viernes, 10 de marzo de 2017

Un icono merideño: Mérida Country Club

Explicación: Hace unos dias Alvaro Sandia Briceño, dio un discurso en la celebración del 50 aniversario de la mudanza del Mérida Country Club, desde la Av Urdaneta hacia su sede actual en la Av. Andrés Bello. Las palabras pronunciadas son mas extensas, pero lo correspondiente a la historia de la institución creo que es bueno compartirla con nuestros lectores. De tal forma que aquí van las palabras de Alvaro Sandia Briceño (HRC).   

LA HISTORIA DEL CLUB
En el libro “Signos de Mérida”(1), Emilio Menotti Spósito dice que en 1913 en nuestra ciudad “estiraban su pereza ocho calles longitudinales y veintitrés transversales”. Quince años después, cuando se funda el Club en 1938, la ciudad mantenía las mismas calles de su damero inicial. Empezaba en la Cruz Verde de Milla (frente al Hotel Prado Río-Venetur y la Plaza Chaplin) y terminaba en el Parque Glorias Patrias, donde había una redoma con un monumento alegórico a la mujer indígena, que el pueblo bautizó sencillamente con el nombre de “La India”. 
La sede inicial del Club daba su frente al paseo público decretado el 15 de Octubre de 1915 por el Presidente del Estado Mérida, General Amador Uzcátegui, que tendría, según la resolución oficial, “una anchura de doce metros, propia para la circulación de automóviles, coches y cabalgaduras” (2) y que se convertiría con el tiempo en la Avenida Urdaneta que empataba con la Carretera Trasandina que comunicaba a Mérida con Ejido y de allí, atravesando los pueblos merideños y tachirenses, entre curvas y “regresivas”, se llegaba hasta San Cristóbal.    
El Mérida Country Club se fundó el 27 de Febrero de 1938. Dentro de pocos días se cumplirán 79 años desde que, como lo dije en alguna ocasión “se reunieron cuarenta y siete caballeros, reflexivos y poéticos, fervorosos y entusiastas, gentes vinculadas al gobierno, profesionales, profesores y autoridades universitarias, comerciantes” (3), entre los cuales siete rectores de la Universidad de los Andes, quienes fundaron el Mérida Country Club en “un terreno en el Llano Grande…de ciento cincuenta metros de frente hasta la línea de la prolongación de la Calle Lora” (4), propiedad de la municipalidad, adquirido en la cantidad de dos mil bolívares que fueron pagados al Concejo Municipal del Distrito Libertador en cuatro cuotas de quinientos bolívares.
El primer Presidente fue el Dr. Edgar Loynaz Páez y en la Junta Directiva inicial le acompañaron el Dr. Antonio Parra León como Primer Vicepresidente, José Cárdenas Briceño como Segundo Vicepresidente, Tesorero Rafael Díaz González, Secretario Dr. Carlos Salas y como Vocales Oscar Pacheco, Dr. Manuel Antonio Pulido Méndez, Dr. Santiago Hernández Ron y el Dr. Pedro Guerra Fonseca. De los presidentes que sucedieron al Dr. Loynaz Páez, treinta y siete en total, debemos señalar que algunos desempeñaron posiciones destacadas en el devenir de los años, entre ellos varios Ministros y un Ministro Encargado de la Presidencia de la República, Rectores de Universidades, Gobernadores de Estado, un Presidente de la Corte Federal y de Casación, Individuos de Número de Academias Nacionales y Estadales, Embajadores, presidentes de instituciones bancarias y financieras, empresarios, comerciantes y profesionales de las diversas ramas.  
LA VIEJA CASONA
El diseño arquitectónico de la primera sede de la Avenida Urdaneta era muy sencillo. Se accedía por una entrada vehicular que permitía dejar a los pasajeros en el pórtico techado para evitar que se mojaran con las copiosas lluvias de la Mérida de entonces y de allí, por un pasillo abovedado, se llegaba a la pista de baile, de parquet, que tenía en el centro y pendiente del alto techo de forma octogonal, una hermosa lámpara de cristal, con múltiples brazos que irradiaban luz, obsequiada por el Presidente de la República General Isaías Medina Angarita, quien fue socio de este centro social y mantuvo la membresía durante muchos años. 
Pasada la pista de baile y luego de otras dependencias se ubicaba en un extremo el salón de billares, y en el otro, el bar y el restaurant con tres platos emblemáticos: sopa de cebolla, pollo horneado y filet mignon, que podían ser degustados a cualquier hora de la noche porque no se cerraba hasta que se fuera el último de los socios o de sus invitados, con la particularidad de que la cocina estaba en el sótano, por lo que los mesoneros tenían que llevar los servicios subiendo y bajando las escaleras.
En la zona deportiva tenía una cancha de bolas criollas y otra de tenis, columpios para niños, una pequeña piscina y el bowling de “tracción de sangre”, es decir, había que pagarle a un muchacho para que con la fuerza de sus brazos, subiera y bajara los pines y también devolviera la pelota.
La vida social de Mérida y por ende la del club era muy tranquila, salvo en las festividades de carnaval. Los domingos, después de cumplir con la misa, era casi una obligación social ir al club para “verse con la gente” y disfrutar con la familia del almuerzo en el restaurant, y luego, las damas se dedicaban a jugar canasta y los hombres, con un whisky en la mano, a hablar mal de los ausentes y algunas veces del gobierno de turno.

