lunes, 13 de febrero de 2012

Elecciones primarias

Humberto Ruiz

Tsunami, avalancha, revolución electoral. Lo anterior son algunos de los términos utilizados por los analistas para señalar lo que pasó ayer, 12 de febrero de 2012, con las elecciones primarias de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) en Venezuela.  María Sol Pérez Schael, en una interesantísima entrevista  que le hizo Roberto Guisti,  publicada  también el pasado domingo en El Universal, expresó: “Con la MUD y las primarias la oposición está convenciendo y apelando a la gente”.  Y es que apenas se está comenzando a transitar el camino que se ha venido construyendo a partir de 2002, cuando surgió, a propósito del documento “Bases para un Acuerdo de Reconstrucción Nacional” el esfuerzo de la Mesa Democrática de Partidos y la Sociedad Civil, en la cual participó Pérez Schael. 


Conociendo tan profundamente esta experiencia, Pérez Schael ha indicado que “la MUD será cada vez más importante en los días por venir.”  Y allí hay una figura que decidió no aspirar a ser presidente de este país, no obstante su experiencia política, formación académica y producción intelectual. Ha de reconocerse el trabajo de filigrana y la perseverancia de  Ramón Guillermo Aveledo en los éxitos de la MUD: acuerdos, lineamientos programáticos y elecciones primarias. Ahora hay candidato presidencial y también a 17 gobernaciones y más de 200 alcaldías. Se dice fácil.

El discurso de Henrique Capriles Radonski la noche del domingo, así como la presencia del resto de los  contendores en la primarias y sus palabras de aceptación de los resultados  son ejemplares. Nunca fue tan verdadero aquello que se puede decir mucho en poco tiempo. Bastaron cerca de treinta minutos, para evidenciar la solidez de la unidad. Todas las voces de desconfianza en la MUD se vinieron abajo con el término de Pablo Pérez al decir que Henrique es “su alto pana”, reconociendo su triunfo con hidalguía y comprometiéndose para ayudar a llevarlo a Miraflores.  Así como lo expresado por el resto de los competidores.

Orlando Albornoz nos recordó que  los ciclos político son implacables y con las primarias se cerró uno y se  abrió otro. “Ganó la democracia, la diversidad política y la juventud ilustrada. De una semana a otra cambió el discursos de la sociedad.”  Por supuesto,  no va a hacer fácil el nuevo ciclo político. Comparto con Albornoz  que aún es factible que Chávez gane las elecciones del 7 de octubre. De hecho el miedo  sigue estando presente en amplios sectores sociales. 

Como un ejemplo de los temores existentes, puedo referir lo que hablé con tres personas, pertenecientes a distintos niveles socioeconómicos. Todos manifestaron no haber ido a votar.  Un comerciante a quien se le aprobó un crédito por la Gran Misión Vivienda para construir su casa. Un joven profesor que tiene 30 horas de trabajo en un liceo público. Y, finalmente , un joven cuya actividad económica se reduce a lo que le genera un estacionamiento de escasos quince puestos y a quien también está por salirle un préstamo público para  arreglar su vivienda. ¿Cómo hacer para que esta gente vaya a votar en octubre y lo haga contra quien le infunde sus temores? Esa es una labor no sólo de Capriles Radonski y de los partidos políticos que lo apoyan. Esa labor de convencimiento es lenta y la debe hacer también cada quien, cada día, hasta salir democráticamente de esta pesadilla. No podemos acostumbrarnos a vivir con el miedo y la mentira por nuestras creencias y opiniones.

Los éxitos logrados hasta ahora no deben asumirse como que la tarea está concluida. Hay necesidad de mirar la letra chiquita  de los resultados de las primarias y encontrar qué dice. Seguir buscando acuerdos, construyendo el triunfo electoral del 7-O y la plataforma para la gobernabilidad. Lo alcanzado es inmenso, lo que falta es inconmensurable. Se ha demostrado hasta ahora que es posible hacerlo y hacerlo bien. Reconozcámoslo y continuemos.