miércoles, 9 de febrero de 2011

Preservando la memoria del Táchira

Humberto Ruiz


La Lotería del Táchira viene realizando, en los últimos tiempos, una muy importante actividad editorial con el Fondo Editorial “Simón Rodríguez” (FESR).  Durante los dos últimos años, 2009 y 2010,  publicó veintiún obras, casi todas  de autores tachirenses o de temáticas regionales.  No conozco una labor similar realizada en el interior del país pese a la crisis económica y a la absurda polarización política que vivimos.


El comité editorial del FESR  ha sido integrado utilizando la gran capacidad que existe, no sólo a tachirenses sino de personas vinculadas a la región.  Así, el Fondo lo dirige, un muy preparado periodista y ex-vicerrector del Núcleo Universitario del Táchira de la ULA “Pedro Rincón Gutiérrez”,  Ramón González Escorihuela, oriundo de Valencia, estado Carabobo.  Forman el equipo otro ex-vicerrector del Táchira de la ULA, Román Hernández, así como dos ex-rectores, uno de la UNET, Humberto Acosta, y el otro de la ULA, Miguel Rodríguez Villenave. Terminan de conformar el equipo Tulio Hernández, tachirense,  sociólogo y articulista de El Nacional y Paula Zambrano, profesora de la UPEL, quien en los últimos tiempos ha incursionado en la difusión del trabajo editorial universitario.

El pasado viernes cuatro de febrero intercambié criterios  sobre el arbitraje de  las publicaciones que hace el FESR, a partir de nuestra experiencia en el Fondo Editorial del Vicerrectorado Académico de la ULA, durante nuestra gestión (2004-2008).


Poco es lo que se le puede decir a un equipo con la experiencia de quienes dirigen el Fondo Editorial Simón Rodríguez de la Lotería del Táchira. Si embargo, nos atrevimos ha indicar algunas cosas. Así traté cuatro puntos fundamentales en la reunión, todos ellos cumplidos en la labor desarrollada por el FESR.  El primero referido a que, independientemente de las líneas  de trabajo o de las colecciones que le dan perfil al fondo, es de primordial importancia someter a arbitraje académico los manuscritos ofrecidos por los escritores y también a una lectura crítica para saber a cuál colección corresponden las obras a publicar y el público potencial de los libros. 

Un segundo aspecto es el referido a la corrección ortográfica y lingüística de los manuscritos, independientemente de la veteranía de los escritores. Esto no suele ser fácil pues en general los autores consideran que su manera de escribir es adecuada. Pero, un esfuerzo editorial, sobre todo usando fondos públicos, no admite medianías sino excelencia en la calidad de los escritos.  Para eso es necesario contar con especialistas que sean capaces de corregir adecuadamente la forma, preservando el sentir de los autores.

En tercer lugar, es necesario hacer una labor de supervisión del trabajo de las imprentas  sin dejar nada al azar. Hoy es común que con el trabajo digital ocurran muchísimos errores que requieren de una labor detallista y de mucho cuidado para que la corrección académica y la de tipo lingüístico y ortográfica salga adecuadamente de las imprentas.  Nunca será poco lo que se pueda hacer al respecto, independientemente de la calidad de las imprentas con que se trabaje.

En cuarto lugar, viene el trabajo de difusión de las obras publicadas. Diríamos que de socialización del conocimiento o de la literatura publicada, según sea el caso.  Es común que se insista en  convertir a los libros, editados por instituciones públicas, en “regalos” para quienes visitan los organismos financiadores de estas obras.  Por ello establecer vínculos con los canales comerciales de difusión es muy importante y dejar los obsequios para las bibliotecas públicas donde lleguen los lectores interesados en las obras.

Una última sugerencia hecha a los amigos del FESR es que coloquen, para uso libre,  sus publicaciones en los repositorios académicos especializados en la WEB, a fin de darle visibilidad  y difusión universal a las obras publicadas.                

Dos de las publicaciones hechas por el FESR son reediciones de obras publicadas  en la legendaria Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, que fundó y dirigió Ramón J. Velásquez, durante la segunda parte del siglo pasado. Nos referimos a dos libros fundamentales para entender al Táchira de finales del siglo XIX y la influencia de esa región sobre el resto de Venezuela, a partir de la Revolución Liberal Restauradora.  El primero es: Los alemanes en el Táchira (siglos XIX y XX), memorias de Heinrich Rode. El segundo es la tesis doctoral realizada en Harvard por el historiador norteamericano de raigambre latinoamericana, Arturo Guillermo Muñoz: El Táchira  fronterizo. El aislamiento regional y la integración nacional en el caso de los Andes (1881-1899).

El futuro del Fondo Editorial “Simón Rodríguez” de la Lotería del Táchira,  tal como ya lo observa el equipo editorial, será convertirse en tribuna para quienes miran al país crítica y fundamentadamente, así como preservar la memoria histórica del Táchira y auspiciar a las nuevas generaciones de escritores e investigadores, en los temas de esa región fronteriza.