lunes, 18 de abril de 2011

La Gripe Española

Humberto Ruiz

La pandemia se extendió por pueblos y ciudades a lo largo y ancho del mundo. No hay registro de una catástrofe  humana  como la ocurrida entre 1918 y 1919. A la enfermedad se le llamó la Gripe Española porque allí la prensa dio la noticia sin restricciones. Contrariamente, en  los países beligerantes de  la Primera Guerra Mundial, la censura informativa impuesta,  logró ocultarla hasta finalizados los enfrentamientos.

En los EEUU la gripe comenzó en Kansas. Los soldados concentrados en ese Estado de la Unión, para ser enviados a Francia, la diseminaron por Europa que sufría los estragos de la Gran Guerra. En pocos meses  todo el globo sufrió los embates de la Gripe Española.  Los entendidos dicen que los muertos pasaron de  40 millones de personas.


Felix Arndt era un joven pianista norteamericano. Había comenzado tempranamente a estudiar el más completo instrumento musical de forma independiente pero  más adelante contó con los mejores maestros de Nueva York donde residía. Fue en ciertos períodos de su vida un trabajador infatigable. Grabó más de tres mil rollos para pianola en un corto lapso de tres años. En 1915  unos meses antes de casarse con su novia compuso en su honor la que fue su obra más famosa “Nola”. La Gripe Española  impidió  que el genio musical de Felix diera mayores frutos  al mundo del Jazz.   

En Venezuela  no se  estuvo ajeno a la Gripe Española. El gobierno del Presidente Juan Vicente Gómez la  combatió  y él mismo recibía los informes desde cada punto del país  dando el parte de los contagiados y los muertos. Los estudiantes de Caracas salieron a socorrer  a los  enfermos y también a recoger a quienes desamparados de sus familias y conocidos morían  en las calles, para darles  cristiana sepultura. A los más pequeños se les obligaba a tomar aceite de tártago para preservarlos de la enfermedad.  Una sombra de tristeza cubrió las ciudades y pueblos.  La pesadilla llegó hasta los más apartados campos del país. Pobres y ricos, humildes y poderosos, sucumbieron frente la  pandemia.

En la ciudad de Maracay, convertida en el centro del poder político, también cobró sus víctimas la Gripe Española.  Alí Gómez Bello, el hijo predilecto del presidente, el más parecido al dictador. El que más confianza logró despertar en su padre, murió sin recibir la visita de su progenitor,  temeroso del contagio. El zamaro gobernante no sólo pensaba en la posibilidad de que la muerte lo llamará  al más allá, sino en el incierto destino de Venezuela sin su dirección política.

Fueron muchos los jóvenes que sucumbieron a la enfermedad. La terrible Gripe Española pareció no perdonar a nadie. Incluso se ensañó con los más fuertes: los niños y los jóvenes.

Miguel Ángel había venido a Caracas, desde la lejana Mérida y tenía algunos meses en la capital cuando  los malestares llegaron. Vino con la firme intención de ordenar una vida que no encontraba cause fecundo, salvo los del jolgorio y los amigos. Había dejado de estudiar. No mantenía trabajo más allá  del mes luego de recibir la primera paga. Y las mozas campesinas de las haciendas de su padre, a las que requería con ansias pero sin estar dispuesto a contraer matrimonio ni reconocer hijos, eran una fuente permanente de conflictos familiares.

Miguel Ángel cae enfermo con la Gripe Españóla.  En el lecho de enfermo su hermano mayor que le cuidaba, le interroga  sobre  el futuro que desea construir.  La actividad  que espera  desarrollar en el futuro. La disciplina  que deberá asumir para encausar su vida.  Con los ojos enrojecidos por la fiebre que no cesa, pero aún mostrando la picardía y  simpatía  que no le abandona nunca, confiesa  su deseo:
 
-Quiero ser pianista.

Pese a los malestares de la enfermedad o quizás a causa de ellos Miguel Ángel insiste:

-Yo lo que quiero es ser pianista. 

Su hermano que lo cuida, escucha. Piensa en los veinticinco años de Miguel Ángel y en los largos años de estudio necesarios para prepararse en el difícil arte de la ejecución pianística. 

Miguel Ángel reitera en medio de la fiebre:

-Seré pianista...  cuando mejore.

No obstante las dudas que tiene el hermano de discutir el asunto, termina diciéndole:

-Miguel Ángel, para ser pianista  son necesarios  muchos años de estudio.
-Se debe comenzar siendo un niño.

El hermano mayor lo observa con cariño y completa:

-A  menos que tú quieras ser pianista de burdel. 

El enfermo voltea y fija su mirada en los ojos azules de su hermano mayor. Esbozando una sonrisa  en su rostro maltrecho por la enfermedad, afirma: 

-Justamente: pianista... pianista de burdel.  Eso quiero ser.

A los pocos días, el 16 de octubre de 1918,  Felix Arndt muere en Nueva York y Miguel Ángel en Caracas. El primero fue pianista,  el segundo no lo pudo ser: Su deseo fue  una vocación frustrada por la pandemia. O quizás, tan sólo una aspiración artística tardía.


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