jueves, 7 de octubre de 2010

La Sagrada Familia

Templo de la Sagrada Familia Foto H. Ruiz

Humberto Ruiz 


Barcelona tiene fama de ser la más europea de todas las ciudades españolas. Muchos son los encantos de la capital catalana: las Ramblas, el barrio judío, el parque de Montjui, los museos de Picasso y Miró y la Sagrada Familia, para sólo indicar algunos atractivos turísticos.

En el último caso, el templo Expiatorio de la Sagrada Familia, como es su nombre, son muchas las cosas que se pueden decir. Quiero sólo narrar a Uds. algunas de las que más impresionan de ésta monumental obra.

El arquitecto, Antoni Gaudi (1852-1926) pasó cuarenta y tres años de su vida dirigiendo la construcción y sólo vio una de las tres fachadas concluida.  Recibió el encargo en 1883, habiéndose  iniciado las obras un año antes.  Le puso su impronta y de un templo neogótico lo convirtió en otro de carácter naturalista.   Lo primero que llama la atención es la profusión de imágenes de personas, animales y objetos que adornan cada espacio de sus fachadas y columnas.  Es una explosión inmensa de imaginación y detalles que no parece detenerse.  Puede uno pasar no sólo días, sino semanas, meses y años recorriendo cada lugar de la obra y no se dejarían de encontrar nuevos detalles.


Gaudi esperaba que la iglesia semejara la campiña catalana, por ello dedicó tiempo a diseñar las columnas que, de forma muy estilizada, semejan árboles del bosque de Monserrat. Pero además, muchos animales están presentes, resaltando las dos tortugas, una de mar y otra de tierra, que cierran la base de dos columnas de la fachada del Nacimiento.
 
La facha de la Pasión, que se inició en 1954, tiene un estilo más contemporáneo, y su decoración escultórica se comenzó en 1976, y ofrece una perspectiva  minimalista.  Los rasgos simples y rectos de las imágenes y esculturas le dan gran dramatismo, como la columna de la flagelación que muestra a Cristo al recibir los rigores del castigo antes de llevarlo a la cruz.

Aún estando en construcción y faltando mucho para concluirla, la luminosidad del interior de la iglesia es sobrecogedora. Observar los rayos de sol entrar por sus ventanales da ciertamente la impresión de estar en un bosque. Mirar hacia el techo y ver el entramado como concluyen las columnas nos sirve para admirar el genio humano.  

La iglesia tendrá diez y ocho torres. Sólo una fue concluida en vida de Gaudi. Ahora tiene cuatro. En algunas  de ellas es posible subir hasta el tope en un ascensor y bajar por las escaleras, no recomendable para quienes sufren de claustrofobia. Esta parte del recorrido le permite al visitante tener una visión no solo de las obras sino de los alrededores y de la propia ciudad.
 
Estar en una iglesia que tiene 128 año en construcción, y que faltarán décadas para concluirla, da una sensación de vivir en el medioevo, cuando la construcción de las grandes catedrales europeas llevó siglos. Con una gran diferencia: en la Sagrada Familia dejan tomar fotografías, ¡que sabroso!

Publicado anteriormente en: El Diario de los Andes, 8 de julio de 2010, p. 5