lunes, 24 de octubre de 2016

Venezuela: Simulacro y estupor

Vista del asalto a la Asamblea Nacional  (23.10.2016)
Todo el siglo XX venezolano fue un camino dificultoso y persistente contra la violencia política y por la democracia. 

A partir de la batalla de Ciudad Bolívar de 1903 que ganó el hegemón Juan Vicente Gómez se logró lo primero, es decir, desterrar  -parcialmente- la violencia política y se instauró  la paz.  

Muchos dicen que fue la paz de los sepulcros,  de los presos y de los exiliados. Pero, al fin la paz.  La democracia tuvo un primer momento efímero en el llamado trienio adeco (1945-1948), nació lamentablemente herida de muerte pues se produjo contra el gobierno, del  más demócrata de los militares: Isaías Medina Angarita.

La democracia se logró establecer en 1958 a la caída del militar golpista, pero constructor: Marcos Pérez Jiménez. Fueron años en donde las montoneras y las luchas cuartelarias se minimizaron  hasta casi hacerlas desaparecer de la memoria de los venezolanos.  No todo fue color de rosa. La revolución cubana obnubiló a una parte importante de los más jóvenes y la guerrilla fue su decisión.  Afortunadamente  volvió la paz con Rafael Caldera  y la aceptación de quienes entendieron que la democracia, aun con sus imperfecciones era mejor.

El clientelismo, la corrupción  y creer que quien tuviera nexos con el aparato del Estado estaba investido de prebendas políticas y económicas, al abrigo de la renta petrolera del Estado, fueron maleando la democracia. Y entonces llegó Chávez con su “por ahora” y luego ganó limpia y abrumadoramente la presidencia.  Encantador de serpientes,  venezolano llano, estableció una especie de hiperdemocracia, ganando todas las elecciones o casi todas. Perdió cuando creyó que podía instaurar el “socialismo a la cubana” en la Constitución. Y no pudo. Pero tozudo como era, lo hizo a punta de leyes, decretos y tradición verbal. . Pero también controlando todos los poderes públicos.

Al momento de su prematura desaparición del mundo de los vivos, creyó que podía dejar el sucesor,  escogido por él y quizás por otros como en una clásica salida monárquica.  Todo marchó bien para el sucesor y su gente hasta que se acabó la renta. Por desorden, por baja del precio del petróleo y por la más feroz corrupción. 

¿Tenemos una democracia? No. ¿Qué es lo que tenemos como sistema político? Tenemos un simulacro de democracia.  Y es posible que nos hubiéramos acostumbrado. Pero,  la destrucción del aparato productivo, la más feroz ineficiencia acompañada por la corrupción  y la disminución de la renta puso las cosas en su lugar.  Nos creímos que en la democracia de simulacro se estableció el referéndum revocatorio para los funcionarios públicos, pero el simulacro no daba para tanto. Ahora estamos ante el estupor de vivir no una democracia, sino una dictadura, que permite las elecciones mientras las gane o pueda hacer aparecer que las gana.  Estupor  por que cinco tribunales penales estadales deciden suspender el derecho electoral de los venezolanos al Referéndum Revocatorio y el CNE acoge y hace suya tanta barbarie leguleya.  Estupor ante el asalto a la Asamblea Nacional como expresión del más claro terrorismo de Estado.   

Pero la tradición democrática de los venezolanos no viene de ayer. Viene de hace muchos, muchísimos años. Ojala  el destino nos permita reconquistar una verdadera democracia: con equilibrio de poderes, sin corrupción y con castigo ejemplar contra los delincuentes de todo tipo y calaña.  No podemos ni debemos  regresar a la violencia montonera y cuartelaría y desterrar a la democracia –a una verdadera y no a ésta de simulacro-. Esta semana será crucial: la del 24 al 30 de octubre de 2016.