sábado, 7 de marzo de 2026

La Salud y los Estados: una interesante visión del tema


Explicación: el pasado 27 de febrero de 2026  se presentaron al público un conjunto de libros publicados, en formato digital, por la editorial del Vicerrectorado Académico de la ULA. En el acto los autores tuvieron tiempo para exponer  el objeto de sus trabajo. Aquí va un resumen de las palabras de Roberto Rondón Morales sobre su obra.  

LA SALUD EN LOS ESTADOS ANTIGUOS Y EN LOS OCCIDENTALES

                        Roberto Rondón Morales

                              MIRADAS MULTIPLES 

                                         Marzo 2026                                              

En este libro,  publicado por  Ediciones del Vice  Rectorado Académico de la ULA, se analiza la reiterada irresponsabilidad de los Estados Antiguos y Occidentales, hasta el siglo XX, en el cuidado y restitución de la salud de los ciudadanos y cómo las sociedades, sus organizaciones y las personas respondieron ante tal hecho.

La vida y la salud se valoraron en diez y nueve civilizaciones antiguas creadas y destruidas, y en la actual occidental, conformada por transferencias paterno filiales y de renacimiento desde las civilizaciones antiguas más sus propios aportes. Los seres humanos en el Estado Natural estuvieron en constante   peligro de muerte, con vida similar al animal, que lo solucionó con su capacidad de asociación, desde las tribus hasta los Estados, teocráticos en la antigüedad sumeria, babilónica, asiria, egipcia, hebrea, griega y romana; y en la civilización actual, laicos. Todos estos Estados Antiguos fueron absolutamente irresponsables de la salud de la población, por lo que esta responsabilidad la asumieron   las sociedades sacerdotales, las empresariales s y las personas.

En la antigüedad oriental, la salud dependió de divinidades superiores al hombre, que castigaban con la enfermedad, a la vez que la curación por su misericordiosa, intermediada por sacerdotes, en templos y con medios teúrgicos, mágicos y naturales

En Grecia, la intervención divina fue menor porque los filósofos médicos y físicos concibieron al hombre natural y cósmico, constituido por elementos, humores y temperamentos que al alterarse producían enfermedad, atendida por sacerdotes en templos y oráculos, y en el domicilio por médicos egresados de estas escuelas científicas o paracientíficas creadas por los filósofos médicos, y cuyos criterios fueron válidos hasta el siglo XVI. Igual ocurrió en Egipto, Judea y Roma.  Los enfermos pobres se abandonaban. Hubo un desarrollo de conocimientos anatómicos y fisiológicos, clínicos y terapéuticos válidos hasta la Edad Moderna.

En la Edad Media a partir del siglo VI, la Iglesia Cristiana ejerció un control ideológico absoluto, Bíblico, Escolástico, Peripatético y Tomista, con la razón basada en la fe y una alianza de los Estados Medievales y la Iglesia Cristiana. La enfermedad no era castigo del Dios bondadoso sino una perturbación del cosmos.  Atendió al enfermo pobre, por ser hijo de Dios, en hospicios, para aislar y no curar, dirigidos por órdenes religiosas, no por médicos, basados en la caridad cristiana, y en el buen morir, contrario a la ciencia médica hipocrática, V a. C, que el islamismo sí asumió con gran adelanto de su ciencia médica y hospitales para curar enfermos, por lo que ciudadanos no cristianos impusieron este modelo científico   en Salerno y Chartres en los siglos VII a XI, y en el mundo anglosajón.  La atención a los ricos la hacían médicos a domicilio por cobro de honorarios. 

La Iglesia en el siglo XII, triunfante y universal intentó asumir el modelo científico, con una teoría antropocéntrica y la creación de universidades, pero no lo logró por la tradición popular y conventual y las discusiones tercenistas de teólogos franciscanos y dominicos.  

En el Renacimiento y la Edad Moderna, en el siglo XV, se impusieron los   Estados Absolutistas Imperiales en Inglaterra, Francia y España. Estos Estados tampoco asumieron la responsabilidad de la salud y   la subrogaron a la Iglesia Católica, su aliada, que aplicó su ideología y prácticas medievales, a pesar que el desarrollo científico separó la fe de la razón y la Iglesia del Estado. La ciencia empezó a campear.

En la Edad Contemporánea, desde el siglo XVIII, aumentó la ciencia médica, se medicalizaron los hospitales y se descubrió la bacteria.  El Estado Liberal, sustituyó al absolutismo imperial, y consideró a la enfermedad como culpa de las personas, sin ninguna responsabilidad por el Estado Liberal.  Pero el industrialismo acarreó graves problemas sociales y ambientales de salud, aparecieron los sindicatos, que obligaron a establecer la filantropía para financiar hospitales para trabajadores.  

La salud se agravó a finales siglo XIX, por la acumulación en las periferias de las ciudades, de personas con muchas carencias, por lo que se pensó en una organización más solidaria y estable que la caridad y la filantropía, equitativa entre liberales, proletarios y campesinos, financiada por impuestos para atender a toda la población. En el siglo XX, el Estado Social de Derecho asumió esta obligación conjuntamente con los seguros sociales y privados. Tiene grandes problemas organizacionales y financieros, la concepción de la tecnología como una mercancía concentrada en los hospitales con capacidad para atender sólo 10% de la población, con grandes desigualdades. El Estado lo rebasó su crecimiento. Requiere   una moderna reorganización sanitaria, una nueva formación médica y un compromiso del desarrollo científico hacia los problemas sociales y ambientales, que se proponen en este libro, sin descontar los grandes problemas del envejecimiento de la población, la resistencia a los antibióticos y los desastres naturales.

 

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