miércoles, 26 de febrero de 2014

¡Ay, que feo!

Foto 1
Los venezolanos estamos frente a una grave crisis política, que expresa otras más profundas de carácter social, cultural y económica. No dudamos en calificarla como la más peligrosa  que hemos vivido en toda nuestra historia reciente. 

La situación se puede resumir así: tenemos un gobierno que “ganó las elecciones” con un poquísimo margen, pero insiste en imponer un modelo social  que mucho han expresado no aceptar.  Es decir, que la sociedad venezolana está polarizada y enfrentada, como nunca antes.  Adicionado a lo anterior, existe una grosera injerencia del régimen cubano en el gobierno de Maduro,  que se muestra  y sostiene sin ningún recato, ni pudor. Y este último componente es una compleja realidad que impone  la más pesada limitante, para alcanzar una salida a la crisis.       


La situación del desabastecimiento de rubros de primera necesidad son ya emblemáticos. No se consiguen alimentos fundamentales como harina pan, leche, pan y un sin fin de otros productos como el emblemático papel higiénico,  lo que hace que la gente deba pasearse por decenas de negocios  antes de conseguirlos o que deba sufrir las colas interminables en los abasto del gobierno, durante horas. 

No hay leche, pero si hay whisky hemos dicho en diversas oportunidades. El segundo no está regulado y el primero de los productos sí lo está. Con el agravante que casi todo  el sistema de producción y comercialización interna de la leche y las importaciones las controla  el gobierno.  Ahora se consigue leche de larga duración de Ecuador, Uruguay, y pare Ud. de contar.   

Los representantes del gobierno y sus adláteres, responsabilizan al sector privado y en particular a la Empresa Polar por el desabastecimiento.  ¿En dónde se ha visto que los empresarios no quieran producir? Estamos viviendo el resultado de catorce años de pésimas políticas económicas y de restricciones  a la empresa privada para incrementar el poder del Estado. Y el mismo, no debe ni puede producir todos los bienes y servicios que requiere una sociedad. El ejemplo de la URRSS luego de 70 años de control es un ejemplo histórico que hay que tomar en cuenta.  Aquí la única guerra económica que existe la ha declarado el gobierno a la empresa privada. Esto se traduce también, en una restricción enorme de la capacidad de empleo de la sociedad venezolana,  que la perciben claramente los jóvenes universitarios. Y temen vivirla  al concluir sus estudios.  

Durante años el silencio del difunto presidente Chávez, sobre la delincuencia, encubrió una acción del Estado para la adhesión política de amplios sectores populares.  Y además, de armar a muchos colectivos  sociales  que hacían  labor social  en barrios  y sectores rurales, para ser guardianes de la revolución. Hoy el hampa está desatada y afecta  principalmente a los sectores más pobres del país. Pero también, al resto de la sociedad: 25 mil muertes violentas con mas del 90% de impunidad es una guerra civil no reconocida, pero si declarada. Es la delincuencia contra la sociedad.  La mayoría de esos muertos son jóvenes  entre 18 y 24 años de edad, que afecta  a toda la sociedad venezolana, en especial la que no puede darse el lujo de tener vehículos blindados y contar con guarda espaldas. 

Más de un millón de jóvenes venezolanos han emigrado en los últimos años tanto por falta de trabajo como por la inseguridad. Lo peor de ello no es solamente la  enorme cantidad de gente productiva, sino además, altamente preparada. 

Los estudios que se han realizado demuestran que, en los EEUU,  los venezolanos  son la inmigración mejor preparada educativamente. Pero, ahora vemos a los venezolanos  en  Colombia, Ecuador, Panamá, México, Canadá, además de los EEUU, en nuestro continente. Y no sólo en España, Inglaterra, Alemania en el caso europeo, sino en el Medio Oriente, en particular, en los países petroleros.  No es nada extraño que los estudiantes universitarios tengan por qué protestar.  Y por supuesto, a  muchos sectores también los afecta  el desabastecimiento, el pésimo funcionamiento de la actividad económica, la ineficiencia de la burocracia gubernamental y la pésima prestación de los servicios de salud,  agua, luz y de teléfono.  Ante eso Maduro exclama con cara de intelectual de cafetín: “Solamente está paralizado el 8% del país”.  Claro, es entendible su estadística acomodaticia: En la sabana llanera profunda,  en la selva amazónica,  en los páramos despoblados, no se está protestando. Nada está paralizado allí. Los procesos naturales siguen indetenibles. Lo que está paralizado son muchas ciudades de Venezuela, las más pobladas.  ¿Y si así fuera?, no es suficiente  que una parte importante de los venezolanos y las venezolanas hayan decidido exigir rectificación a su gobierno, no es eso suficiente para que un “DEMOCRATA” escuche.
Foto 2

Esta mañana, mientras esperaba para salir a acompañar la marcha de mujeres por la paz, escuchaba a Capriles Radonski. ¡Qué difícil papel le ha tocado asumir! Entre las cosas importantes que dijo fue la necesidad del diálogo. Pero, no para que el gobierno se afinque  y crea  que ya todo pasó. No,  aquí la oposición ha propuesto una agenda para el diálogo: cese a la represión, libertad para los detenidos políticos, desarme de los colectivos, nombramientos de altos funcionarios del Estado que tienen sus períodos vencidos.  Nosotros destacamos la necesaria rectificación de las políticas económica.  Allí hay una vía. Si se insiste  en minimizar la protesta y el malestar social, mal vamos. Maduro no estás entendiendo nada (foto 2 y 3).  Incluso hay sectores del chavismo que forman parte de estas protestas. Es interesante que en la foto que acompaña este texto hay dos banderitas rojas con las siglas del PSUV. Pero, ello puede tener varias interpretaciones: ¿han participado en la construcción de barricadas o las han marcado para avisar que las destruirán? (Foto 1). Ver al respecto de la agenda para el diálogo el siguiente link:
http://www.ultimasnoticias.com.ve/noticias/actualidad/politica/oposicion-propone-siete-puntos-para-el-dialogo.aspx

Foto 3

Los venezolanos somos pacíficos, luego de un siglo (el XIX) de guerras montoneras. No queremos matarnos entre nosotros y menos para beneficio del régimen castrista.  Cuando conversamos con uno de nuestros hijos, que emigró hace ya más de seis años, nos dijo que estaba  al tanto de todo lo que pasaba aquí. Y exclamó, pero: !Ay, que feo!.