viernes, 23 de diciembre de 2016

Autor en busca de editor

Por Orlando Albornoz
Universidad Central de Venezuela 

Lo que sigue no es un divertimenti. Es quizás la manifestación de una angustia académica. 

Recoge las enormes dificultades que tenemos quienes hacemos reflexión científica por así llamarla, en sistemas nacionales de universidades enfocados en las a menudo estériles aulas y sus docentes, unos y otros abstraídos en sus propios pensamientos y en sus propias necesidades. 


Hablo es por las universidades de mi país, Venezuela, en donde hay instituciones que tienen miles de estudiantes matriculados y que ni hacen investigación científica, ni tecnológica, ni humanística. No prestan el servicio que demanda la sociedad en términos de la creación de pensamiento, ni difunden las actividades académicas de su propia comunidad. Más aun, en los últimos años se han abierto en mi país universidades que no son tales, puesto que se crean sólo para que participan en las sesiones de espiritismo que convocan a sus héroes fallecidos o aquellos 'muertos en vida', como se dice coloquialmente en un afortunado  refrán, cuando se alude a alguien que es indiferente, en este caso, a las universidades. Los intelectuales y académicos que hemos optado por la actividad de pensamiento vemos, no sin irritación, como la presencia del  estado no  se traduce en una regulación tal que obligue a las instituciones para proteger la vida académica. Hay universidades privadas en Venezuela que corresponden a lo que, en otro sentido, llamaba el académico mexicano Luis Porter (2003) La universidad de papel, pues son instituciones en donde se tramitan papeles, de todo tipo, incluidos los títulos y credenciales que ese estado, de manera irresponsable, transfiere a quienes en nombre de sus intereses crematísticos manejan universidades, pero esos papeles no incluyen los referidos al conocimiento, un actor invisible en estas instalaciones supuestamente universitarias. Del mismo modo las universidades bolivarianas no difunden lo que hace en materia académica puesto que son universidades, reitero, dedicadas a las creencias del chavismo, la doctrina oficial, que no al cultivo el conocimiento. Mi texto, entonces, no es un divertimenti sino una angustia, sin que me asocie, ni mucho menos, con el sentimiento de aquel meritísimo venezolano quien fuera el primer rector de la Universidad Central de Venezuela y a quien el insigne poeta Andrés Eloy Blanco llamó (1960) Vargas, albacea de la angustia.

Soy un autor en busca de editor. Por ello, en el sentido de Mario Briceño Iragorry (1954) envío un aviso a los navegantes. Estoy trabajando en lo que sin arrogancia alguna puedo denominar mí opera magna: Mitos y realidades de las universidades. Es una obra de alcance teórico universal pero perfilada desde elementos propios de mi sociedad, la venezolana. Se trata de una reflexión y análisis del sistema nacional de universidades y  del sistema nacional de pensamiento, en donde estudio sus características, sus interrelaciones y el significado que tienen para el desarrollo o atraso del país, que ambas posibilidades se hallan visibles en el escenario político e ideológico de esta sociedad, que aun no decide si afianzarse en la sociedad del conocimiento o admitir que tiene equipaje sólo para viajes cortos, que la lleven en estado de inercia sólo dentro de los límites de la sociedad del entrenamiento. Todo ello aderezado con la visión ecuménica propia de la universidad como un ente universal, calibrado dicha visión en la experiencia personal de medio siglo andando estos trillados caminos de las instituciones cuya única razón de ser es la búsqueda del conocimiento.

