jueves, 7 de marzo de 2024

Más sobre el Colegio San José de la Sierra de las Hermanas Dominicas

                                  La Sierra Nevada de Mérida esta mañana (07.03.2024) (foto HRC

Explicación del editor (HRC): El autor ha publicado un artículo anterior sobre el Colegio San José de la Sierra de Mérida, que se puede  ver si Ud. cliquea aquí. Ahora puede leer el nuevo artículo. Adelante.


Por: Roberto Rondón Morales.  Marzo de 2024         

El gobierno civil de J.J. Rojas Paúl desplazó temporalmente al caudillismo militar   y se pensó en la educación y salud. La falta de recursos nacionales obligó a las autoridades eclesiásticas y filántropos a promover el regreso de órdenes religiosas europeas como los jesuitas, dominicos y franciscanos, y otros quienes vinieron por primera vez como los salesianos. También se crearon, por decisión episcopal, congregaciones nacionales.

 

Las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, españolas, llegaron para administrar el Hospital San Juan de Dios en Mérida, pero en 1897 anunciaron su retiro por falta de los recursos prometidos, a pesar de los esfuerzos del Presidente del Estado General Esteban Chalbaud Cardona y del Obispo Antonio Ramón Silva. Se marcharon de Mérida el 5 de julio de1900. Como solución, el Presidente del Estado solicitó al Dr. Foción Febres Cordero preguntara a su hija Georgina si se responsabilizaría de la administración de este Hospital. Las Hermanas Georgina Febres Troconis y Julia Picón Febres quisieron conocer previamente la opinión del Obispo, quien comisionó por razones de un viaje, al Provisor Dr. F. Franco Lizardo para entrevistarse con las Hermanas, a quienes les comunicó que debían asumir esta responsabilidad a pesar de ser sólo dos personas. 


Luego, se integraron a la congregación incipiente, las señoritas Rosa Rodríguez, María Jiménez Pulido y Victoria Chuecos como aspirantes, y la señora Angela de Chuecos para colaborar en otras funciones. 

 

El nombre de la nueva institución  religiosa propiciada por las Hermanas Georgina y Julia fue Santa Rosa de Lima por la admiración a la virgen limeña, nombre con el que estuvo de acuerdo su Director Espiritual, Presbítero Evaristo Ramírez. Finalmente, se completó el nombre como Hermanas de la Caridad de Santa Rosa de Lima.


La erección de la Congregación Diocesana de las Hermanas  de la Caridad de Santa Rosa de Lima se realizó el 21 de febrero de 1903, por el Obispo que decidió declarar canónicamente a la nueva Congregación. 

 

En estos  actos, recibieron de manos de Monseñor Antonio Ramón Silva, el sayal las postulantes Luisa Lárez, Josefa Moreno y Rosa Chuecos. Renovaron sus votos  las Hermanas Julia Picón Febres, María Jiménez. Isabel Uzcátegui y Antonia Picón. Finalizaron  las ceremonias religiosas y culturales conmemorativas en el Hospital San Juan de Dios, de cuya administración se encargaron.


Las primeras Hermanas que administraron el Hospital San Juan de Dios fueron Georgina Febres Cordero Troconis, Julia Picón Febres, Isabel Uzcátegui, María Jiménez Pulido, Rosa Chuecos, Antonia Picón, Josefa Moreno y Eva María Lacruz.

 

En septiembre de 1917, en el Hospital decidieron dedicarse a la formación de niñas y para ello, encontrar una casita a tal fin, para la que el Pbro. Enrique María Dubuc recomendó la advocación de San José.


Poco después llegó un mensaje para la Madre Superiora Sor Margarita del Corazón de Jesús, mediante el cual la señora Josefa Salas de Salas donaba a la Congregación un terreno y una casita ubicada en Milla, futura sede de la Congregación, la Casa Generalicia y el Asilo de Niñas o Casa de las Niñas Pobres, Internado San José de la Sierra, de lo que “estarán eternamente agradecidas”.

 

Señoras caritativas regalaron camas, colchones, loza y otros útiles, pero se decidió no habitarla hasta hacerle reparaciones. Las Madres Margarita y Julia decidieron recoger colaboraciones en la ciudad de Mérida y en el campo.


En la búsqueda de estas colaboraciones, hubo un hecho curioso. En casa Burguera de Tovar, contactaron con la ciudadana norteamericana Lydia Hannel, quien decidió convertirse al catolicismo, tomó los sacramentos e hizo profesión de vida religiosa con el nombre de Sor María de San José.

 

Se responsabilizaron de la recolección de las colaboraciones, la Madre Margarita del Corazón de Jesús y las Hermanas Trinidad de la Virgen María y Sor María de San José. Se construyó la Capilla de la Casa San José, que se bendijo el 19 de marzo de 1918. Luego se construyeron el nuevo Santuario y la Casa Generalicia.


En abril de 1918, la Madre Julia y las Hermanas Francisca, Jesús y Escolástica abrieron el Asilo con catorce (14) niñas.

 

El Santuario San José, finalizado en agosto de 1922, fue bendecido el día de la Patrona Santa Rosa de Lima por el Obispo Antonio Ramón Silva, los Canónigos y sacerdotes, entre los cuales estaba Monseñor Enrique María Dubuc, ya obispo de Barquisimeto, quien presidió la ceremonia.

