jueves, 10 de mayo de 2012

Las Paezadas de Carlos Páez Ortiz


Adelis León Guevara (*)                        

El humor es la gentileza de la desesperación (O. Wilde)


A la casualidad se debe mi intervención de hoy, pues era al Académico, Doctor Baltazar Porras Cardozo, nuestro Arzobispo Metropolitano, a quien le correspondía hacerlo; pero el azar me dio este encargo y aquí estoy, como se dice en lenguaje taurino, haciéndole el quite a Monseñor, con la capa y la muleta de la palabra dispuestas para que el toro de la tarde no empañe la lucida faena que hoy se le tiene preparada en este ruedo académico al periodista, poeta y caricaturista Carlos Páez Ortiz, a quien por obediencia del diminutivo gramatical y corporal se le sigue llamando afectuosamente Carlitos. El es un excelente caricaturista que no ha dejado un día, desde que llegó a Mérida, sin que disfrutemos sus dibujos y sus textos llenos de gracia e inteligencia, como debe ser todo lo referido al humor. A la flojera de la cigüeña, según refiere él mismo, hay que atribuirle el que su gentilicio no fuese andino y se quedara con el caraqueño, que lo ha empleado sólo en su partida de nacimiento, fechada tres años después que la mía, pues yo soy lopecista y él medinista y, por un pelo, no fuimos gomecistas. 


Lo conozco  desde ayer y no sé cuándo, cuando la fundación del periódico donde diariamente nos ilustra sobre la cotidianidad política y social del país a través de sus caricaturas, en las que abarca las más disímiles cuestiones, desde la mujer a quien la amiga le pregunta  qué hace por el hospital y ella le dice que a su hermana le van a quitar el pip, implante mamario, a lo que la amiga con extrañeza le replica …y tan femenina que se veía!; hasta lo Caín que le salió a Adán con su infeliz llamado a las armas, expresado por la bíblica serpiente. De los 52 Carlos que registra la parte histórica del Diccionario Larousse ninguno es Páez ni Ortiz, lo cual demuestra que este Carlos es único, si no en su especie, si  de apellido. Buscándole parentesco con la nobleza, porque uno nunca sabe, lo asimilé a Carlomagno, cosa que descarté de cuajo cuando me enteré que el Magno Carlos inglés era hijo de Pipino, cuya brevísima estatura contrasta con la grandeza de nuestro Carlos. Se me vino a la memoria Carlomán pero me dije: no puede ser, porque éste es hijo de Luis el Tartamudo y a nuestro Carlos le gustan mucho las tartas pero no tiene nada de mudo. Se me antojó emparentarlo con Carlos Martel, sin doble ll para no confundirlo con el del brandy, por aquello de que si no hubiese sido por él nuestra civilización cristiana, en lugar de persignarse, estaría orientándose hacia la kaba y Carlitos Páez no soportaría quitarse tantas veces los zapatos ni aguantaría tantas agachadas al día para postrarse ante Alá a la ligera. Después de arduas reflexiones sobre genealogías me pareció que el genio de Carlitos Páez estaba muy a tono con el de Carlos  El Temerario, pues hay que serlo bastante para meterse con todo el mundo, sin dañar a nadie, como él lo hace en sus caricaturas. Indagando sobre sus posibles ancestros bolivarianos, porque uno nunca sabe,  quieren decir algunos que este Carlitos es choznieto del centauro, por parte de los Páez de Curpa, culpa no suya,   y mismamente por el lado  de las Ortiz de Canaguá de Barinas, el pueblo de su chozabuela, porque él adulteró su partida de nacimiento, según me confesó el académico que recopiló estas Paezadas, cosa que yo no sabía cuando escribí arriba que era medinista. De manera que las gracias que da su mascota, al final de sus Paezadas, por las felicitaciones recibidas en su cumpleaños, no son por los 70, sino por los cientos y el guarismo de diez veces siete. Su vínculo  con el centauro lo es con el llanero y no con los sanguíneos del 4F y aunque no quiere saber nada de centauros él ha expresado, según refiere Homero, no Homero Lobo, sino el de Quío, que el único centauro de su preferencia es el centauro Quirón, mismo que enseñó la medicina a Esculapio y que Carlitos Páez quiere mucho porque le ayuda a curar las heridas que le han causado los años. Para no quedarse al margen de la moda, Carlitos Páez tiene también su mascota, extraída de la báquica simbología del venezolano y, al efecto, un Ratón, de los llamados caseros, es su ídolo mascoteril, el cual saca a pasear todos los domingos por las fronteras de la ciudad, muy del gusto de quienes los vemos y nada deleitoso para quienes se sienten aludidos en sus ratonadas y prefieren los ratones etílicos a los múridos. Y sépase, además, que Carlos Páez Ortiz es también compositor y entre las muchas canciones tiene una dedicada a los encantos de Chiguará, la villa que vio nacer al Académico que hoy preside esta Institución. Aclaro, para que no se sospeche conchupancia alguna con el Presidente de la Academia y el autor de la canción para la realización de este acto, que la canción fue escrita mucho antes de que Carlos Páez Ortiz conociera al Dr. Roberto Rondón Morales que, a lo mejor, si lo hubiera conocido con anterioridad no hubiese escrito la canción.