Es un libro elaborado con argamasa sociológica desplegado en varios volúmenes y los mismos necesitan ser limpiados del polvo del camino, corregido, editado y publicado en el formato electrónico, una maravilla tecnológica que permite que nuestros productos se hagan conocer en el mundo entero. Había ofrecido estos textos a la ULA y hasta creí que había un compromiso para ello, pero interpreté mal los signos de la sierra andina y dicha venerable institución decidió no interesarse más en el proyecto. He intentado en mi universidad de origen, pero no he logrado ir más allá de las palabras tan amables como indiferentes que suelen acompañar estas gestiones. He intentado interesar a una institución mexicana, de las de mayor prestigio en ese país y a una universidad española, de Andalucía, un lugar en donde alguna vez hallé, precisamente, identidad de origen, junto a la propia de ser un caraqueño integral, una frase sin sentido pero con maña cultural.

En efecto, soy un autor en busca de editor. Confieso que escribo, como parte de mi oficio existencial, grave insolencia en una sociedad oral como la nuestra. Esto es, escribo más de lo que quisiera y no tengo quien me edite, porque el mercado es reducido y en algunas instituciones inexistente. Me enfrento a obstáculos formidables, entre ellos la deshumanización de nuestra cultura intelectual y académica. Nuestras universidades no satisfacen esa necesidad de publicar para difundir lo que hacen –en parte porque no lo hacen. Se dedican sólo a enseñar, repitiendo con artificios lo que dictan año tras año, con su progresivo descuento ya que cada año lo que se sabe vale menos. Algunos investigan, pero de estos ya muchos han huido al exterior, aventados por las razones propias de situaciones perfectamente comunes, pues muchos países de la región han pasado por esa criba, tales como Chile, Argentina, Uruguay y Cuba. Alguna vez fui miembro, estando trabajando en Boston, USA, de una Comisión organizada por una Fundación, para rescatar académicos de las entonces formidables universidades argentinas, que entraban en la tenebrosa era de una trágica dictadura militar que les aguardaba. Las entrevistas se efectuaban en Buenos Aires en un antiguo palacete de inicios del siglo XX y el proceso era patético, pero, por fortuna, muchos fueron sacados del horror que se avecinaba en aquel país, algunos incluso vinieron a Venezuela y a Perú, la mayoría a México, país siempre amigo de los desahuciados del intelecto y de la academia. Posteriormente trabajé como funcionario internacional en el Chile de Salvador Allende y constaté, crudamente, lo que significa la furia incontenida de los anti-intelectuales que por vía de la ironía terminan dirigiendo instituciones del pensamiento. Más aun, una regla propia del admirado Sr. Murphy coloca en el poder a personajes como Donald Trump y hasta nuestro madrileño pequeño Nicolás y fabrica ‘líderes’ algunos de los cuales son elementales, como impresentables. ¿Son ellos, se podría preguntar en el lenguaje de Lukács, los líderes del irracionalismo de nuestro tiempo?[1]

Lo que sí es visible es que nuestras universidades poco publican; esto es, son ajenos a la tercera etapa del proceso propio del cultivo de la vida intelectual y académica: la difusión. Entiendo las dificultades para que se publique mi trabajo. Para comenzar no soy chavista, como tampoco fui ni adeco ni copeyano, ni masista ni mepista ni seguidor del gran Borrregales –el único pecado de afiliación política ha sido mi afición por los Fabianos, que data desde mis años de estudiante en el L.S.E y antes, en la UCV, de escudero de José Rafael Núñez Tenorio. Que tampoco es tanta la afición fabiana como para irme a Londres el próximo mes de enero para escuchar a mi compañero Jeremy Corbyn, quien será el orador principal en la Conferencia Anual de 2017.

