viernes, 13 de mayo de 2011

Lanzar basura y hacer registros

Alonso Valero

Foto: HRC
Nunca como ahora la conflictividad social ha llegado a los niveles alcanzados en los últimos tiempos.  Un indicador de los apremios sociales es  el número de fallecidos  los fines de semana, muchos de ellos imputados  a la delincuencia. Otro indicador es el número de manifestaciones, protestas, trancas de calles y una forma muy particular de protesta: la huelgas de hambre.

Huelga de hambre  de jóvenes estudiantes a favor de los presos políticos, huelga de los enfermeros por un salario justo, huelga de los obreros  para  que se les honren sus derechos laborales, huelga de hambre de estudiantes de universidades autónomas, para que se les aumente las becas, tanto como la que tienen  los estudiantes de las universidades experimentales controladas por el gobierno. En este último caso para que también  se mejoren los presupuestos universitarios deficitarios.


No deja de llamar la atención los mecanismos de deslegitimación de las protestas: “Están comiendo cachitos”; “cómo puede ser posible que duren tanto sin descompensarse”; “están siendo manipulados por la oposición, el imperialismo y los golpistas”.  Es una especie de –como suelen decir los venezolanos- “mamaderita de gallo”.  Pero, todas las huelgas pasaron de  los treinta días y comprometieron al gobierno a responder las exigencias.  Sin embargo, reconocer las peticiones no quiere decir que se resuelven los problemas planteados.

En general se suspende la huelga, la tranca de la calle y la protesta  luego de la firma de algunos acuerdos  y de establecer “mesas” de diálogo, de conversación o técnicas, para ponerle fecha  a los convenios y hacerles seguimiento. En esto de darle nombre  a lo que simplemente es atender y resolver las exigencias, hay una gran imaginación, por parte del gobierno.  Las mesas famosas solo tienen la finalidad  de suspender la protesta y en particular la huelga de hambre, cuando esta logra cobertura mediática y apoyos crecientes.  Luego se verá.

Y en las mesas se produce un estira y encoje inimaginable. Ya el tema de aumentar las becas universitarias y cancelársela a los estudiantes, debe pasar primero por un registro nacional, pues el listado de las becas que manejan las universidades, tienen muchos problemas.  Dice el gobierno: “Hay personas que cobran doble, hay personas que no son estudiantes”. Es decir, que “las universidades” hacen trampa.  Las universidades  en general. Pero, no se dice  cuál universidad, qué estudiante o qué persona  se está lucrando. Es hacer humo, lanzar basura y no resolver. Alargar el momento de la solución, ganar tiempo.  Y en esto de lanzar basura  y ganar tiempo se han pasado doce…. doce…  doce…  largos, larguísimos, años.  Ahora, tenemos registro nacional de estudiantes universitarios para otorgarles la beca;  nuevo registro nacional de investigadores –que ya tenía veinte años funcionando- para darles  el financiamiento para su trabajo; registro de familias para  la Gran Misión Vivienda; registro…. ¡Y déle con los registros!

La estrategia del gobierno es clara:  ofrecer ilusiones, ganar tiempo, lanzar basura y hacer registro.  Bueno,  Maquiavelo es un niño de pecho, frente a las salas situacionales.  Pero, eso tiene límites. Cuidado con la paciencia de la gente.  ¿O es que el gobierno busca el conflicto?