CUENTOS CONTABLES
Muchas son las vivencias de la vieja sede del club, entre las cuales vamos a rememorar algunas extraídas de los entresijos de la memoria: 
En el año 1944, cuando el ilustre jurista Tulio Chiossone se desempeñaba como Presidente del Club, fue designado por el Presidente Medina Angarita como Presidente del Estado Mérida. El doctor Chiossone envió una comunicación a la Junta Directiva y presentó su renuncia como Presidente del Club, alegando carecer del tiempo necesario para ejercer ambas funciones. El Vicepresidente señor Gil Antonio Sansón le respondió, en nombre de la Junta Directiva, rechazando la renuncia y comunicándole que para el Mérida Country Club era un honor que el Presidente del centro social también fuera Presidente del Estado. Al doctor Chiosonne no le quedó más remedio que retirar la renuncia y continuar en la presidencia del club hasta culminar su período estatutario.
Ya en el año 1953, en tiempos del gobierno del General Marcos Pérez Jiménez vino en visita oficial el Ministro de Educación Dr. José Loreto Arismendi, acompañado de numerosa comitiva, y el Gobernador del Estado Dr. Vicente Tálamo, solicitó las dependencias del Club para obsequiarle, como era la costumbre social, una copa de champaña. Al llegar al club los personajes oficiales y los invitados, un socio con algunos tragos demás insultó al Rector de la Universidad de Los Andes Dr. Renato Esteva Ríos y éste, ni corto ni perezoso, le propinó un recto a la mandíbula que mandó a la lona, es decir, a la pista de parquet, al ofensivo socio. Por supuesto que hasta allí llegó el agasajo y el Dr. Esteva Ríos envió una carta al club quejándose de la actitud del socio y renunciando a su membresía. El Presidente del Club, Dr. Mario Spinetti Berti, le respondió en el sentido de que la renuncia a la condición de socio era su derecho pero que para ejercerla tenía que estar solvente, y como el Dr. Esteva Ríos no estaba solvente no podía renunciar al club hasta que no pagara las mensualidades que adeudaba y así tuvo que hacerlo el renunciante. El Dr. Esteva Ríos no sólo renunció a su condición de socio del Mérida Country Club, sino también como Rector de la Universidad, siendo designado luego Embajador en Cuba y posteriormente en Chile. El Ejecutivo Nacional nombró entonces como Rector de la Universidad de los Andes al Dr. Joaquín Mármol Luzardo. 
Algunos años más tarde, se dio el caso de que tanto el Decano como el Director y la mayoría de los integrantes del Consejo de la Facultad de Medicina eran socios del club, y el Decano optó por convocar a los consejeros para que se reunieran en el Country, siempre en las últimas horas de la tarde, para discutir los asuntos universitarios mientras jugaban bolas criollas y, entre arrimes y boches, los profesores resolvían la agenda del día campaneando un buen escocés. Lo que no puedo garantizarles es que las minutas llevadas al Libro de Actas del Consejo de Facultad, reflejaran al día siguiente exactamente lo aprobado entre bolas y tragos.