Pero en Caracas unos y otros me castigaron, como debe hacerse con los insurrectos. Leandro Mora, quien era entonces el Ministro de Educación, me hizo despedir del Instituto Pedagógico, con mucha Cortesía, debo reconocer, por comunista, en la grata compañía de Alonso Ojeda Olaechea y Federico Brito Figueroa y, por su parte, Hugo Chávez me hizo salir del PPI, de la mano de algún oscuro burócrata  cuyo nombre guardo en mi memoria pero del cual, de verdad, no quiero acordarme. Había entonces clasificado en el PPI como investigador emérito, pero impertinente como se puede ser al parecer anticipé que no seguiría los pasos que los funcionarios del partido político de Kafka que ya entonces se disponían a aplicar sus recetas à la George Orwell y simplemente me ignoraron a partir de entonces. Luego, lo admito, escribo cosas que son de escaso interés, pues hablo es del comportamiento de las universidades, un tema que no creo que interese a muchos. Tampoco tengo acceso a la maravillosa tienda de ayuda mutua de la empresa privada, alguna de las cuales apenas sobreviven en estos tiempos anti-empresariales, ya sólo ocupadas con el juego de beisbol. No está mal que lo hagan, allí esta su clientela.

De cualquier manera, así como quienes necesitan una medicina y piadosamente piden a algún medio que les ayude a buscarlas, cosas a veces de vida y muerte, pues yo me dirijo a quienes puedan estar interesados en promover causas perdidas y se le antoje el capricho de patrocinar lo que está siendo cocinado con gusto y afán y que estará listo en los próximos meses. Si no me queda la táctica empleada por Nietzsche, quien no soportaba ver sus manuscritos en una gaveta y publicada los mismos en ediciones propias, artesanales, de menos de 100 copias, que vendía entre los amigos. Mi problema, adicional, es que si tengo amigos todos forman parte de Misión Miseria Académica y no estarán en condiciones de comprar libros, cuando si acaso pueden comprar algún producto comestible, o a menos que publique libros comestibles, una excelente idea, pues así lo leerían y luego se lo comerían. Bien pudiera esperar, por otra parte, como Weber, que este libro se publique post mortem.

Ya señalé que he acudido a las universidades autónomas, en donde más o me conocen, pues he estado en ellas durante medio siglo, pero al menos han escuchado mi solicitud con amabilidad y hasta con benevolencia y con la misma me han recordado que no hay fondos, a pesar de que estoy solicitando es edición electrónica, menos costosa y que permite trabajar con la capacidad instalada; incluso, si estas universidades tuviesen otro criterio de aquel de la dependencia del estado para funcionar, pues podrían vender los libros que editen, en el enorme potencial mercado de los profesionales, intelectuales y académicos de habla castellana. Hasta me he acercado a un organismo internacional del área, pero el amable interés que puedan tener sigue el lento ritmo de estas organizaciones.

No estoy ofendido. Estoy, simplemente, equivocado. Esto es, ofrezco un producto sin valor de mercado, en una comunidad académica en donde ya no percibo universidades, como instituciones sino autarquías, que obedecen al adagio de cujus regio, eius et religio, propio de nuestra sociedad en donde cada quien sigue su fe revolucionaria y su creencia chavista, como ocurre con las universidades como la UNERG, la cual es formidablemente creativa, pues apenas se abre su portal aparecen los rostros de los libertadores, como Hugo Chávez, Nicolás Maduro, el ministro del ramo y el gobernador del estado. Esta universidad, por ejemplo, tiene un programa de doctorado en el área de la educación con sitios en varias ciudades, como San Juan de los Morros, Calabozo y Puerto Ayacucho, con según entiendo unos mil participantes, caso en el cual, ¿cuántas de las tesis correspondientes han sido publicadas?  En caso contrario serán alimento de anaqueles u ocuparan espacio en la nube.[2] Uno de los objetivos de su programa de doctorado es, justamente “Lograr los índices de excelencia en la educación posgraduada a nivel nacional e internacional”, y he aquí que es absolutamente adecuado preguntar ¿cuántas revistas tienen, cuántos libros publican al año, en ambos casos trabajo académico arbitrado con jueces externos?.[3]

