencia.
En el nivel de pregrado, las escuelas de educación deben formar profesionales con inteligencia mética: esa capacidad astuta y adaptativa para navegar realidades complejas y "hackear" protocolos rígidos en beneficio de las necesidades territoriales. La Investigación-Acción Participativa (IAP) debe ser el eje transversal, permitiendo que el docente se convierta en un investigador de su propia práctica y de la Trama de su comunidad. Además, es vital capacitar al estudiante como un "Hijo-Puente", un mediador capaz de traducir el saber académico al lenguaje del barrio y viceversa.
El Aparato Universitario como Soporte de Investigación y Gestión
Por su parte, el resto del aparato universitario y los programas de postgrado tienen la responsabilidad de dotar de viabilidad política y rigor técnico a las soluciones que emergen de la base social. Las tareas específicas incluyen:
- Análisis Estratégico Situacional (AES): Formar a autoridades y especialistas en la gestión de crisis y el mapeo de actores, asegurando que las iniciativas locales tengan incidencia real en las políticas públicas.
- Ciencia Ciudadana (CC): Promover investigaciones que involucren a los ciudadanos en la recolección de datos. Esto democratiza el conocimiento y genera evidencia rigurosa —una "zona neutral"— para la toma de decisiones basadas en datos y no solo en percepciones.
- Fomento de la Inteligencia Artificial y TIC: Explorar cómo estas herramientas pueden potenciar la educación a distancia y la resolución de problemas en contextos de recursos escasos, tal como se propone para el Foro Invertido GIFI 2026.
Conclusión
La universidad venezolana debe asumir que la reconstrucción del tejido social no vendrá de reformas administrativas aisladas, sino de una síntesis entre el rigor académico y el saber popular. Al integrar la tríada metodológica de IAP, AES y Ciencia Ciudadana, la institución universitaria deja de ser un espectador de la crisis para convertirse en el puente que permita a la sociedad transitar de la supervivencia a la prosperidad con rostro humano. En este proceso, el docente investigador es, en última instancia, el eje fundamental de la ciudadanía y la resiliencia nacional.
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