miércoles, 9 de septiembre de 2015

Un recuerdo por los 56 años de la Escuela de Educación

El año pasado por estos días de septiembre, me invitaron a decir unas palabras en la apertura de la semana aniversario de la Escuela de Educación de la ULA. Cumplía  en ese momento 55 años de funcionamiento. Ahora es un año más: 56. 

En ese momento -el año pasado- publiqué dos "post" en nuestro blog sobre nuestra participación en el acto de apertura de la semana aniversario de la Escuela de Educación. Incluyo esta vez, para quienes estén interesados en leerlos, los links al final del texto[1].  


Hace días me encontré con una de las personas de las que hice recuerdo el año pasado y que tenía tiempo que no veía y le indiqué que lamentaba no hacerla tenido entre el público de septiembre de 2014.  Por ello, he decidido ofrecer a nuestros lectores una parte de mis palabras, para destacar que una institución educativa  se debe no sólo a los profesores y a los estudiantes. También cumplen una función importante de apoyo el personal de secretaria y quienes se encargan de los jardines y nos ofrecen espacios para socializar.  Así, hace ya un año decía…     

Una oficina y un jardín

No quiero dejar de mencionar algunos de los esfuerzos de empleados, técnicos y obreros de la Escuela de Educación que inciden en su funcionamiento desde instancias administrativas para que sea un espacio adecuado para profesores y estudiantes. Imposible referirnos a todas las secretarias de los departamentos, oficinas y grupos de investigación o a los  técnicos de las bibliotecas y de los laboratorios. Ni mucho menos a todo el personal obrero de limpieza y mantenimiento. 

Pero, en estas palabras quiero recordar a quien me acompañó durante nuestra gestión de un año y unos meses  al frente de la Dirección de la Escuela.  Adela Vergara fue el soporte fundamental, no sólo nuestro, sino también de muchos de quienes nos tocó lidiar desde la Dirección de la Escuela con los diversos problemas que se enfrentan en instituciones de este tipo. Ella recordaba cada decisión aprobada en el Consejo de Escuela, los cursos que dictaba cada profesor, las responsabilidades de cada profesor becario en el exterior, el título y los jurados de cada trabajo de ascenso de los profesores y por supuesto, el nombre y el record académico de cada estudiante de la Escuela. Durante décadas fue la memoria presente de la institución. Fue la colaboradora solidaria de cada director durante años y muchas veces nos sacó de apuros ante nuestras torpezas y desconocimientos.

Ya estando en la sede del Núcleo de La Liria, debo destacar que, el Director de la Escuela y luego Decano de la Facultad, Aníbal León, se preocupó no sólo de la adecuada ubicación de cada departamento de la Escuela, sino de bregar por tener unos jardines que hoy son una hermosa realidad artística bajo la inspiración y el hábil trabajo de Teresio Sosa. Ese bosque de pinos y figuras que nos reciben al llegar a la institución son inspiración para el trabajo académico y para la socialización de todos. Los jardines de las universidades son tan importantes que cuando la Universidad Simón Bolívar de Caracas, decidió homenajear a su fundador y le ofreció un doctorado honoris causa, él sólo pidió que le nombraran jardinero honorario de la institución. Y así se hizo.