lunes, 10 de enero de 2011

El mundo y mundo perdido: recuerdos de infancia y literatura


 Humberto Ruiz

Reproducción H. Ruiz
En los días finales del 2010, tuve la suerte de leer dos novelas y un libro de cuentos con un hilo conductor interesante: son recuerdos de escritores sobre su infancia. Por razones de espacio solo me referiré a dos de ellos. Sobre el tercero, prometo escribir algo más adelante.

La primera novela, de Juan José Millás, recibió el premio Planeta 2007, bajo el título de: El mundo.  Recoge remembranzas infantiles del autor, circunscritas a la calle donde vivió en Valencia (España) antes de que toda la familia, incluyéndolo, se mudaran a Madrid. A la calle se unen personajes disímiles y vario pintos, siendo el mas importante, quien terminó convertido en ese momento en su mejor amigo. El Vitaminas -que así lo llamaban- pasaba la mayor parte del tiempo, en particular los meses de verano al frente de su casa, con una bicicleta de carreras  a su lado, que no montó nunca. El chico sufría una grave enfermedad del corazón, impidiéndole incorporarse a los juegos con el resto de los niños.  El menor esfuerzo le hacía sufrir agotamientos insufribles.  Pese a ello, tenía una imaginación tan fértil como la de quien, con el tiempo, sería escritor famoso.  Es decir, el autor del libro.  

El mundo, lo leí pensando en locaciones de una película,  que la destreza de quien escribe, nos hizo imaginar. La visión que se pude tener desde la ventana de un sótano, se convierte en excitante aventura. Los miedos infantiles, tan comunes, le permiten recrear situaciones hoy jocosas, pero que para quien las vivió debieron ser inmensamente angustiantes.  Por ejemplo, para pagarle el peaje exigido por el Vitaminas, y mirar  desde la ventana, robó a su padre un billete de diez pesetas, mucho dinero en su tiempo, que luego al arrepentirse, debió destruir y botar a lo largo de varias cuadras de la calle para no ser descubierto.  En fin, Millás,  con magia y maestría nos hace recordar episodios de cuando niño, recreando circunstancias en una historia intensamente bella y psicológicamente compleja.

El libro de cuentos, del venezolano Alejandro Padrón: Mundo perdido,  reúne  cuarenta y cinco relatos cortos,  presentando la infancia del autor en La Victoria, hacienda de ochenta hectáreas ubicada en el Estado Monagas de Venezuela,  compartida por  su padre y su abuelo. El título se debe no sólo a que la realidad de la Venezuela rural  mostrada en los relatos ya no existe,  al  igual que esa infancia, en el seno de una clase media rural también  extinguida. Al hilo conductor de los recuerdos de infancia, la fantasía de Padrón, no sólo es fértil en la escritura sino al valorar las imágenes de equipos y maquinarias abandonadas,  constituidos en parque de atracciones para: “despertar la imaginación… de la vida infantil. “

En los años cuarenta y cincuenta la violencia rural es recogida por Padrón con inocencia infantil, pero no por ello menos desgarradora. Otros temas como el miedo también están presentes, como cuando los hijos mayores de la familia, deben  cuidar la casa de campo al ausentarse los padres. La narración resulta graciosa, vista  en el tiempo, pero no dejó de ser radicalmente angustiante cuando se vivió.  Algunos de los relatos, como Frustración,  tienen la virtud de su concisión y gracia extrema, que copio para Ustedes, con el permiso del autor y editor:  “Todos deseaban a Juanita. Todos se enamoraron de Juanita. Todos, persiguieron a Juanita. Todo se cogieron a Juanita. Todos, todos, menos yo.”