jueves, 10 de noviembre de 2016

Aviso amistoso a los rectores de universidades



Patio Central del Rectorado de la ULA (Venezuela)
Por Orlando Albornoz
Hace algún tiempo fue designado rector de una universidad de las nuevas-viejas que el gobierno ha creado, empleando la varita mágica que les auxilia para tomar decisiones, un antiguo amigo. En efecto, en este caso el rector-designado era un antiguo como querido ex alumno, casi un discípulo, porque establecimos amistad y cooperación en aquellos años en los cuales le tuve en el aula. Supongo que mi sorpresa fue igual a la suya, porque ni él ni yo nunca pensamos, aun en nuestra calenturienta imaginación criolla, que accedería a una posición de tanta responsabilidad, porque aparte de sus estudios de pre grado no le conozco otros que pudiesen avalar las competencias para tal cargo, si bien tenía el potencial que le ha permitido arribar a esta posición citada como otra de importancia análoga o incluso superior. Pero el hecho es que debo confesar cierto resentimiento, porque mi alumno llegó a rector mientras que yo no pasé de jefe de departamento, una posición que comprobé inútil porque en Venezuela tenemos cátedra pero no departamentos, pero ello no viene al caso.


Lo que sí es oportuno es el avisar a mi querido ex alumno, para que emplee su magnánimo poder en leer y recomendar leer a sus profesores y estudiantes, y a los otros rectores de universidades que conozca, que lean un libro acerca del origen e historia de nuestras universidades, al menos para que no crean que el gobierno actual está innovando en la materia, sino, quizás al contrario, lloviendo sobre mojado: creando universidades liberales y no universidades socialistas. Me refiero al libro Coordinado por el Dr. Alí López Bohórquez: Las primeras universidades de Venezuela, ULA 2014. Es un libro excepcional, una joya, que debe ser leído por los un universitarios del país, que deben conocer el origen y evolución de las universidades del país, una urgencia que planteaba hace años Margaret Archer, en su monumental obra (1979) Social Origins of Educational Systems.

Bien les haría a los nuevos rectores y más a los nuevos profesores el estudiar el origen y evolución de nuestras universidades, para que aprecien que hay una tradición que admirar y respetar y que el mundo no fue creado en el séptimo día de la revolución bolivariana, sino que esta es más bien subsidiara de aquella que ha evolucionado desde 1721, que ha tenido sus escalones, como cuando aconteció la reforma de la universidad en 1912 y en 1953, en 1958, en 1990, en el año 2002 y así sucesivamente. Que cada nueva universidad lo es por la fecha cronológica de creación, pero operativamente nacen caducas, porque responden al igualmente caduco modelo docente, que el actual es de producción de conocimientos, pero vinculado ello con el quehacer de unas 22.000 universidades que existen actualmente, de las cuales solo unas 500 son de excelencia, porque la buena mayoría son mediocres y añadir agua al molino no aclara las mismas, per se.

Claro, deben apurarse, porque esta obra esencial para el pensamiento universitario, publicada por la ULA, una universidad de excelencia en el panorama nacional, apenas llega a las 300 copias, de modo que invito a mi ex aluno, de repente ex amigo –nunca se sabe, que pida permiso a la ULA, al propio Alí López Bohórquez y haga una edición para sí y su personal, invitación que extiendo, por supuesto a los rectores de las viejas-viejas universidades, que de vez en cuando deben sentarse a leer sobre el origen de instituciones de la cuales son rectores, algunos de ellos o ellas rectores y rectoras por la gracia de Dios, esto es, indefinidos, en la onda de mi admirado Daniel Ortega y su primera combatiente ahora vicepresidente y efectivamente –y lo digo con todo respeto puesto que la Sra. Morillo es madre de una decena de hijos, siete del actual presidente y debo asegurar que no hay burla alguna de mi parte, al mencionarla como ‘madre de la patria’, como tampoco la hay al mencionar que en la ceremonia de la extravagante elección de Ortega para otro periodo estuvo invitado aquel insigne ex sacerdote paraguayo que en algún momento, en su país, fue conocido como el ‘padre de la patria’, por los aparentemente numerosos hijos que hizo tener en su país, que los Ortega son gobernantes ad eternum. Contrario, dicho sea de paso, a Barak Obama, quien señalaba en estos días que cuando una persona se posesiona como presidente en su país tiene fecha de caducidad, un signo de decadencia, sin duda, en los tiempos que corren, aunque esa pésima costumbre es de antigua data. Lo peor que les puede ocurrir a nuestras universidades es el aislacionismo como doctrina y meterse dentro de la engañosa calida protección de una creencia política, adoptando una mirada provinciana a lo que es universal, por fuerza de necesidad, porque, en efecto, al menos todos compartimos conocer la maravillosa frase según la cual el mundo es ancho y ajeno y ese es el mundo de las universidades, que abarca más allá del vernos el ombligo y más bien nos obliga a montarnos en los hombros de los gigantes, para ver más lejos.