viernes, 22 de julio de 2016

Voluntariado Universitario

Logo del voluntariado del gobierno vasco

Acabo de concluir un seminario para un grupo de estudiantes de uno de los programas de  doctorado de la Universidad de Los Andes (Venezuela) en mi condición de jubilado de la institución. En la ULA recibí mi  formación de pregrado y he  trabajado por más de cuatro décadas.

Es posible que a muchos de nuestros lectores el tema del que deseo escribir no les interese.  Pero, no puedo o no quiero  dejar de plasmar mis reflexiones por escrito, sobre ésta experiencia. De tal forma que, ahí van mis comentarios.

Durante casi toda mi vida académica he sido usuario de una técnica de investigación que sólo, cuando ya concluía mi tesis doctoral, hace ya veinte años, descubrí que tenía nombre y una muy larga tradición entre investigadores en las ciencias sociales.  Me refiero al Análisis de Contenido.  

Desde las investigaciones sobre Los Cantos de Sion  en 1640 hasta El campesino Polaco de Thomas y Znaniechi en 1918, se fueron conformando unos procedimientos para develar lo que textos  religiosos, familiares o gubernamentales escondían para el ojo desprevenido. Ya en el siglo XX, el Análisis de Contenido, se convirtió en una herramienta para mostrar tendencias "latentes" en las comunicaciones periodísticas de la los bandos en confrontación durante la Segunda Guerra Mundial y con posterioridad en la llamada Guerra Fría.

En épocas más recientes los investigadores que utilizan el Análisis de Contenido, han diversificado su uso en muchos campos disciplinarios y temáticos. Tan importante ha sido que ya en el siglo XXI con regularidad se publica, desde el 2001 hasta hoy, The Content Analysis Guidebook de Kimberly A. Neuendorf.

Sobre la obra de Neuendorf se indica en la web que: “El análisis de contenido es una de las más importantes y complejas metodologías de investigación en las ciencias sociales. En la segunda edición actualizada de la Guía de Análisis de Contenido, su autor proporciona un texto básico accesible para graduados universitarios y estudiantes de postgrado en las ciencias sociales.  Se incluyen instrucciones paso a paso y consejos prácticos…” Bueno, de estos temas académicos estuvimos hablando en las últimas cinco semanas. Y coste que la pasé muy bien… Aprendí mucho, compartí experiencias con gente joven, talentosa y trabajadora y me sentí útil.

Pero,  Uds. dirán ¿cuál es la razón para titular este “post” como Voluntariado Universitario? Aquí espero ser preciso y contundente.

Aseguran quienes estudian el tema del capital social en las sociedades, que una fuerza laboral importante que permite desarrollar muchas y variadas actividades son realizadas por voluntarios. Es decir, aquellos quienes las realizan sin recibir a cambio remuneración alguna. ¿Qué motiva a los voluntarios a imponerse responsabilidades laborales sin remuneración? Fundamentalmente la confianza que el beneficio generado por sus actividades será de carácter colectivo y no privado.  Son muy reconocidos los voluntarios que participan, cada cuatro años,  en las muchísimas actividades que se deben realizar durante los Juegos Olímpicos y Paralímpicos. Pero en general, son actividades que no son muy calificadas, pero que se necesitan muchas personas para atenderlas e impactar en la sociedad.

¿Cuántos profesores  universitarios jubilados -en el caso venezolano- tienen a su cargo responsabilidades en la actividad académica de docencia, investigación y de administración de programas de estudios de posgrado? Pues, no se sabe, son invisibles. Pero, estoy seguro que son muchos. La casi totalidad de ellos no reciben paga alguna por esas actividades. Lamentablemente, no parece haber políticas institucionales para estimular y facilitar su incorporación para que aporten a la vida de sus instituciones o en otras que permita utilizar su calificación, en beneficio de la sociedad venezolana. Pero los hay y en gran cantidad.  Sin embargo, con los miserables sueldos y pensiones de los profesores universitarios venezolanos, ya no es posible subsistir físicamente y mucho menos, comprar un libro como el de Kimberly A. Neuendorf, que supera con creces la paga total de mes y medio de un profesor, del más alto escalafón en las universidades públicas. Voluntarios somos, hasta que reventemos… Y es que sentirse útil es agradable, pero no da para comer. ¿No creen Uds?