lunes, 18 de noviembre de 2013

El Presidente, el Prestige y los niños con cáncer de Mérida

Foto:  Ricardo Gutiérrez (*)
Las redes sociales han estado candentes en estos últimos días.  Las noticias muestran circunstancias lamentables y también  procederes altruistas. Tres casos queremos comentar.

A partir del 9 de noviembre de 2013,  y mediante varias alocuciones  televisivas, el presidente venezolano instó a los ciudadanos de este país  a ponerle fin al proceso inflacionario  que se ha desatado en los últimos tiempos, mediante  una argucia infeliz:  los culpables de la inflación  son los comerciantes  y por ninguna razón el desastroso  modelo económico, que impulsa desde  1999 el gobierno chavista.  Modelo que  en síntesis, exacerba la demanda y restringe la oferta de bienes y servicios, mediante un perverso control y uso de las divisas, producto de la actividad petrolera pública.


De los compradores compulsivos solo deseo decir  que,  con la inspiración presidencial de  presionar  a los comerciantes  a bajar los precios,  desentendiéndose de la inflación, de los costos de reposición de las mercancías y de la más absoluta incertidumbre  por el futuro económico del país, tomaron la calle  y están convencidos de preservarse de la inflación, comprando  lo que supone –en buena lógica económica capitalista-: comprar barato, electrodomésticos y cualquier otro bien  valioso. Amanecerá y veremos.

Lo más lamentable fueron las colas,  el trajín de la autoridades  policiales y militares  para que el “saqueo” fuera con orden y beneficio para ellos mismos. Otro aspecto lamentable fue el “pajarobravismo” que inmediatamente  salió a relucir entre quienes aspiraban ansiosos  que se desbocaran las masas “revolucionarias” de “consumidores”.

Los comerciantes  como el resto de los mortales  no son artífices de la inflación, sino víctimas del modelo económico. Las responsabilidad de la inflación  es del gobierno  y el clientelismo electoral.  Pero, siempre es bueno buscar culpables  donde no los hay. Y este pueblo “vivo” parece ser incapaz de ver la complejidad y a la vez simpleza de lo sucedido.  Pretender que se puede detener la inflación mediante  una norma a la ganancia y la venta “justa”, no solo es trabajo imposible,  sino que nos hace  el hazmerreír internacional.

Esa misma semana, un juez español, dictaminó que sólo el capitán de El Prestige tuvo alguna responsabilidad por el más grave vertido de fuelóleo, frente a las costas del Cantábrico. El “accidente” de El Prestige, ocurrido el 13.11.2002, fue el resultado de un cúmulo de insensateces, de aspiraciones  al lucro fácil y de ligerezas de mucha gente. El capitán, que en cierto momento se le condecoró por su acción como Capitán del Año, luego del accidente, es sólo un chivo expiatorio de todos: propietarios, comerciantes de petróleo, autoridades marítimas y políticos de todos los niveles.  Pero, dentro de ese mundo de disparates y temeridades quiero resaltar dos aspectos positivos: la primera la presencia de miles de voluntarios  que se trasladaron hasta las costas gallegas  para limpiar el vertido de fuelóleo (convertido en chapapote) que parecía nunca  se iba  a detener  de verter al mar y de contaminar  la costa norte de Portugal, España y Francia. 

El 06 de diciembre de 2002 se  informaba,  en la prensa española, que entre 10 y 20 mil voluntarios estaban trabajando  en una labor de hormigas para limpiar las costas y eso es digno de resaltar. Miles de personas en trabajo voluntario mostraron una cara solidaria, comprometida  y cuerda  en medio de tanta insensatez. 

Lo otro que deseo destacar  es que  hundido El Prestige  se llevó en su entrañas toneladas de petróleo  que eran una amenaza tan grave como  el que ya se había vertido al mar y había llegado a las costas.  Una solución científica  y no política  ha estado poniendo remedio a ésta última parte de la tragedia.  Dos microbiólogos de la Universidad de Granada  junto con otros investigadores de la Universidad de Tejas A&M,  idearon el nutriente de nitrógeno, fósforo y hierro para que bacterias biodegraden lo que quedó en las entrañas del maltrecho barco. Todo el proceso culminará  en el 2020.  En fin, deseamos destacar que la solidaridad y el conocimiento son dos fuerzas determinantes  para palear  este desastre medioambiental desgraciado. Y en donde salió a relucir lo peor y lo mejor de una sociedad.
El tercer hecho que deseamos relatar para nuestros lectores, el pasado domingo, se realizó un almuerzo en un conocido restauran del centro de la ciudad de Mérida para degustar un menú peruano.  La finalidad, más allá de lo gastronómico, tuvo su origen en una invitación de la Fundación Alegría de Vivir, que tiene como slogan: para ganar mas vidas.
Institución sin fines de lucro que busca: “brindar apoyo prioritariamente a pacientes provenientes de familias vulnerables con bajos recursos económicos, que padecen enfermedades hemato-oncológicas del Estado Mérida”.  Ciento cincuenta personas se dieron cita  en el lugar para  degustar el menú -que estaba exquisito- y además, dejar constancia del compromiso solidario con aquellos que se ven afectados por la grave enfermedad, en especial los niños.
De todo hemos tenido en la semana pasada: desde dislates televisivos, arreglos judiciales sin justicia y expresiones de vocación solidaria con los niños enfermos de cáncer.  Quiera  el destino que se minimice  lo primero y se amplié  y desarrolle lo último.   
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