martes, 25 de agosto de 2015

Cold Point, con sabor a colita



Cuando se buscan en internet las palabras "Cold Point", aparecen una infinidad de establecimientos  comerciales dedicados a servicios de los aires acondicionados, regados por la amplia geografía  del mundo. 

Quienes vivimos en ésta ciudad de Mérida -que ya no es de las nieves eternas- pero que sigue teniendo muchos encantos, recordamos una bebida gaseosa, como se le llamaba en ese entonces, y que hoy mostramos en la ilustración, que acompaña al texto.  Recuerdo que había Cold Point con sabor a colita, a naranja, también a uva (ver el comentario de Juan Maggiolo). Debo indicar que nunca he logrado volver a tomar otra bebida  con ese sabor característico. Así como nunca he vuelto a oler el aroma que tenía el viejo mercado principal de Mérida.  Dicen que los olores  y sabores son los recuerdos más ancestrales de las personas.    



Hace unos días en Mucuchíes (capital del municipio Rangel del Edo. Mérida) entramos en un establecimiento de venta de pizzas y nos llamó la atención la decoración. Todo con fotos de los Beatles, muy minimalista el estilo y en un repisa  las botellas de Cold Point y de Pepsi. El joven que nos atendió nos comentó que el negocio era de su hermana y nos permitió, amablemente, tomar fotos.  Por supuesto, no desaprovechamos de tomarle a las botellas del Cold Point. 

Rafael Cartay, en su Mesa de la Meseta (Mérida, 2015),  nos refiere que desde la última década del siglo XIX se vendían bebidas gaseosas en la ciudad de Mérida. Inicialmente, en negocios  que las traían de otras localidades del país.  Pero, es en 1921 cuando Juan Ramírez establece la primera fábrica de refrescos  en la ciudad de Tovar. A esa primera siguen las fábricas de Leopoldo Gelsin en Mérida en 1926; la de Antonio Ramírez en Ejido en 1929; la de Gil A. Sansón en Ejido que ya estaba en funcionamiento en 1929; la de Tomás Carnevali en Mérida en 1931; la de H.P. Lupi en Tovar en 1932; y la de G. Guerrero G. e hijos  en Mérida en 1938. Una década después llega la Coca Cola (1948)  que establece una planta de refrescos en San Cristóbal para abastecer a toda la zona andina y en 1951 Briceño y Maggiolo fundan, en la esquina de calle 27 con la Avenida Bolívar, arriba del Liceo Libertador, la fabrica de la Cold Point (datos complemenarios sobre la producción del refresco y otras precisiones las aporta Gerardo Briceño en su comentario).

Mis recuerdos de niño de esta fábrica  son gratos. Pasaba horas mirando, desde la calle la línea de embotellado, que una a una llenaba los recipientes con el líquido de los distintos sabores, cerraba cada botella con su tapita de metal y luego un operador las arreglaba en las gaveras.     

Con posterioridad el músculo económico multinacional de la Coca Cola y de la Pepsi Cola terminó adquiriendo y sacando del mercado a las fabricas de bebidas gaseosas artesanales de todo el país y de Mérida. Ese fue el fin de la Cold Point.

Pero, los recuerdos del particular sabor dulce de la colita de la Cold Point no lo hemos olvidado.  Espero que el texto de nuestros remembranzas permitan competir con los cientos de establecimientos  que ahora se dedican producir y arreglar aparatos de aire acondicionado y muestren que también existió una bebida gaseosa  que se producía  en la ciudad de Mérida, en las décadas de los años 50 y 60 del siglo XX,  con el nombre de Cold Point.