NUESTRA SEDE ACTUAL
El Mérida Country Club tiene una de las instalaciones más completas del país. Puede presumir de tener todo o casi todo lo que se requiere para proporcionar a sus socios un lugar de recreo y solaz y oportunidad para un cordial acercamiento, como lo dicen sus Estatutos. No tenemos una marina como el Club Náutico de Maracaibo porque el lago no nos queda tan cerca, ni la extensión de terreno para un campo de golf de 18 hoyos como el Country Club de Barquisimeto, pero se pueden practicar simultáneamente múltiples actividades deportivas entre ellas racketbol, squash, frontón, volibol y basket, con cuatro canchas de bowling de última generación, salón de billares, ping pong, moderno gimnasio con sauna finlandesa, cinco canchas de tenis, piscina olímpica  y de niños, dos canchas techadas de bolas criollas, campo de futbol con grama artificial, campo de softbol, kickingball, pesebreras y picadero para caballos, salones para eventos sociales, bares, restaurantes, fuentes de soda, terrazas cubiertas, parrilleras, caminerías, zonas verdes, arboles cincuentenarios con añosas barba e´palo y traviesas ardillas, parque infantil, guardería con competentes maestras de tareas dirigidas, peluquería, espacioso estacionamiento, seguridad interna, pero además tenemos una Plaza de Tientas bautizada acertadamente con el nombre del matador de toros merideño César Faraco, el Cóndor de los Andes, inaugurada bajo la presidencia de Jorge Sandia Briceño.

EL BAILE DE ESTRENO
Veintinueve años después de aquel histórico 27 de Febrero de 1938, en que se iniciara el club en la Avenida Urdaneta, a las nueve de la noche del 4 de Febrero de 1967, a los acordes de un pasodoble interpretado por la Mérida Swing Boy´s, dirigida por su Director Luis Contreras, se inició el baile de gala, caballeros de smoking y damas de traje largo, con el cual se celebró la mudanza del club a estas modernas instalaciones, construidas en los terrenos ubicados al norte de la Hacienda Las Tapias y adquiridos a la Sucesión Dávila Celis.
El Presidente del Club, Ingeniero Oswaldo Cárdenas Dolande y su señora esposa Nelly Bermúdez Briceño de Cárdenas, abrieron el baile en el centro de la pista y luego nos incorporamos las  demás parejas. Yo me cuento entre éstas, apenas ennoviado con Isbelia. Han transcurrido cincuenta años de aquella memorable fiesta. Celebro que la Junta Directiva haya dispuesto que este concierto de pasodobles sea para conmemorar tan significativo evento, y que hayamos podido conversar en este amable ambiente taurino de los pequeños retazos de la historia y de los hechos que tuvieron como escenario la vieja casona del club, matizada con estos relatos de quien se ufana de haber disfrutado, gracias a la Providencia Divina, de algunos de ellos, y con la esperanza de poder continuar gozando durante algunos años más de este magnífico centro social, de tan ricos testimonios en su pasado y con un futuro promisor pese a las dificultades actuales, que serán superadas sin lugar a dudas por nuestra competente Presidente y su Junta Directiva.
Ahora, no nos queda más que esperar a que el Maestro Antonio Rangel, con su batuta, de inicio a este concierto de pasodobles que nos haga rememorar aquel que bailamos, que creo fue “España Cañí”, la noche mágica del 4 de Febrero de 1967, con ese inolvidable y sabroso son que caracterizaba a la magnífica orquesta Mérida Swing Boy´s.
Gracias, Señores y  Señoras. Buenas Noches.

ASB/Feb. 2017.
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NOTAS:
1.- Emilio Menotti Spósito “Signos de Mérida”, Academia de Mérida, 2003.
2.- Jesús Rondón Nucete “La Consolidación del Gomecismo –Los tiempos de Amador Uzcátegui en Mérida-“, Universidad de los Andes. Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas. 2008.
3.- Álvaro Sandia Briceño, Palabras en el Mérida Country Club con motivo de designar como Socios Honorarios a los Doctores Eloy Dávila Celis, Pablo Paredes Vivas y Eduardo Ramírez López, el 1º de Octubre de 1997.
4.- Álvaro Sandia Briceño, Palabras en el Mérida Country Club con motivo de la instalación del Consejo Asesor, el 3 de Octubre de 1996.