miércoles, 1 de abril de 2015

Aficionados a la Fiesta Brava en Mérida (*)

Ilustración (**)
José Manuel Quintero Strauss


La Comisión taurina merideña nos presenta un nuevo Manual a los Toros, cuya portada nos trae  la imagen de cinco grandes aficionados a la fiesta brava: Román Eduardo Sandia, Germán Briceño Ferrigni, Pedro Rincón Gutiérrez, Alfonso Ramírez Díaz y nuestro Arzobispo Baltazar Porras Cardozo.

La muy honorable Comisión Taurina Municipal me ha solicitado que haga referencia a ellos, en representación de decenas de miles de aficionados merideños y de otros lugares. Lo haré, pero no una biografía, me referiré muy brevemente a sus facetas como aficionados Taurinos. Tengo la certeza de que muchos de los aquí presentes los conocieron o los conocen más y mejor que yo. Por ello no me extenderé.


El pionero.

Su carismática estampa se hacia presente en la Monumental, en el ruedo, en las puertas, en los armazones, corrigiendo u ordenando detalles. Parecía que tenía el don de la ubicuidad, desdoblándose en cualquier sitio. Una orden que era acatada prontamente; una sonrisa fácil cuando la ocasión lo ameritaba, y ese garbo particular muy propio de su amistosa presencia, hacía que su figura fuese reconocida.  No es difícil comprender por qué, quien vivió los primeros años de su vida en un pueblo de productores agropecuarios como lo es Chiguará y en las fincas de sus abuelos, entre vacas, toros, caballos de paso y mulas finas, con el transcurrir del tiempo se convirtiera en un furibundo aficionado taurino. Su primera experiencia como espectador la tuvo aquí en Mérida, cuando su abuelo Hilarión lo llevó, con tíos, hermanos y primos, a presenciar una novillada en una improvisada placita de toros en el barrio Barinitas, en un sitio cercano al Parque Las Heroínas de hoy. Más tarde iba todos los años a las corridas que se organizaban en las ferias de los pueblos, entre ellas Tovar y Chiguará. En la Plaza de Toros de Ejido, propiedad de Don Augusto Rodríguez, vio los inicios de Curro y Rafael Girón y a Marcos Contreras, a Campitos y a Carlos Saldaña. Asiduo asistente a la Plaza de Toros de Belén, que regentaba Germán Corredor, allí se le veía disfrutando con su esposa Martha, familiares y amigos.

“Un hombre de claro talento. El ágil brillo de sus ojos curiosos. La amable cortesía de su trato. La caudalosa bondad de su corazón abierto, sin escondrijos ni pliegues. La manera solidaria de tratar al amigo; en fin, el abanico de virtudes que lo hacían atractivo, simpático, conciliador, dado a los demás con mano abierta, sin nada reticente que empañara su alegría desbordada, su exultante y contagioso optimismo”, nos recordaba el Dr. Briceño Ferrigni que afirmaba que al adquirir la boletería para ir a los toros por los años 90 “y ver la efigie de Román Eduardo Sandia, con su sonrisa confiada. Sonrisa soleada como estos días de febrero, alegre como el ritmo moruno de los pasodobles, rotunda como la azul diafanidad de nuestro cielo”

Era Román Eduardo Sandia, cultor de la fiesta popular, amigo de sus amigos, amabilidad a flor de piel, nervio y motor del engranaje que echaba a andar aquel evento esperado. El gran promotor y realizador de la Monumental Plaza que ahora lleva su nombre.

El Tribuno

A Germán Briceño Ferrigni, las corridas de toros le fascinaban hasta el punto de que allá en su residencia en Santa María, tenía un sitio acondicionado para armar tertulias de toros.
Su estampa regia, de traje de lino y corbata de estampas, con fino sombrero, era común en los tendidos de sombra, en el Nuevo Circo de Belén, en El Carmelo de Ejido, en la Maestranza de Maracay. Desde 1967 año que se inauguró nuestra Plaza Monumental no dejó de asistir a las corridas, hasta que nos dejó en 1999.

