Hace días me conseguí a nuestro amigo de la felicidad (1), esta vez en la plaza Bolívar de La Parroquia. Le contaba a su auditórium, que el año pasado había salido por estas fechas a pasar las navidades en México, con un hijo, que vive allá.
Nos cuenta, con la gracia que tiene para mostrar las dificultades que atravesó: “no hubo nada que no se echara a perder en la casa”, cuando estuvieron preparando el viaje, que hicieron él y su esposa.






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