miércoles, 30 de agosto de 2017

Y ahora, incomunicados

En la década de los años 60 del siglo pasado Peter Drucker  y  posteriormente  Daniel Bell, Nico
Stehr y Manuel Castells  entre otros,  destacaron que nunca la sociedad humana había contado con tanta y tan variada información disponible para cada quien.

Paralelamente se  había elevado la cantidad de personas con educación superior y que cada vez eran menos importantes el número los operarios industriales. Expresaron, en consecuencia,  que se estaba en los umbrales de una sociedad diferente a la llamada sociedad industrial.

Poco después se comenzó a señalar que esa nueva realidad era la llamada, actualmente, con diversos términos como: Sociedad de la Información, Sociedad del Conocimiento y/o Sociedad Red.  
El conocimiento era en esa última parte del siglo XX, y lo sería en el futuro, la fuerza que haría cambiar a la sociedad global. Así,  la industria había sido superada por los servicios en su importancia en la economía y en el cambio social.  Poco después, es decir ya en la década de los 80 del siglo-  la capacidad de contar individualmente con procesadores  de información, que desde hacia varias décadas eran instrumentos de las grandes empresas e instituciones, se democratizó y cada quien pudo tener su computador personal. Mas tarde se estableció la WEB  y con ello la posibilidad de cada quien pudiera llegar a los mas recónditos archivos y fuentes de información, si podía conectarse a la red global. En consecuencia, se abría la posibilidad de estudiar  y formarse  sistemática o asistemáticamente toda la vida. Adicionalmente apareció el e-mail y muchos otros instrumentos de las llamadas redes sociales en el ciberespacio:  Paginas WEB,  Blogers, Facebook, YouTube, Twitter y un sin fin de otros instrumentos, largos de detallar.

Para acceder a todo lo anterior por medio ya no sólo de los computadores personales, sino también de las  tabletas o teléfonos inteligentes es necesario tener acceso a internet. Y con ello poder conectarse y hacer uso de la inconmensurable cantidad de información digitalmente  disponible. También al contrario, producir contenidos culturales para otros, gratuitamente o con algún costo razonable- disponible para cualquier persona en el planeta.

Por ello,  acceder a internet  marca la diferencia entre estar en el siglo actual –el XXI- o en épocas pretéritas.  Es decir, el acceso a internet es hoy tan importante como lo fue en el pasado la escritura, los periódicos y los libros, el ferrocarril, la luz eléctrica, el telégrafo, la radio, el teléfono y la televisión, para hacer una lista no exhaustiva de los medios para comunicarse y existir socialmente las personas. Internet no es un lujo, es actualmente una parte muy importante del derecho a la libre información, producida por cualquiera y por nosotros también. Un derecho tan importante como a la alimentación, a la salud, a elegir periódicamente a nuestros gobernantes o cambiarlo como establece nuestra constitución política.

En estas últimas semanas se ha agravado el acceso a internet de los venezolanos. Bueno, me cuentan  que a la de quienes estamos fuera de los círculos gubernamentales  de mayor jerarquía. Para el “común de los cristianos” no hay conexión. O es tan mala que no se puede buscar o enviar información con alguna eficiencia. Eso incluye las transacciones bancarias elementales como pagar un helado, comprar una arepa o una empanada o simplemente transferir un pago para algún gasto elemental. Es desesperante pagar el estacionamiento en algunos lugares pues el punto de venta es muy lento. Entonces, la cola de personas para pagar es inmensa. Por supuesto, los portales gubernamentales en internet  son imposibles de acceder y hay que buscar “palanca” para hacer los trámites. Y pagar la ayudita a precios insólitos.

Es posible que la situación tenga muchas explicaciones y entre las razones esgrimidas por especialistas en el tema es que: no se han realizado las inversiones para el mantenimiento del sistema y mucho menos las nuevas inversiones requeridas para estar a tono con los cambios de la red,  pues no hay dólares para ello; se están robando de forma sistemática los cables y los dispositivos de transmisión de la señal; los costos de los servicios no son suficientes para mantener la operatividad del servicio; CANTV -empresa gubernamental que es el monopolio para el uso de la señal de internet en Venezuela-  está quebrando a las operadoras privadas al impedir elevar las tarifas. En fin, mil explicaciones. Total, el servicio es pésimo, tanto como el peor de América Latina  y quien sabe  si de otras partes del planeta.

Desde septiembre de 2010 comencé ésta aventura digital que me ha dado incontables satisfacciones personales, a casi ningún costo, salvo el tiempo que como jubilado puedo dedicar a publicar Como en Botica de Humberto. Nuestros seguidores en Facebook, Twitter y Google habrán percibido que mis mensajes son cada vez menos frecuentes para invitar a leernos.  No es posible revisar la estadísticas con la frecuencia que lo hacía en el pasado para analizar qué textos “post”, se están leyendo más o menos y estimular a su vista y eventualmente su lectura y uno que otro comentario.  En algunas oportunidades he tenido que ir a publicar algunos textos del blog fuera de nuestra casa, a donde no tengo internet. En fin, cada vez estamos mas incomunicados. Pero, lamentablemente, no somos exclusivamente nosotros. Buena parte de los venezolanos sufren de la misma incomunicación. Es decir, que en pleno siglo XXI, estamos regresando a la primera mitad del XX y quizás hasta el XIX. Lo lamento por mi –que me siento muy bien en la sociedad de la red- y por nuestros innumerables lectores que nos visitan en tantas partes del mundo global de hoy. “A malaya quien pudiera… comunicarse con facilidad”.