Germán Briceño Ferrigni “Merideño de pensamiento y gustos, conocía y sabía del arte de los toros, puesto que por ser Mérida una de las ciudades mas castizas de Venezuela el toreo es parte de su progenie y de herencia española. Un merideño raigal, de aquellos robles que se siembran en lo profundo de la patria chica, se vistió con sus luces literarias y como genial diestro de la escritura, parara, templara y mandara pases sueltos y deshilvanados en aquel discurso “Toreo de Salón” en la inauguración de la Capilla y del Patio de Cuadrillas de nuestra Plaza en marzo de 1992.

Su pluma taurina, de imanada lectura obligatoria, toca temas de filosóficos cánones taurinos, manejando con admiración tópicos poco usuales donde revive a Ortega y Gasst, Unamuno, Federico Garcia Lorca hasta llegar a un José María de Cossío; donde su personal opinión y manera de ver la fiesta brava protagonizó paginas enteras.
Con justa razón la Cátedra de tauromaquia en nuestra Facultad de Ciencias Jurídicas y   Políticas el CIEPROL llevan su nombre.
Germán Briceño, además de político exitoso, escritor y fogoso tribuno, fue circunstancialmente apoderado de un matador de toros. Sucede que en la Feria de Sevilla de 1986, don Germán pudo apreciar una magnífica tarde del diestro español Luis Reyna. Deslumbrante, única,  insuperable le dijo al entonces empresario de la Plaza de Mérida, don Fabio Grisolía, a quien convenció para que trajera al diestro de Badajoz, quien se presentó en Mérida el 2 de marzo de 1987 junto a Tomas Campusano y José Nelo “Morenito de Maracay”.
Gracias a aquel fortuito apoderado de postín,  el diestro Luis Reina nos visitó por aquella única ocasión.

El rector

El rector magnífico o rector de rectores, o simplemente Perucho, un universitario cabal y progresista con una visión extraordinaria, al que la Universidad debe mucho y que el aficionado taurino agradece y reconoce su esfuerzo para que hoy dispongamos de una hermosa plaza de toros. El acta constitutiva de la Junta Promotora de la Plaza Monumental de Mérida data del 14 de febrero de 1966  reunidos en la Oficina del rectorado de la Universidad, bajo la abrigo de Pedro Rincón Gutiérrez. Fueron sus firmantes y así consta en aquella Acta Nº 1: Edilberto Moreno Peña, Germán Briceño Ferrigni, José Vicente Contreras Pernía, Ciro Febres Cordero, Alfonso Dávila Matute, Luis Ramírez, Luis Alipio Burguera, Fortunato Adrián, Marciano Uzcátegui Urdaneta y por supuesto, Pedro Rincón Gutiérrez. Cierto es que después se agregarían muchos más merideños, pero ellos fueron los iniciadores. Sin la participación efectiva y entusiasta de Perucho no se hubiera podido alcanzar el sueño de muchos, de tener nuestra propia Plaza de toros.
 Los terrenos de la hacienda La Liria –propiedad de la Universidad adquirida bajo el rectorado de Perucho- fueron cedidos a cambio de una importante participación accionaria Es esta una significativa faceta de este hombre generoso, que siempre estuvo pendiente de la ciudad que lo hizo su hijo adoptivo y por la que luchó con denuedo y  corazón.
 Fue un caballero con arraigo popular.

Alguien tan cercano al Rector Rincón Gutiérrez, como López Añez, escribió en el Manual Nº 24 una remembranza que tituló Perucho taurino. Con tu anuencia, mi estimado profesor, te pediré prestado un párrafo que describe al ser humano en su auténtica dimensión. “Sin lugar a dudas Perucho fue taurino, un taurino de solera de abolengo, de arraigo, de categoría. Además, en sus alforjas de aficionado cargaba algo que pocos taurinos pueden exhibir: al ser actor fundamental del albero merideño, fomentó con cariño la fiesta de toros. Además lo vimos en muchas plazas, en barrera, particularmente en su plaza de toros, la Monumental Román Eduardo Sandia, en cuya paternidad plural participó con entusiasmo y con decisión contagiantes y como en todas las actividades que desarrolló, lo hizo sin ningún tipo de interés personal. Su interés fueron Mérida, su universidad y sus gentes…y agregaba Hernán “ …con la humildad que lo caracterizaba se rodeaba de aficionados sin distinguir ninguna condición. Al terminar una corrida, también se contagiaba de la bohemia taurina al rociar con buen vino su espíritu alegre que purificaba cualquier pecadillo y borraba la mansedumbre de la res y la estocada sin efecto”
Que Dios guarde al Perucho Taurino.
   
