miércoles, 21 de diciembre de 2011

Cuando caen las cosas

Humberto Ruiz


Antonio Yammara, con ese nombre es bogotano, y al parecer no es descendiente de japoneses.  Es el personaje principal de la obra ganadora del premio Alfaguara de novela  2011, de Juan Gabriel Vásquez: El ruido de las cosas al caer.  El premio se convoca desde 1998  y está dotado de unos bonitos 175.000 dólares. La obra se publica en todo el ámbito de la lengua española.

Ambientada en Bogotá, como las grandes obras aborda temas universales. En este caso la amistad y el miedo. Y sobre la amistad, trata de  una frustrada, entre el personaje principal y un hombre maduro: Ricardo Valverde.  No puede dejarse  de leer  una vez comenzada la novela  y mantiene una tensión argumental permanente desde la primera hasta la última línea.

No hace falta conocer a Bogotá profundamente, para ser captado por la novela. Pues, como ya dijimos, la amistad  y el miedo ocurren en cualquier lugar del planeta.

Antonio Yammara es un joven profesor de derecho que en sus horas libes juega billar en un bar de una calle céntrica de la ciudad. En ese lugar tan poco académico conoce a Valverde, ex-recluso, con quien comparte el pasatiempo. Fue una amistad que no llegó a consolidarse. Solo conoció unas pocas cosas sobre Ricardo, entre ellas que su mujer –norteamericana- vuelve a Colombia y muere en un accidente aéreo.  A los días ambos son abaleados en esa ciudad violenta que fue Bogotá en la década de los ochenta.  Valverde muere y Yammara sobrevive. Luego de recuperado Antonio se dedica a preguntarse sobre lo que no logró conocer de Valverde en vida.   ¿Cómo y por qué llega la esposa a Colombia? ¿De qué manera se conocen y se casan Ricardo y su esposa gringa? ¿Por qué es apresado y qué ocurre con su familia? Son todas preguntas que se van resolviendo en un clima de suspenso, sin angustia y hasta con buen humor a lo largo de la novela.

Colombia es una sociedad violenta y ello no se puede ocultar, pese a las formas de los bogotanos. El miedo ha hecho que muchos salgan de su país y hayan tratado de ponerse a salvo. El personaje de la novela dice: “Colombia produce escapados, eso es verdad, pero un día me gustaría saber cuántos de ellos nacieron como yo … a principio de los setenta, cuántos…  como yo tuvieron una niñez pacífica  o protegida o por lo menos imperturbable, cuántos atravesaron la adolescencia y se hicieron temerosamente adultos mientras la ciudad se hundía en el miedo y el ruido de los tiros y las bombas sin que nadie hubiera declarado  ninguna guerra, o por lo menos no una guerra convencional, si es que semejante cosa existe”.  El miedo de ver morir a un conocido y ser herido también, no es algo extraño entre nosotros los venezolanos.  Por ello las preguntas de Antonio Yammara y las respuestas que encontró nos hacen ver un panorama que esperamos no se replique entre nosotros.  Aunque hay signos que, en algunos casos, estamos como ellos  en los tiempos que transcurre el relato.