jueves, 24 de noviembre de 2011

Nietzsche, Benjamin y una botica digital

Humberto Ruiz

Soy de la generación que recuerda vívidamente el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez, en 1958. De quienes nos asombramos con la televisión cuando llegó a nuestra ciudad, enclavada en los Andes venezolanos, en la década de los sesenta del siglo pasado.  Por estar pegados al televisor casi nos aplazamos en los exámenes del 17 de julio de 1969, un día después de la llegada de Armstrong, Aldrin y Collins a la luna.  De tal manera que, para nosotros, la WEB 2.0 es una verdadera maravilla. Nunca la imaginamos y hoy la disfrutamos.


Creíamos que las nuevas generaciones serían cada vez más analfabetas. Estábamos convencidos que la lectura sería una habilidad en desecho por el imperio de la imagen del cine, la televisión y el video. Pero, nos asombramos de la velocidad y complejidad de los mensajes de los jóvenes con el twitter y en las redes sociales.  Digo con mucho orgullo que mis nietos escriben muy bien y lo hacen todos los días. A veces me arrepiento de corregirles los mensajes. Lo peor que pudiera causar es que dejaran de escribir por miedo a los errores ortográficos.  Me gustaría que leyeran cada vez más libros,  así fueran electrónicos.  Pero, estoy seguro que al menos la parte superior de los “tags” de mi blog los leen y me los comentan, cuando nos vemos. Les envío por twitter o por MSM los link de las entradas, cuando las publico. 

Hace escasamente catorce meses inicié esta experiencia editorial en formato digital, que se propuso establecer un espacio para  el debate, el pensamiento crítico y que aspira ser un instrumento para disfrutar el quehacer escritural. Estoy convencido que le he logrado.  Lo continuaremos y lo hacemos con deleite.

En confianza puedo decir,  siempre he tenido ideas para comunicar aunque sólo me puse seriamente a escribirla cuando presenté mi primer trabajo de ascenso como profesor universitario. Le di a mi tutor, un honorable maestro boliviano, las primeras treinta páginas del trabajo, para que me diera su opinión. Fue un día  a las nueve de la mañana. A las diez de la noche me llamó y me pidió que fuera a su casa. Tenía varias horas leyendo la primera página y no entendía nada. Fueron muchas la horas de leer y corregir ese manuscrito y otros.  Me enseñó el trabajo de escribir y corregir hasta alcanzar,  que quien lo lea, lo entienda a uno. En fin,  entienda lo que se quiere decir. Cosa difícil.  Otra etapa que no termina nunca, es escribir hermosamente.  Nos empeñamos  en ello, no siempre con suerte.

En mis primeras dos décadas de la labor escritural publiqué artículos, capítulos de libros y libros, dentro de una tradición que otro insigne investigador -Marcel Roche- nos inculcó. Decía más o menos así: “los científicos deben escribir, sin abandonar la rigurosidad de sus investigaciones, tan claro como sea posible, para que un lector medianamente culto, lo entienda.”

Cuando el interés por la política universitaria ocupó mi tiempo comencé a escribir en periódicos de la ciudad. Creía  que muchos miembros del claustro leían esos periódicos y quizás mis argumentos les motivarían a considerarme entre sus decisiones electorales: lamentablemente no escribía de pagos ni de deudas salariales.   En fin,  escribo desde hace años y trato de decir cosas que hayan pasado por mi labor de investigador. Pero, con los años también escribo, porque el tiempo no pasa en vano.

La gente de Saber-ULA nos propuso, en septiembre de 2010, que explorásemos  la posibilidad de producir un “blog”, quizás pensando en nuestra labor como investigador, como administrador universitario y articulista. Nos dieron una cortísima explicación y, en unos pocos días, salimos al ciberespacio.  Hoy podemos indicar que hemos producido 75 “tags”, entradas, tenemos 20 seguidores registrados y estamos llegando a las diez mil visitas acumuladas.

Para compartir esta experiencia, fui invitado al Encuentro de Divulgación Científica, en el marco de la Convención Anual de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia (AsoVAC), del 17 de noviembre. Me invitaron a exponer nuestra experiencia con el blog.

Expuse mis ideas que en síntesis son: estoy feliz pues a estas alturas de mi vida puedo escribir y publicar lo que quiera, en el momento que lo desee, sólo con el  límite que me pone mi conciencia.  Las visitas al blog muestran que algunas personas leen lo que escribo y que, pese a mi insistencia, pocas logran enviarme comentarios.  Los participantes  en el evento  en AsoVAC nos indicaron que cambiara de plataforma para superar el escollo. Lo estoy analizando.

En la parte de preguntas e intervenciones, del Encuentro de Divulgación Científica,  una amiga nos dijo que esto de las tecnologías de la comunicación y la información daba para expresar las muchas formas el pensamiento humano que existen. Y puso unos ejemplos,  que deseo compartir con los lectores.

En el mundo de la filosofía de finales del siglo XIX y principios del XX dos intelectuales, sí vivieran hoy, estarían enganchados en las distintas plataformas digitales. Friedrich Nietzsche (1844-1900) sería twittero. Alguien capaz de escribir  Humano demasiado humano, un libro de seiscientas página de aforismos, tiene la capacidad de la concisión para decir cosas importantes en 140 caracteres.[1] Mientras que el mundo de los blogs, tendría en Walter Benjamin un autor que estaría en excelente capacidad para usar acertadamente ese formato. Se dice de su obra, la de Benjamin: “no consiste en tesis o en argumentos, sino en apuntes, intuiciones y perfiles; constituye una atmósfera mas bien que un sistema de ideas”.[2]

Buenas razones las que dio esta amiga,  para seguir con la placentera actividad de pensar, escribir y compartir libremente, inquietudes, ideas y sueños.  Labor que sólo en la universidad libre y autónoma hemos podido realizar. 


[1] Los aforismos son “pensamientos filosóficos –expresados, HRC- en forma breve, concentrada y cerrada”. Ver Ferrater Mora, J. (1981): Diccionario de filosofía. Madrid Alianza Editorial, tomo 1, p. 66.
[2] Ob. Cit. p. 312.