martes, 15 de marzo de 2011

A “sotto voce”

Humberto Ruiz

Diógenes Escalante
Tal como hemos indicado hace unos días en este blog, el pasado 21 de febrero se cumplieron 75 años de la alocución hecha por Eleazar López Contreras y que popularmente se le ha denominado el Programa de Febrero.  Palabras que recogieron el más importante documento que dibujó el proceso de modernización del país,  en el siglo XX.

Sólo es posible explicar la rapidez y la precisión para formular el Programa de Febrero, una vez designado el presidente interino de Venezuela a la muerte de Juan Vicente Gómez, si se hubiera preparado antes de la muerte del anciano dictador y del nombramiento de Eleazar López Contreras. En rigor no se escribió  antes de la muerte de  Gómez, pero sí se habló de los problemas que se debían resolver -y se resolvieron- así como de la manera de hacerlo.   Veamos las circunstancias.


Caracciolo Parra Pérez expresó  en Diario de Navegación (1999) que  al conocer la muerte de Gómez entró en comunicación con Diógenes Escalante, en ese momento representante del Gobierno venezolano en Londres. Sus palabras son elocuentes del trabajo de cabildeo realizada desde hacía tiempo: “Entro en comunicación telefónica con Escalante, en unión de con quien hace largo tiempo aguardo este momento, y que es mi confidente en materia política” (Parra Pérez 1999, 35. Subrayado nuestro, HRC).

Poco después Escalante le escribe a Parra Pérez. Algunas expresiones, de quien ejercía la representación diplomática venezolana en Londres,  dejan ver que ya no hay reverencia -y quizás tampoco respeto- por quien durante 27 años gobernó con mano de hierro al país.  “El Viejo murió en su casa de las Delicias… El Gabinete designó a López Contreras para la sucesión interina, manteniendo el suceso en secreto hasta  el martes a medio día. Eleazar dirigió un manifiesto al país que se oyó en Londres…   Eustoquio  y Pérez Soto llegaron a Maracay…  y…  se tributarán honores fúnebres nacionales  al Viejo…  se ha decretado duelo Público de quince días…  El primer gran salto tan temido se ha dado sin el caos que se esperaba…  Las cosas no pueden continuar como venían, tanto en lo que respecta a los métodos  como a personal (sic), pero cualquier reforma precipitada conduciría al desenfreno de las pasiones” (Para Pérez 1999, 36-37).

Parra Pérez continuo glosando, en el Diario de Navegación,  la comunicación de Escalante quien expresó sobre su destino: “No he decidido nada ni sé lo que será de mí. Si me hacen un signo iré; de otro modo esperaré aquí a que me reemplacen o me den instrucciones para continuar en esta misión…”  A los días Diógenes Escalante es llamado para integrar el gabinete de López Contreras.

De estas pocas frases podemos sacar algunas conclusiones. No hubiera sido posible referirse por escrito de Juan Vicente Gómez como el Viejo, por parte de un alto funcionario del servicio exterior venezolano, sin temer por su suerte, a menos que se entendiera que el régimen político que encarnó, ya había concluido con su desaparición física.  Es evidente que, en las palabras hay esperanza y seguridad porque  Eleazar López Contreras encarne una transición política positiva. Así mismo, se entiende, a pesar de la vinculación con el régimen de Juan Vicente Gómez, López Contreras representa una realidad política y social distinta.  La referencia  que hace sólo por el nombre de pila, tanto de López Contreras como de Eustoquio Gómez, hermano del Presidente  fallecido, y competidor de López por el poder que dejó Juan Vicente Gómez, evidencia familiaridad. Sólo que en el primer caso, hay muestra de identificación con López Contreras, mientras que en el segundo hay rechazo. Y, finalmente, que no sólo era posible  impulsar los esfuerzos hacia un nuevo país, sino que era necesario  apoyarlo de manera decisiva para lo cual estaba dispuesto enteramente Diógenes Escalante. En las notas hechas por Parra Pérez en Diario de Navegación se destaca los vínculos entre quienes pensaban en la transición a la muerte de Juan Vicente Gómez. Allí confluían altos funcionarios del servicio exterior como Escalante y Parra Pérez y también otras  personas, adversarias del régimen, como Alberto Adriani, o Zérega-Fombona. Todos ellos habían conversado sobre qué hacer a la muerte del Viejo, como lo llamaba  Escalante ahora, en su carta a Parra Pérez. El funcionario acreditado en Londres informó que viajaba a Caracas a encargarse del Ministerio de Relaciones interiores y poco después le seguiría Parra Pérez, acreditado en Roma,  a tratar de enrumbar la cartera de Educación.

Solo falta un eslabón para evidenciar la relación con el Programa de Febrero. Sabiendo de la futura designación de Escalante, Caracciolo Parra Pérez le remite un memorándum para poner en blanco y negro sus ideas sobre lo que se debe hacer en el país. Es sin duda lo que,  en conversaciones de tertulia en voz baja, a  “sotto voce”, ya habían hablado. Así, recoge en sus notas: “Es indispensable que, consejero escuchado como serás del Presidente, le ofrezcas desde el principio una cooperación  eficaz de ideas sanas y practicables. Nada de sistemas; un programa” (Parra Pérez 1999: 40 (subrayado HRC).

Ahora se conoce cuáles fueron las ideas que propuso Parra Pérez a Escalante y también lo que expresó López Contreras en el Programa de Febrero. Mostrar su relación, similitudes y diferencias lo trataremos  en otra oportunidad. Hasta aquí los prolegómenos del Programa de Febrero, en los corrillos de un grupo de  venezolanos en el exterior,  antes de la muerte de Juan Vicente Gómez.

Las reflexiones sobre el Programa de Febrero lo único que buscan es resaltar la forma como ocurrió la transición política en Venezuela, muy compleja y en peores condiciones a las que se tienen en la Venezuela actual.   Estamos convencido que el Programa de Febrero tiene mucho que enseñar, en la perspectiva de ver al país en el horizonte de la elección presidencial de 2012.  Por ejemplo, hoy el país cuenta con un mayor grupo de venezolanos mas preparados y con amplia experiencia internacional en muchos campos de la vida social.  También es cierto que  no hay que hacer las discusiones  como en el pasado  a “sotto voce”, sino es posible hacerla a la luz del día y tan fuerte como sea posible.