Ahora bien, ¿qué son nuestras universidades si las mismas no publican revistas arbitradas, seriamente arbitradas, rectifico, y libros igualmente arbitrados que plasmen las preocupaciones y angustias de quienes laboran en ese vacuo mundo de las ideas? Olvidémonos por un segundo de la tragedia del día a día del universitario de nuestro tiempo, dejemos a un lado los plañideros esfuerzos por aumentos de sueldo que se otorgan a activos y a pasivos –yo soy personal pasivo pero cobro como activo, una ecuación que nunca he podido entender, y pidamos al gobierno nacional que financie a las universidades según difunda, no sólo que enseñe e investiguen y hagan trabajo comunitario en el huerto de la facultad, sino que sean financiadas según difunden conocimiento, premiando aún más a aquellas instituciones que contribuyan de alguna manera con el correaje del aparato productivo, asignando cuotas por volumen de la población estudiantil. Esa simple medida convertiría a las universidades privadas en agencias de la vida intelectual y no sólo productoras de credenciales profesionales y en algunos casos simples guardianes del entrenamiento de la burguesía convencional y de la neo burguesía que con entusiasmo se incorpora rápidamente a los esquemas de la burguesía criolla –en nuestra sociedad no hay oligarquía ni mucho menos pelucones, como suele decir el inefable Maduro.

Según las interpretaciones del caso, el humanismo no se entiende sin los editores, como aquellos venecianos que de la mano de Aldus Manutius y colaboradores como Erasmo de Rotterdam fundaron en 1490 la Neakademia nomo –fecha memorable en nuestro nuevo mundo, pues en una ciudad vecina un supuesto genovés afilaba sus armas para venir a destruir algo que no existía, de modo que de esos cargos es inocente al menos de la intención, pero no lo es de la ejecución de sus maldades, pensamiento que halla terreno fértil en la obra del mexicano Leopoldo Zea: (1975) Sentido de la difusión cultural de América Latina y (1982) Latinoamérica, un nuevo humanismo, como lo hay en la obra (2000) La virtualización de la universidad, aporte excepcional de mi antiguo discípulo ya desaparecido José Silvio. El final de mi solicitud es amable, pues si se clasifican a las universidades, para financiarlas y hasta para que se les permita funcionar, pues ya no tendré que buscar editor, sino como ocurre en algún civilizado lugar de Laputa los editores vendrán a mí y a los escribidores del entorno buscando autores y así habré arribado al Nirvana con el cual siempre soñé y dejaremos por siempre de ser los mendigos habituales, pues entonces los editores perseguirán a los autores para obtener, al menor costo posible, el privilegio de vender uno u otro autor.

Pero, mientras tanto, nuestras universidades son al menos en esta matera de la difusión del pensamiento como esfinge egipcia y no es necesario ir a Delfos para preguntar hacia adónde vamos, que si no publicamos no sólo no llegaremos a la era ecuménica actual de la sociedad digital sino que nos devolveremos para colocarnos de espaldas a la historia en la era pre humanista y el amigo Erasmo  podría ejercer su actividad tan lucrativa como aquella de corrector de pruebas –este  escribía en el mismo taller en donde trabajaba de corrector de textos, propios y ajenos, y así inventó la correa de producción del Sr. Ford uno siglos antes, como señala el suizo alemán Walter Rüegg en su ensayo sobre “Erasmus von Rotterdam”–el holandés que murió en Basilea, que era un hombre inteligente y declinó una y otra vez la oferta para ser profesor en una universidad de su escogencia, prefiriendo, como Anthony Giddenss hoy en día, el editor de Polity Press, tener su propia editorial y, además, no comprometerse con el salario que le podía proporcionar  una universidad, sino que cobraba y, muy bien, sus conferencias. Entre nosotros, como se sabe, lo único que se paga es el trabajo de aula, reglamentado, pero no las conferencias, que forman parte de la cosmética académica, sin valor alguno. Me consta. Cuando he tenido la osadía de pedir una remuneración por mis conferencias suelo ser despedido, sin honores, de la ciudad en cuestión.

