miércoles, 16 de noviembre de 2016

Francisco de Miranda en Atenas


Vista de la Acrópolis desde el boulevar Dionicio Aeropagita (*)
Mariano Nava Contreras ha sido incorporado recientemente a la Academia de Mérida, como Miembro Correspondiente Estadal. 

Maracucho de origen estudió en la ULA y terminó asentado en esta ciudad, como profesor de lenguas clásicas.  

Es amplio el quehacer académico del nuevo miembro de la institución.  En su discurso de incorporación trató un tema novedoso, profusamente fundamentado  y hermosamente escrito: Miranda el ateniense. 

Disfruté la lectura del discurso en la Academia y también la respuesta a cargo de Adelis León Guevara. Pero me tomé el atrevimiento de pedirle la versión escrita para leerlo con detenimiento y hacerle una reseña en nuestro blog. Generoso, Mariano Nava,  accedió y heme aquí en la tarea.

Francisco de Miranda es sin duda alguna  el más universal de los venezolanos de los tiempos de la independencia. Hay muchos otros con esta cualidad, pero él descolló.  Es un verdadero riesgo, luego de la producción de sus muchos biógrafos, hallar un aspecto novedoso sobre la vida del Generalísimo. Pero, Mariano Nava lo encontró y no hay duda que lo supo desarrollar.

Viajero impenitente, Francisco de Miranda, tuvo la particularidad de ser el primer americano,  y por supuesto el primer venezolano, que llegó hasta Atenas:  fue la “tarde del 17 de junio de 1786, hace ya 230 años”, nos dice Nava al inicio del discurso.  Y, allí mismo coloca la originalidad de su esfuerzo académico: “Llama la atención el poco cuidado que muchos de sus más importantes biógrafos y estudiosos han prestado al viaje que hizo Miranda por tierras griegas”. Algunos de ellos sencillamente lo ignoran  y otros lo han despachado en pocas páginas. 

Fueron nueve intensísimos días  en Atenas y tres meses por tierras helénicas, las dedicadas por Miranda en su viaje a esta parte del mundo. Nosotros adicionaremos que parece que ha sido mucho más llamativo  su periplo por Rusia y su muy comentada relación con la emperatriz Catalina de Rusia. Y es que Miranda fue un personaje muy especial. Pero, no nos desviemos.

Afortunadamente, el archivo de Miranda, con sus escritos y buena parte de la inmensa biblioteca que atesoró han llegado hasta nuestros días.  En su Diario de Viajes se recogen los nueve días de la visita en Atenas. Pero, Nava Contreras no se dedica a transcribir lo expresado por Miranda. Explora y relaciona su visita con lo escrito en las muchas notas que dejó el Generalísimo,  de su puño y letra, en sus libros de los clásicos griegos. Y es que Miranda tenía la extravagancia, dirán algunos, de escribir notas  en los textos y subrayar términos de su interés, independientemente de la condición  y el valor bibliográfico de sus libros. Por cierto, ahora sabemos que somos muchos los que padecemos de éste mismo mal. O quizás sea la única forma de evidenciar que los libros nos interesan y nos sirven  para  entender a los autores y a nosotros mismos.

¿Dónde pernoctó? ¿Qué vicisitudes sufrió? ¿A quienes visitó? ¿Qué bellezas del sexo femenino llamaron su atención? ¿Qué lugares visitó y cuáles le impactaron de sobremanera? ¿Qué recordaba de sus muchas lecturas de los clásicos que logró identificar en las maltrechas zonas de Atenas? En fin, ¿qué opinión tuvo de la Atenas que conoció? Todo ello y mucho más lo presenta Nava Contreras sobre los nueve días del periplo de Francisco de Miranda  en Atenas. Pero además, lo hace de forma agradable y profusamente fundamentado.

Sólo dos cosas más deseo destacar del discurso de Mariano Nava. La primera, la identificación con Miranda que he sentido, a partir del texto en que el Generalísimo da cuenta del ingreso al puerto de Pireo  o Puerto León en donde reconoce las bases de lo que fueron dos leones, obra de Temístocles,  que cerraban la ensenada.  Obras que Miranda encuentra “en contraste, por cierto, de la que hacen a la puerta del Arsenal de Venecia, plantados allí sin ton ni son”. Una expresión que siguen usando, 230 años después,  los venezolanos…  sin ton ni son. 

Miranda compró la casa en donde pernoctó la mayor parte del tiempo en Atenas.  Al marcharse se la regaló a quien lo atendió allí y fue su traductor.  Ello habla muy bien no sólo de su generosidad sino de las muy buenas posibilidades económicas que tenía  el Generalísimo.   

Hay que estar pendiente cuando Mariano Nava publique el texto definitivo de, Miranda el ateniense,  pues no tiene desperdicio. Da, ciertamente, una visión de Francisco de Miranda que no conociamos y lo hace de forma interesante,  no sólo para los entendidos en el tema sino para nosotros los legos.


Nota: 

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(*) Esta vista debió tenerla Miranda en su visita a Atenas, sólo que en su época no estaban los toldos para que los turistas vieran el resto de los edificios y tampoco estaban recuperados como los vimos en agosto de 2011 cuando tomé la foto (HRC).