jueves, 29 de junio de 2017

Trancón con insulina y otras desgracias

Flor de Cariaquito Morao
Un porcentaje muy alto de los venezolanos  estamos exigiendo cambiar el gobierno de NM  y el régimen político en Venezuela. Es decir, no creemos en el mal llamado “Socialismo del Siglo XXI”. 

Estamos seguros  que es necesaria la salida del Presidente, para comenzar a resolver los principales problemas que confrontamos: desabastecimiento de alimentos y medicinas; inflación exorbitante de los productos de todo tipo; e inseguridad, para resumir la situación.

Cerrada la oportunidad del revocatorio y demostrado el carácter ilegítimo de las acciones de casi todos los poderes públicos para mantener al Presidente y al régimen, sólo parece que la protesta pacífica es la alternativa  que  el gobierno y el mundo entienden como la forma de expresarse un pueblo que se le está negando a votar su decisión de cambiar al gobierno.

Una de las últimas estrategias han sido los llamados trancones de las vías públicas. El pasado miércoles 28 de junio ocurrió el más ampliamente asumido por una parte importante de la población venezolana, aunque ya se han producido  otros muchos, en el tiempo de esta larga protesta  que ya llega a los 90 días… y con muchos muertos.  No quiero hablar de la violencia ejercida por la GNB, la PN y los llamados colectivos que apoyan al gobierno. Creo que es ocioso. Hay violencia y las armas están de un lado, la del gobierno.

Pues bueno, el miércoles 28 de junio, estaba esperando tres recipientes de insulina  para un amigo, que una familiar me había enviado desde los EEUU hasta Mérida. La historia de esta situación, no puedo dejar de escribirla. Muestra fehacientemente una de las razones por la que más del 90% de los venezolanos queremos salir del Presidente y del régimen político. Y evidencia que el canal humanitario que se está pidiendo no es por gusto y sería un alivio para muchos venezolanos.

La insulina es un producto que requieren quienes no pueden producirla naturalmente en su organismo para metabolizar la glicemia (azucares) y proveer de energía al organismo. Hay quienes tienen que inyectársela cada día. No pueden dejar de hacerlo o enferman y mueren. No es gracia esto, cuando se llega a un cierto nivel de la enfermedad. Además, el producto tiene que mantenerse frío y por ello cuando se traslada siempre se coloca  en recipientes con hielo seco.  

Bueno, para hacer el cuento corto. Luego de una larga gestión, unos familiares  compraron la glicemia en los EEUU, la enviaron hasta Bogotá  por una empresa de transporte, de allí otros amigos la llevaron a Cúcuta. Otros la pasaron por la frontera y la llevaron hasta Colom en el Estado Táchira. El miércoles los amigos de esa población tachirense se la entregaron al chofer de un transporte público  y yo debía recogerla en el terminal de Mérida. Para poder estar al tanto de cualquier vicisitud y saber el momento de ir a buscarla al terminal de pasajeros terrestres de Mérida le dieron mi número del celular.

Toda la mañana estuve pendiente y monitoreando el trancón, previendo que se podría demorar más de la cuenta por la situación de protesta.

A las 2:15 pm suena el celular y escucho: “Sr. Humberto: en la alcabala de XXX revisaron la insulina  y, pese a mostrarle los papeles que me entregaron que incluía  el récipe y la factura de compra, el guardia nacional me pide un informe del médico que indique que ese paciente necesita la insulina.” El pobre chofer angustiado me pregunta qué decir y si yo quiero hablar con el guardia.  

Luego de varias semanas de estar detrás de éste trámite. De lograr que los familiares se pusieran de acuerdo para comprar la insulina. De enviarla desde EEUU por vía aérea y terrestre hasta  Bogotá y el Táchira, a mi lo único que me provocaba era “fusilar” al guardia nacional y con él al régimen venezolano.

Tomé aire y le dije enfáticamente al chofer: “Dígale a ese guardia nacional lo siguiente: el señor que aparece en el récipe  tiene treinta años poniéndose insulina. Que ese producto no se consigue en Venezuela, desde hace algún tiempo. Que si no se le administra la insulina a la persona se va a morir. Que si quiere cargar sobre sus espaldas con la muerte de un ser humano, que la decomise.” Además,  cerré mi conversación con el atribulado chofer, así: “No quiero hablar con ese sujeto”.  “Avíseme lo que termine de pasar”.

Un rato después, volví a recibir llamada del chofer que en su alegría no se explicaba bien.  En una muestra de magnificencia, le habían aceptado pasar la insulina y que “para la próxima  vez  se debe mostrar el informe médico”. Cuando logré entender lo que me decía, mi alegría me hizo desaparecer la molestia extrema que tenía con el guardia, pero no con el régimen. Igualmente, agradecer al dedicado servidor público, es decir al chofer, que había dado la cara por mi amigo quien es dependiente del uso externo de la insulina.

El trancón impidió que el transporte público en donde venía el paquete llegara a Mérida y todos los pasajeros debieron apearse en Ejido. Afortunadamente, la persona  para quien era la insulina vive en esa ciudad y pudo recibir en sus manos la necesitada medicina. Gracias a todos los que ayudaron a que llegara la insulina.

Millones de venezolanos vivimos con la angustia de no encontrar las medicinas que debemos usar para nuestras enfermedades crónicas, en especial los de la tercera edad. Otros que las encuentran no les alcanza lo que tienen para pagarlas.  Y a quienes se las tratan de mandar del exterior sus familiares, deben pasar por el víacrusis que he relatado.   

La otra desgracia, a la que nos referimos en el título,  es que el pasado miércoles (28.06.2017)  hubo cinco muertos en las protestas en Venezuela. Cinco jóvenes que luchan desarmados por hacerle entender a este régimen que debe irse y permitir paz y progreso para TODOS en Venezuela. ¡Qué momentos tan complicados estamos viviendo!