El cronista

El Dr Alfonso Ramírez es un señor torero aunque no haya descendido a las arenas de la plaza. Un torero de las letras y la poesía. Un caballero tovareño en la calle y en la plaza.

Un gran defensor de los derechos del aficionado. Un audaz observador de la fiesta brava. Recuerdo que en mayo de 1998 fue el autor de la Ponencia presentada ante el otrora Congreso de la República solicitando que un proyecto de Ley de Protección de Animales fuese desechado, pues atentaba contra nuestra ancestral cultura taurina.

¿Porqué en las enciclopedias y los diccionarios se mencionan, entre las figuras destacadas de la ciencia, el arte y la política, los nombres de Pepe Hillo, Pedro Romero, Costillares, Paquiro, Joselito, El Gallo, Belmonte, Manolete, César Girón? Se preguntaba el cronista tovareño.
¿Y van a privarnos del maravilloso espectáculo que hace hervir la sangre española que corre por venas americanas? Los tovareños, por ejemplo, -agrega- son personas que llevan la vida con despreocupación; pero sienten un fervor casi religioso cuando ven que unos cuernos feroces embisten con furia a una capa que suavemente los deja pasar; cuando miran un par de banderillas que coronan lo mas alto, como si fueran las dos torres de su iglesia, cuando una certera estocada corta la vida del toro y corta el aire frío que baja de los páramos.

Federico García Lorca, el gran poeta del siglo XX,   escribió por el torero muerto una de las más altas elegías de la lengua española. Este mismo poeta, interprete de nuestra raza, concentró en pocas palabras la importancia que tienen las corridas para la cultura de todos los tiempos: “El toreo es probablemente la riqueza poética y vital mayor de España…Creo que los toros es la fiesta mas culta que hay hoy en el mundo. El único sitio adonde se va con la seguridad de ver la muerte rodeada de la más deslumbrante belleza”

Y como esta noche vamos a escuchar magníficos pasodobles,  permítaseme recordar una frase de Alfonso Ramírez sobre la Música en los Toros “Es inconcebible que el espectáculo que se desarrolla en la plaza pueda prescindir del pasodoble, porque el que va  a los toros sabe que complacer el sentido de la vista es insuficiente; el oído tiene que darle realización plena  a la obra artística del torero”

Fue don Alfonso un tovareño estudioso, abierto y preocupado, quien usó la pluma para –con fina prosa- difundir ideas y exponer opiniones siempre en defensa de la fiesta brava. Nunca hizo alarde de su talento. “fue humilde…brindó con los amigos…y declinó honores” nos recordaba su paisano Jesús Rondón Nucete el día de sus exequias el pasado 30 de junio.

El clérigo que quiso ser torero

A todo el que es amante de la fiesta brava – y monseñor Porras lo es- ansía poder conocer alguna vez de cerca y en su ambiente natural, la vida del toro de lidia. En España hay tres regiones características en la cría de toros bravos. Andalucía, de donde son los famosos Miuras , la región de Madrid y la de salmantina de donde es el torero El Viti y donde hay numerosas ganaderías famosas como la de los Pérez Tabernero, los Galache y la de don Dionisio Rodríguez García cuya finca, nuestro Arzobispo, la visitó hace unos 40 años.
Sintió la curiosidad de observar de cerca una manada que ya estaba reservada para ser lidiada en la temporada española en plazas de renombre como Madrid, Sevilla o Salamanca. “Nos acercábamos a pié – escribe el obispo- atravesando numerosos prados o potreros, cuando nos percatamos de que en el potrero contiguo había toros de lidia. Comentábamos lo bravo de las reses porque los oíamos bramar a causa de las luchas que varios de ellos sostenían entre si en esos momentos.