Hay que tener muy bien balanceados los humores corporales con los elementos naturales para hablar sobre el humor y activar más de 15 músculos para reírnos. La risa es propia de los humanos, como nos recuerda Rabelais en su Gargantúa y Pantagruel,  aunque el ciego de la Ilíada nos dice  que la inextinguible risa estalló entre los inmortales dioses, desde luego que riéndose a carcajadas de los humanos librando  la más estúpida de las acciones, cual es la guerra. Nietszche pensaba que por sufrir terriblemente en el mundo nos vimos obligados a inventar la risa, por lo que tenemos que luchar mucho para defenderla, no vaya a ser que nos la incluyan en la libertad de expresión y nos la quiten también; Góngora, que cantó a las “mozas rollizas de anchos culiseos”, aunque anduviera caliente mandaba a que se riera la gente y a Neruda no le importaba que le quitaran el pan ni el agua con tal de que no le quitaran la risa de Rosario de la Cerda, que no la cerda de Rosario. Emmanuel, no el profético de Isaías para el Mesías, sino el Kant filósofo, habló de la risa, ignoro  sin con pura, práctica o crítica razón; también el poeta romántico alemán Jean Paul, imaginándola como algo que emergía repentinamente de la nada, lo cual demuestra que el gobierno es el mayor productor de risa; Baudelaire, antes de maldecir las flores de su mal, la asimilaba a un sobresalto generado por la infinita miseria y la infinita grandeza; de la primera infinitud estamos hartos los profesores universitarios en, nuestra condición de damnificados docentes; de la segunda, Carlitos Páez nos da muestras todos los días. Para Bergson lo cómico exige algo así como una anestesia momentánea del corazón y no hay duda de que nos anestesian cada día para abstraernos  de la realidad y Freud, finalmente, veía en la risa un efecto catártico liberador de la energía nerviosa reprimida, razón por la cual los gobiernos no ríen sino que reprimen con energía. Se imaginan ustedes, risueños Académicos, lo aburrido que sería un mundo en el que la gente no se riera? Nada más y nada menos que Jesús Soto no hubiera sido compinche de Rodrigo ni Carora tuviera un guitarrista con apellido de primera persona del pretérito imperfecto, subjuntivo del verbo reir. Yo, en realidad, no encontraba qué decir a cerca del humor, pues mis humores no se equilibran muy bien con los elementos naturales, sobre todo con el agua, pero ocurre que como soy periodófago, no porque me alimente del período, sino porque  “como periódicos”, con el alimento del pasado 6, día del Reportero Gráfico, un comunicado de la Gobernación del Estado, firmado por su gobernador, invita al Círculo de Reporteros Gráficos de Venezuela, según ellos, fuertes sólo cuando se les exige algo, a que remocen la lucha que, de conformidad con la semántica gubernamental bolivariana, está muy sucia, no la semántica, sino la lucha, ya que la fachada del palacio de gobierno está muy limpia para remozarla aun. Habrá algo más cómico que llamar píldora a una fotografía?  Pues sí, ya que los gobiernos son los más ínclitos criaderos de humoradas, el regional nuestro no quiso quedarse atrás y en el gráfico comunicado, nos invita a que tomemos una fotografía sobre un hecho “fuera del alcance de la actualidad”, ante lo cual habrá que pedirle prestada a José Arcadio Buendía la máquina de la memoria para que nos traslade al pasado, y tomar, por ejemplo, una fotografía de la batalla de Carabobo, meterla a la nevera hasta que se congele y obtener una fotografía periodística que es, según el redactor humorista,  “una píldora de historia congelada”. La metáfora, aunque cursi, va entre ostentosas comillas, para que con  este signo de puntuación, sin carácter irónico, no se me endilgue a mí, sino que  la meta su autor en el foramen más oscuro de la  imaginación de donde la sacó.  

