domingo, 9 de agosto de 2015

Una tesis doctoral


Hace casi dos décadas terminé el doctorado en Estudios del Desarrollo, en el CENDES de la Universidad Central de Venezuela.

Pasé en esa institución varios años pues primeramente  realicé la maestría y luego el doctorado, gracias -en ese momento- a una generosa becas de la Universidad de Los Andes. Emolumentos que eran nuestro sueldo y que alcanzaban para vivir dignamente.

Fuimos de los profesores  que luego del llamado jueves negro nuestras aspiraciones de estudiar  postgrado en el exterior se diluyeron. Pero, nuestra tesis fue  sobre -justamente- los venezolanos  que estudiaron en el exterior  durante  el siglo XX y la modernización del país.

Hoy viene a cuento todo este pasado, ya no tan reciente, de nuestra vida profesional, pues quien fue nuestro tutor, Heinz R. Sonntag, acaba de morir y los recuerdos no dejan de fluir en nuestra mente. 



Estaba dejando de dirigir el Centro de Estudios del Desarrollo (CENDES)  cuando le fui a solicitar una constancia para tramitar la extensión de la beca a la ULA, luego de graduarme  de maestría. En ese momento Sonntag me propuso convertirme en su tutorado. Ya estaba adelantado en los compromisos docentes del postgardo y también estaba muy adelantada la investigación del doctorado. Pero faltaba, casi nada, escribir los resultados de nuestra investigación.  

Un director de tesis doctoral tiene la muy delicada función de ayudar a que un investigador novel se convierta en investigador reconocido. Esa no es una tarea sencilla. Heinz R Sonntag lo logró conmigo.  El trabajo fue publicado en forma de libro, tal como la caratula  que acompaña  al texto muestra y el jurado que se encargo de evaluarlo le dio Mención Honorífica, otorgada por unanimidad  y expresó que se “… aprecia altamente la originalidad del tema, inédito hasta ahora… contiene un trabajo riguroso sobre las fuentes, lo que le permite visualizar algunos aspectos…  del proceso de modernización  y especialización particularmente de las élites políticas.  La tesis sugiere temas adicionales en cuanto al planteamiento de nuevas vías para explorar comparativamente experiencias de otros países, todo ello en un estilo claro y elegante, dada la aridez aparente del tema.”

Un poco después Francisco Kerdel Vega en su libro Diáspora del Talento (2000) expresó que es: "un libro notable donde hace análisis ponderado y sagaz de los estudios emprendidos por los venezolanos fuera de nuestro país, en lo que va del siglo (de 1900 a 1996), y sus logros ulteriores -consecuencia de esa preparación especializada– al regresar a su medio".

Tres reuniones tuvimos, Sonntag y yo, para discutir los avances de nuestra investigación. En la primera, luego de entregarle con varios dias antes de nuestra entrevista unas treinta páginas, me dijo, sin el menor rubor: "bota esas páginas son una perfecta porquería." En la segunda oportunidad -quizás unos dos años después de la primera reunión-  le di una larga explicación sobre cómo iba el trabajo. Me miró largamente, suspiró y lacónicamente me dijo: “Escríbelo”.  La tercera reunión ya le había entregado el escrito. Nos reunimos en Mérida luego de una actividad académica en la ULA a la que había venido.  Cuando le pregunté  qué pensaba del manuscrito me dijo: “entrega esa vaina ya”.  Y así fue.

Hoy, hablando con otro entrañable académico con quien compartimos el recuerdo de Heinz R. Sonntag, llegamos a la sencilla conclusión que fue un hombre útil al país, a la UCV y a la formación de sociólogos  en Venezuela y América Latina. Un sentido reconocimiento a su familia son nuestras palabras finales.