Es todo un espectáculo ver aquellos enormes morlacos agarrarse de los cuernos y hacer gala de de fuerza. Las restantes bestias formaban una especie de círculo alrededor y con su actitud parecían listos a participar en la lucha. En eso, uno de los animales fue atacado por varios de sus compañeros, y, en medio del forcejeo y de la rabia, optó por huir y saltó la pared de piedra del corral con una asombrosa facilidad. Cuando el animal nos divisó a lo lejos -nos dice Monseñor- aceleró su carrera hacia nosotros con la cara en alto. Uno del grupo conocedor de estos menesteres nos gritó “Corramos y saltemos esta cerca porque si nos agarra nos destroza”. Por suerte estábamos a escasos metros de una fuerte alambrada de unos dos metros de alto, rematada por varias hileras de alambre de púas.
Todos saltamos con esa agilidad y presteza que proporciona el miedo y el peligro, y nos agachamos permaneciendo inmóviles. Yo tuve –continuó relatando el Arzobispo-, la mala suerte de quedar enganchado hacia la parte de adentro, gracias  a Dios, por la chaqueta que llevaba puesta, cuando el enorme toro comenzó a cornear –tirar derroteros dicen los entendidos- contra  la cerca. Mientras nuestro clérigo se desenredaba veía con verdadero pánico y a menos de dos metros la fiereza y la imponencia del enorme animal. Una vez pudo zafarse y quedarse quieto contra el suelo, la bestia dejó de embestir y continúo su marcha y arremetió una carreta tirada por dos mulas a las cuales mató.
Una experiencia inolvidable, que solo dejó en la  piel del obispo los rasguños de los alambres y la constatación de lo que son los animales de casta. Nuestro Arzobispo –desde aquella tarde- valora más lo que significa un torero pararse delante de una auténtica fiera a demostrar lo que puede la inteligencia y el arte sobre la fuerza bruta.

 Al concluir el relato acotó “cuando yo era niño y asistía a las corridas de las ferias de Táriba regresaba a la casa soñando con ser algún día torero. Después de esa tragicómica experiencia prefiero decir como la canción “Yo quise ser torero, torero quise ser”.
Lo que no sabe el sacerdote es que, muy probablemente aquel toro de don Dionisio Rodríguez fuera “Civilero” que con más de 500 kilos fuera el Toro de Oro en la Feria de Salamanca en 1973.
Varias capeas ha realizado en la finca de los Hnos. Rodríguez Jáuregui, y siempre es grato verlo en la Barrera de sombra la Nº 80 donde más de un torero le ha dedicado la faena y desde donde ha bendecido la multitud presente en la plaza.


Notas
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(*) Explicación: El pasado 10 de febrero de 2015, con motivo de la presentación del libro manual, editado por la Comisión Taurina Municipal de la Plaza de Toros "Román Eduardo Sándia" de Mérida: A los toros, Núm. 33,  se le encomendó a José Manuel Quintero Strauss las palabras en el acto. Esta es la segunda parte de la intervención que hemos titulado Aficionados  a la Fiesta Brava  en Mérida. Debemos agradecer su gentileza de permitirnos publicar las partes mas interesantes de sus palabras (HRC).

(**) Debo expresar a los amigos lectores  que sigo sin encontrar una ilustración de mi autoría para el tema de los toros. De tal forma  que, hemos utilizado  la que Uds. observan y que encontramos  en la WEB. Ver en el link: http://www.google.co.ve/url?sa=i&rct=j&q=&esrc=s&source=images&cd=&cad=rja&uact=8&ved=0CAcQjRw&url=http%3A%2F%2Fwww.mundotoro.com%2Fnoticia%2Fricardo-ramirez-merida-es-la-mejor-feria-de-venezuela%2F113438&ei=n4UcVaGmBsHDggTm3ICoDw&bvm=bv.89744112,d.eXY&psig=AFQjCNHeOK-8BNA5Xy-SiHN8CiboyOAD7Q&ust=1428018868827266




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