Sobre  humor, risas, comicidades, genialidades y algo más  Carlos Páez Ortiz lleva más de treinta años trajinando por los pasillos risibles gubernamentales, por irrisorias aulas universitarias y por los bufos callejones de la patria bonita, que ahora es de todos los chinos, cubanos, árabes, iraníes  y alguno que otro  venezolano extranjero,  desperdigado entre la multitud de compatriotas. La demostración convincente de lo expuesto es la compilación de sus Paezadas, que José Manuel Quintero Strauss, mejor conocido como el académico Chachá Quintero, realizó con mucha paciencia para que se editara con el récipe firmado por VALMORCA, unos laboratorios sitos en los Ejidos de Mérida. Hay una Introducción sin firma donde se afirman las cualidades humanas e intelectuales del autor del libro y que quien esto escribe comparte, pues le ahorró las repeticiones en las que, seguramente, hubiese caído de intentar reseñar las hazañas del valeroso caballero don Carlos.  La verdadera y única Presentación, porque la mía es un plagio, la hizo a finales del siglo XX el ilustre don Rafael Gallegos Ortiz, natural de la Villa de Tovar, construida a la orilla de un río que antes fue de aguas diáfanas y la que tiene, como todas, también su Regla. Para amainar la calmosa inteligencia de los chacoteros lectores de estas Paezadas, Chachá Quintero agrega un chachachá de títulos para que, sin chacharear mucho, y poca cháchara, los guardemos en la chácara de nuestra memoria y podamos disfrutar así con nuestras chachas las ingeniosas chacotas de Charlitos.

Como me ordenaron presentar este libro, lo hago pues ante el notario, perdón ante el notable auditorio; y para que el tiempo transmita esta ocasión maravillosa a todos los descendientes del autor, por flojera del Secretario de esta Corporación, yo, el secre accidental y accidentado de un ojo,  copio el Acta que testifica la certitud del acto: En ocho días del mes de mayo de dos mil y doce años presentó el Presidente de la Academia de Mérida, un hijo de Carlos Páez Ortiz, que le puso por nombre Paezadas. Fue su padrino de pila el académico Chachá Quintero y testigos los ilustres académicos (inclusive el que esto escribe, para no quedarse fuera de los ilustres) que tuvieron el honor de asistir a la ceremonia de Presentación. Al margen izquierdo , con grafía distinta figura:  quien desee copia del acta debe bajarse de la mula con 500 BF, que es lo que cobra por el  favorcito el compatriota del PSUV y portero del Registro. Gracias.


Mérida, 9 de mayo de 2012
 

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Nota

(*) Palabras en la Academia de Mérida, 09 de mayo de 2012, con motivo de la  presentación del libro de Carlos Páez Ortiz.