Por: Roberto Rondón Morales. Miradas Múltiples 1.7.2026
Los profesores universitarios Raúl Estévez, Pedro Rivero, Luis Fargier discurrieron la conferencia “El terremoto que esperábamos pero que no supimos monitorear”. La referencia fue al devastador doble terremoto ocurrido en la zona central de Venezuela el miércoles 24 de junio pasado (2026).
Recordaron que Venezuela está ubicada en una zona sísmica determinada por las placas teutónicas del Caribe y Suramericana que generan tres fallas geológicas extendidas hacia el Mar Caribe la denominada San Sebastián, hacia Oriente la del Pilar y hacia Occidente la de Boconó.
Relataron que allí ocurrieron muchos terremotos, y documentaron tres de gran magnitud en 1812, 1894 y 2026. Se ha señalado una cierta regularidad de cien años entre los sismos.
Se aclaró que no hay posibilidades actuales de pronosticar los terremotos, por lo que es muy importante el manejo de los riesgos y las consecuencias.
Con motivo del terremoto de Caracas en 1967, se elaboró un Programa Preventivo que no se cumplió, ni siquiera logró una unión de voluntades esfuerzos políticos, técnicos y financieros. Se creó CEAPRIS, luego FUNDAPRIS y se obligó la aplicación de las Normas COVENIN para construcciones.
Este constante, activo y amenazante riesgo es visto con desdén y despreocupación oficial en Mérida y Venezuela, por lo que instituciones académicas estudian el problema, proponen un catálogo de recomendaciones de toda naturaleza sobre todo en el eje Mérida, Tabay y Ejido, y muchas otras disposiciones formuladas entre otros por William Lobo, Raúl Estévez, Jaime Lafalle, Carlos Ferrer y Alejandro Liñayo,
La dificultad para motivar y organizar al gobierno, la sociedad y los individuos frente a los riesgos y las respuestas de los sismos una vez que haya ocurrido, el Dr. Jaime Lafalle los relaciona con dos impresiones de las personas sobre los terremotos. Unos creen que estos son eventos mágicos y divinos sobre los que el hombre no tiene dominio, y otra impresión se refiere a que los terremotos son fenómenos de la naturaleza que el hombre no puede evitar ni controlar. Esta inercia para el comportamiento preventivo frente a los terremotos se parece a la apreciación y conducta que gobiernos, sociedad e individuos asumen entre la curación y la prevención de la enfermedad que es catástrofe personal y familiar. Esta separación se ha representado desde la mitología griega con las figuras de la Diosa Higia, impersonal y abstracta de la prevención, mientras que la curación y su protector es el Dios Esculapio, concreto y personificado.
En la civilización del Cercano Oriente, la curación de la enfermedad lucía como un acto mágico, heroico, espectacular y de corto plazo, en el cual los dioses supeditaban al hombre, manifestaban su misericordia y perdón para curarse, y permitía la actuación solemne de sus intermediarios, el templo conmemorativo y el sacerdote, quien recibía ofrendas y vendía reliquias, amuletos y remedios, jabones y cremas para los baños, vendidos por el sacerdote. A todas esas, la prevención lucía silenciosa y ausente, más un cambio de conducta a largo plazo.
En la Edad Media, la curación y no la prevención de la enfermedad, le permitió a la iglesia Cristiana crear el modelo de caridad cristiana para demostrar el amor a personas enfermas, hijos de Dios, a quien aislaba en hospicios para evitar la contaminación social y los auxiliaban para bien morir, atendidos por personas caritativas que ganaban indulgencias para la vida eterna posterior, y los Obispos manejaban ingentes fondos para la caridad cristiana provenientes de contribuciones de personas ricas que querían ganar el cielo.
En la Edad Moderna sobre todo en la Contemporánea, al industrialismo favoreció a la curación solicitada por razones obvias por los “proletarios” y le permitió demostrar a los empresarios su solidaridad social o filantrópica en hospitales propios. Esto también les permitió tener una mano de obra recuperada tantas veces como se accidentaba en fábricas sin prevención de accidentes.
Era la curación la que solicitaban bajo amenaza de huelga y daños a la maquinaria por ser ésta una reivindicación y un pago no monetario del trabajo. También la curación sirvió a los empresarios para contener la influencia desestabilizadora de la Revolución Francesa y del marxismo.
Demás está decir sobre el Estado Social de Derecho, que evidentemente ha privilegiado al hospital, centro por excelencia de la curación, dejando en segundo plano a la prevención, en medio de una gran debilidad política y financiera de la salud pública.
Sociólogos, antropólogos, educadores, comunicadores sociales, psicólogos deben incorporarse a estos estudios para nuevas motivaciones humanas.
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