lunes, 8 de agosto de 2016

El “Brexit” y sus repercusiones

Por Rubén Orlando Noguera (*)
Foto: HRC.
 
Después de 4 décadas de formar parte del bloque comunitario europeo, el Reino Unido, eligió el pasado 23 de Junio, en un proceso polémico que se conoce como Brexit  (acrónimo de Britain y exit ), dejar de formar parte de la Unión Europea  Después de poco más de un mes de celebrada dicha consulta, diferentes estudios realizados por organizaciones como la OCDE, el London School of Economics, el FMI, y analistas de la prensa especializada, apuntan fundamentalmente, hacia las consecuencias económicas-financieras y políticas globales que comenzaron a manifestarse inmediatamente. Sin embargo, las repercusiones más resaltantes, se producen dentro del ámbito europeo.


1    Reino Unido, 43 años como socio del bloque,

Al revisar la composición del voto a favor del Brexit, se constata que el mismo está formado por  la población de más edad, los que añoran la Inglaterra imperial, las comunidades rurales, los desempleados y trabajadores de bajos salarios,  susceptibles  de ser manipulados por un discurso demagógico y populista, preñado de inconsistencias teóricas e ideológicas, que responsabilizan a la Globalización, a Europa y a la población  inmigrante de sus carencias y frustraciones. Aunque en Irlanda del Norte y Escocia han votado mayoritariamente para mantenerse en la UE, no es exagerado pensar que el resultado del  referéndum pueda replantear el debate sobre su permanencia en el Reino Unido. Casi todos los analistas internacionales concluyen que el primer afectado por el Brexit será precisamente, el Reino Unido. Particularmente, se ha señalado el reto que significará para Londres mantener la supremacía como primera plaza financiera global. La OCDE planteaba que el Brexit representará para el PIB británico una caída del 3% para el 2020, y una posible contracción económica de un 5% para 2030.

2    La Unión Europea
Terminada la segunda guerra mundial, la dirigencia europea, se planteó la necesidad de contar con un proyecto que permitiera la edificación de una Europa  integrada y estable. Inspirada por las tesis de Jean Monnet y posteriormente de Robert Schuman, esta noción europeísta comenzó a materializarse a partir del Tratado de Roma de 1957. Se inició un proceso de integración económica, que progresivamente fue creando instituciones supranacionales, dónde los estados cedieron competencias en favor de un diseño común. A pesar de la importancia del mismo, la Gran Bretaña no logra su incorporación sino hasta 1973, entre otras razones, por la particular negativa de los británicos de  adherir a un esquema  que planteaba la cesión de soberanía. Por ello, entre otras razones, dijeron no a  la Unión monetaria.

Lo que comenzó como una crisis financiera en EEUU en 2007, se trasladó en forma de crisis de deuda y de depresión a Europa, afectando en mayor proporción a  los países periféricos europeos, situación que alcanzó su clímax durante la crisis griega. La retórica de la dirigencia europea no ha solventado los problemas, particularmente los relativos a la recesión económica y a las altas tasas de desempleo, que en promedio están por encima del 10%, y que en algunos países como España y Grecia han superado el 20%. Esta crisis, se ha manifestado en un contexto de inconsistencia gerencial y política, que ha propiciado el crecimiento de movimientos ultranacionalistas, contrarios a la vigencia del proyecto europeo. La crisis se agudizó con el boom migratorio.

Después de 60 años  el proyecto de integración, muestra múltiples debilidades. Cohn Bendit eurodiputado francés opina que estos grupos extremistas, exaltan los nacionalismos en contra  de la construcción Europea, olvidando los logros y realizaciones del proceso integrador, particularmente en favor de la paz y en contra de los totalitarismos  (Le Monde 30 Junio 2016)

El resultado del Brexit, alentará  a los movimientos eurófobos y ultranacionalistas en países como Francia, Holanda, Polonia, Austria, Finlandia, Dinamarca y Alemania, lo que podría producir un efecto dominó de consecuencias impredecibles para el proyecto europeo. La historiadora Bárbara Tuchman, sostenía en su libro “La marcha de la locura” publicado en 1985, que la leyenda griega del caballo de Troya, nos muestra “hasta dónde, la humanidad es adicta a seguir políticas contrarias a sus propios intereses”. El caso europeo, parece corroborar su posición.

Es posible que, a final de cuentas, el costo político supere con creces, las repercusiones en el ámbito económico. La pregunta es si la noción de Europa Unida está tocando  a su fin, si las grietas que se observan en su estructura avizoran un derrumbe irremediable. Los riesgos potenciales son numerosos. En turno está Italia, con gravísimos problemas en su sistema bancario y financiero.

Economía Global
En los próximos meses, El Reino Unido comenzará sus negociaciones con el resto de Europa, para definir su nuevo status comercial y político. Seguramente, los primeros efectos se concretarán en ajustes arancelarios. Es factible un incremento de las barreras al comercio, lo que obligará a negociar acuerdos de libre comercio entre las partes. Ello repercutirá en el resto de la Economía global en un clima de volatilidad, incertidumbre y bajo crecimiento.

El FMI, en información del pasado 19 de Julio, estimó que las economías del Reino Unido y Europa serán las más afectadas. Se estima un crecimiento de la economía mundial del 3,1% en 2016 y 3,4% en 2017.


Para los países productores y exportadores de materias primas, el impacto se medirá en función de la cuantía en que el Brexit afecte la economía mundial y la demanda de commodities.


Nota
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(*) El autor es economista y profesor universitario en la UCLA. Publicado previamente en El Impulso, Barquisimeto (Venezuela), 08 Agosto 2016.