La imprenta permitió la difusión de las ideas, el Internet nos abre el espacio del ecumenismo y los que no publiquen estarán condenados a uno de los círculos del Dante. Si el humanismo fue un fenómeno de la transición pues el Internet es la transición hacia la sociedad electrónica virtual. Si el humanismo fue el fenómeno de transición de la Edad Media a los tiempos modernos, apoyados en la magia del libro, en Johannes Gutenberg, pues el Internet nos abre las posibilidades de serviros de transición de los tiempos modernos a los del ecumenismo, esta vez de la prodigiosa mano de Tim Berners-Lee. Quizás el mundo globalizado nos permita el ecumenismo y de hecho el secularismo que busca espacios en la región, al menos desde la Independencia de los poderes imperiales de entonces. Ambos, ingredientes del neo humanismo contemporáneo, afianzados en esa cadena interminable de la producción de conocimientos, que comienza con la idea y termina con el papel, en este caso la pantalla, que atarán las primeras y las hacen perdurables, no obstante los fanatismos que despiertan las bandadas de todos aquellos que en nombre de un Dios asaltan y asesinan. Ese neo humanismo se apoya en los mismos instrumentos, la palabra que no en la doctrina, ni política ni religiosa, ni menso la empresarial, que sin embargo la tres habrán de coexistir porque ninguna es de por si un privilegio dominante sobre las otras.[7]

Las universidades venezolanas entonces ávidas, se supone, de asumir lo que llaman responsabilidad social, desde el año de 1215, debe producir conocimientos y producirlos sin difundirlos es dejar creer que tal enclave institucional es estéril. Entonces, no somos personas, vivientes, los autores, sino cuando nos publican y sólo lamento que aun siga, con menos esperanzas que nunca, pidiendo que me publiquen. Mi identidad como académico no son mis ideas sino el reflejo de las mismas en el lenguaje de la comunicación, pública, y acato el viejo adagio de to publish or to perish;  esto es, que me permitan recuperar mi identidad como el intelectual, el académico, como el scholar, como el savant, uno u otro que todos los autores queremos ser,  de la mano de los editores y así escapar del anonimato que nos hace inútiles y de hecho inexistentes, porque, repito: o nos publican o nos declaran muertos. Por mi parte, no quiero ser un miembro de la Dead Poets Society, pues más bien mi anhelo es que mi trabajo, público, se difunda y pueda ayudar y contribuir con el mejoramiento de mi sociedad y la misma no mejorará, nunca, si no estamos vivos y alertas quienes podemos, desde nuestras cuevas griegas en donde  se aloja el mundo de las ideas, poder seleccionar algunas de ellas y ofrecerlas a los interesados, a pesar de que protesten, porque ciertamente, hay quienes tienen asco de las ideas pero en nombre de la decencia y del bien público debemos persistir en nuestro esfuerzo, por fútil que parezca.  Por ello, finalmente, reitero mi mensaje: Soy un autor en busca de editor. Escucho proposiciones.

Notas:

