lunes, 10 de julio de 2017

Los que se van

                   
A Juancho, Juan Diego, Santiago y Alejandra.

Unos se fueron y otros se van.


La perspectiva académica está ausente en este escrito. Son líneas que nos salen del corazón, pero que hay que dejar que se concreten para aliviar nuestra mente.

La emigración nos comenzó a tocar y fuertemente. Ya no como receptores, que lo fuimos desde la mitad del siglo XX hasta finales de la década de los 70. Ahora somos expulsores de nuestra gente, en particular de los más jóvenes. Es otro logro del “Socialismo del Siglo XXI".

En nuestro caso familiar, ya son dos las generaciones que se marchan. 


La primera, la de los hijos y sobrinos,  salieron para estudiar y se terminaron quedando o salieron ya como profesionales a buscar nuevos horizontes laborales  y están instalados, mas o menos bien. Al menos  con seguridad y metas que hoy son imposibles proponérselas en el país: vida laboral estable y medianamente remunerada; posibilidad de tener carro, casa propios y familia.  La otra generación que está comenzando a salir es la de los nietos.

En cada familia el drama de los que se quieren ir está presente. Ya no solo toca a unos. Nos afecta a todos, especialmente a quienes están formados o lo están intentando.  ¿Qué será del país si esto continúa?. ¿Quedaremos los viejos en una sociedad que ha sido muy joven, hasta ahora?.

Hace días pasé frente a uno de los registros públicos de Mérida y vi casi una manifestación de jóvenes haciendo fila. Qué pasa aquí, pregunté: “Apostillando, papeles”, me contestó uno de ellos. Eran no menos de trescientos muchachos y muchachas. Estoicamente hacían su cola para que los atendieran. Eran ya cerca del medio día.  ¡Que pena!

Si como sociedad no somos capaces de darles seguridad ciudadana, estudio, trabajo y brindarles la posibilidad de metas para sus vidas: emigran.  Esa es la realidad lamentable  y cierta que viven nuestros jóvenes que acaban de salir de bachillerato. Lo otro es protestar, protestar y protestar y en ello dejar hasta la vida, como lo están haciendo tantos.

¿Cuál es la estadística de los emigrados? No lo se exactamente. Quienes estudian el tema dicen que ya cerca de dos millones de venezolano, no solo de los mas jóvenes, se han marchado.

A los que salen solo les podemos desear que tengan éxito.  Que luchen por construir una vida honesta, con mucho esfuerzo y que sus metas de vida profesional las alcancen.

Ojala y en estas semanas próximas podamos encontrar un camino distinto al transitado en los últimos años en Venezuela. Con ello recobrar y desarrollar nuestras capacidades como sociedad. Detener la emigración y ojala puedan volver, así sea una parte, los que ya se han ido.  

Sin duda alguna no serán los primeros que emigran ni tampoco los últimos. Hace unos años fui a conocer un pueblito, Hellín que perteneció al Reino de Murcia,  hoy en Albacete (España). En los Campos de Hellín nació y desde allí emigró el primero de nuestra familia que llegó hasta la ciudad de la Sierra Nevada de Mérida (Vzla).  Alonso, como se llamó, tenía tan solo diez y siete años cuando cruzó el Atlántico para llegar hasta Cartagena de Indias.  De eso hace ya algún tiempo, pues arribó a la costera ciudad de la hoy Colombia en 1585.  A Mérida llegó unos diez años después.

Esa historia también la pueden leer aquí:


Seguro estoy que el viaje de quienes hoy lo emprenden, no será tan complicado  como el que hizo Alonso. Piensen en ese ancestro que fue tan valiente y logró establecer toda una familia que solo varios siglos después tiene que retomar su vida andariega.   Ahora, luego de hablar con algunas personas del texto, quiero concluir: la parte positiva es la experiencia que van a lograr y serán ciudadanos del mundo.