 

El 10 de enero de 1920, el benefactor de la Obra y Capellán  del Asilo de Niñas, Pbro. Guillermo Parra  sugirió  la elaboración de una hermosa pintura  del Patriarca San José, que luego, el reverendo padre Luis Apolinar Granados solicitó al reconocido pintor Marcos León Marín.

 

En 1923, la Madre Luisa de los Dolores planteó tenazmente, a pesar de las recriminaciones sobre la pérdida de la libertad, la afiliación de esta Congregación Diocesana de Santa Rosa de Lima a la de Santo Domingo de Guzmán, que había reingresado a Venezuela por el Estado Táchira en 1923, para dirigir institutos educacionales y parroquiales. En Mérida, habían establecido la Cofradía del Santísimo Rosario en la Catedral, y la Venerable Orden Terciaria de Santo Domingo para seglares.

 

La anexión a la Congregación Dominicana se consultó a la Reverenda Madre Julia, fundadora de la Congregación Santa Rosa de Lima en Mérida, quien era además muy apreciada por la Superiora Dominicana Madre Luisa de los Dolores, responsable de esta Congregación en Venezuela.

 

Monseñor Silva reconoció a “esta nueva relación como un esfuerzo para progresar espiritualmente a esta humilde congregación”.

 

Al lograrse la anuencia, el Padre Jesús María Alegretti, amigo de ambas congregaciones, se responsabilizó de gestionar esta afiliación, por lo que el  3 de octubre de 1923,  envió una primera carta a manera de consulta, al Padre General de la Congregación Dominicana Rvdmo. Fray Luis Theissling  en relación con esta aspiración de las Hermanas de Santa Rosa de Lima,  al tiempo que solicitaba información sobre el mecanismo para esta afiliación, en el caso que se aprobara. A los cuatro meses,  el Reverendo Fr.  Alberto Blat. O.P.,   en nombre del Padre General, manifestó la aprobación de la afiliación, comunicación que fue leída en toda la ciudad. En la comunicación, se exigía añadir al nombre de la Congregación  la designación de Dominicas,  adaptar el uniforme al de las Hermanas Terciarias, modificar las Constituciones  y recitar el Oficio Parvo según el rito dominico.


El 30 de abril de 1924,  Monseñor Antonio Ramón Silva pidió a Roma oficialmente el Diploma de Afiliación a la familia dominicana, pero ya desde el 24 de marzo de 1924, se había emitido el Diploma de Agregación a la Orden Dominicana firmada por el Reverendo Padre Fray Luis Theissling, Maestro General de la Orden y el Fray Angélico María Ferretti, Secretario,   Se denominarían Hermanas Dominicas de la Caridad de Santa Rosa de Lima. Se solicitaron las Constituciones para adaptarlas, copias del Canto Parvo para cumplirlo, y se hicieron los arreglos para el cambio del vestido. La vestición del hábito se hizo en las residencias existentes para el momento, Rubio, San Cristóbal, Trujillo y Mérida, donde  presidió la ceremonia  el para ahora, Arzobispo Antonio Ramón Silva.


“Un silencio invadía a la catedral, roto por el órgano que cribaba con penetrante misticismo, cuando asomaron nuestras Hermanas vestidas de blanco”. “En verdad, no se podía comparar la pureza que irradiaba el hábito blanco con la serenidad que emanaba del anterior. Arrodilladas de nuevo frente al altar, semejaban una bandada de palomas  a los pies del Sagrario”. 

 

 

EVOLUCION DEL ASILO INTERNADO  DE NIÑAS POBRES



Desde la Ley de Instrucción Pública del 23 de junio de 1923 y el Decreto del 20 de agosto de 1923, el Asilo se debió  registrar en el Ministerio,  lo que se ratificó en Leyes de 1924, cuando se prohibió la obligación como asignatura de Religión. Se inició con  la Educación Primaria Elemental de cuatro grados, incorporando más tarde la Primaria Superior de dos grados. Después de la crisis por el decreto 321 de 1946, se afilió a la Asociación Venezolana de Educación Católica.


A partir del Estatuto Provisional de Educación de 1949, se favoreció  con ayudas oficiales a la educación privada. En la Ley de Educación de 1955, además  se igualaron los sistemas de evaluación en institutos públicos y privados, eliminando este conflicto.

El crecimiento geográfico y humano de la ciudad, ha obligado a una permanente expansión, que incluyó por exigencias de ciertos núcleos de la ciudad, la creación de los Colegios Nuestra Señora de Fátima y La Presentación.


La Ley Orgánica  de Educación de 1980, lo convirtió en una Unidad Básica de Educación,  inicial de nueve grados, y establecimiento  de un nivel secundario tradicional y de técnico medio.


Luego hubo una adaptación a la Ley Orgánica de Educación de 2009. Un primer nivel de educación preescolar, un segundo nivel de educación básica con tres etapas, hasta tercer grado, 4º y 6º grados, 7º y 9º grados  dirigidas a “aprender a ser, a conocer, hacer y convivir”. Un  tercer nivel medio, diversificado y profesional con salidas como técnico medio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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