[1] Me refiero al divertido personaje propio de la picaresca española, el joven Francisco Nicolás Gómez Iglesias (1994), apodado por la prensa española como «El pequeño Nicolás», es un estudiante español de Derecho, que tomó notoriedad y se hizo célebre cuando fue detenido en octubre de 2014 acusado de falsedad documental, estafa en grado de tentativa y usurpación de funciones públicas y estado civil, además de ser imputado posteriormente por revelación de secretos, cohecho impropio, malversación de caudales públicos y tráfico de influencias. Algunas fuentes periodísticas señalaron que el joven se infiltró en las altas esferas del poder político y económico español, llegando incluso a afirmar que ha trabajado como colaborador para el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y desfilando como invitado en el besamanos celebrado en el Palacio Real tras la proclamación de Felipe VI como rey.
[2] El actual vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, en un importante texto de 1996 escrito en la cárcel, titulado “3 retos al marxismo para encarar el nuevo milenio” y recogido en el libro Las armas de la utopía. Marxismo: provocaciones heréticas, describe la situación de la siguiente manera:“Los rebeldes de ayer que cautivaban con la furia del lenguaje subversivo a empobrecidos campesinos, hoy se hallan al frente de deslumbrantes compañías privadas y ong que siguen cabalgando sobre las martirizadas espaldas de los mismos campesinos anteriormente convocados. [...] Rusia, China, Polonia, El Salvador, Nicaragua, partidos comunistas y socialistas, “vanguardias” armadas y desalmadas hoy en día no orientan ningún ímpetu de redención social, no emblematizan  ningún compromiso de justa insatisfacción; simbolizan una descomunal estafa histórica”. Extrapolo este argumento para referir como pienso que con los programa de doctorado se pudiera estar cometiendo en Venezuela un engaño monumental a la nación, en el mismo sentido que emplea García Linera. Véase por Bruno Bosteels su ensayo “Marx y Martí: lógicas del desencuentro”, en: Nómadas, octubre de 2009.  Universidad Central de Colombia.
[3]. Véase http://postgrado.unerg.edu.ve/
[4]. El ensayo de Water Rüegg publicado en la obra por S. Corsten, G. Pflug, and F. A. Schmidr-Kunserniiller (eds.), Lexikon de gesamten Bucbu, que traduce más o menos como El lexicón totalEl léxico de las publicaciones , o sea, de todo lo que tiene que ver con libros, desde la impresión hasta el contenido vol. II (Stuttgart, 1989),476-7. La referencia al editor veneciano puede verse en el libro por el medievalista norteamericano Martin Lowry (1979) The world of Aldus Manitius. Business and scholarship in Renaissance Venice.
[5]. Los autores de esta editorial son, prácticamente, un quien es quien del pensamiento de vanguardia contemporáneo: Pierre Bourdieu, Anthony Giddens, Ulrich Beck, Jürgen Habermas, Theodor W. Adorno, Zygmunt Bauman, Walter Benjamin, Norbert Elias, Jacques Derrida, Cornelius Castoriadis, André Gorz, Stuart Hall, Raewyn Connell, Jeffrey Weeks, Ann Oakley, Michèle Barrett, Lynne Segal, Nancy Fraser, Seyla Benhabib, Michael Mann, Anthony Smith, Claus Offe, Gøsta Esping-Andersen, Immanuel Wallerstein, Stan Cohen, Ray Pahl, Harold Garfinkel y Clifford Geertz. 
[6]. Es asombroso observar cómo crece la academia cada día, en volumen y correspondiente calidad. Puedo reportar que mi comunidad académica está por los 150 colegas, diseminados por todo el mundo, considerando ser miembros de esa comunidad si hay por lo menos un contacto anual, pero entendiendo por contacto no un saludo ocasional sino una relación profesional extendida.
[7].Véase por Charles Taylor (2014) La era secular, una obra fundamental que sugiere rápidamente una interrogante ¿es que acaso vivimos un era del neo fundamentalismo, que se manifiesta en Venezuela en la era de la universidad de creencia? Foreign Affairs publicó el 29 de Noviembre de  2016 unas cartas del Embajador de Arabia Saudita en Moscú, escritas para su hijo que llamaron la atención acerca de un mundo políticamente fanatizado, ejemplo de lo cual es la doctrina que desea imponer en USA el presidente Donald Trump. Véase por Omar Saif Ghobash: “Advice for Young Muslims. How to Survive in an Age of Extremism and Islamophobia”. En el caso venezolano es absolutamente indispensable mencionar como la revolución bolivariana ha ampliado el área de discriminación, con una dosis de racismo desconocido hasta ahora. La población carcelaria es la mejor prueba, pues la absoluta mayoría de los reclusos llamados eufemísticamente ‘privados de libertad’ son venezolanos de los sectores populares, negros e indígenas.