miércoles, 31 de mayo de 2017

Venezuela País Ocupado…

Por Jesús Alfonso 
Osuna Ceballos (*)

Cuando Venezuela emergió (en 1958)  de las tinieblas después de sufrir férrea dictadura, abrió puertas para que de nuevo entrará luz: retornaron los nuestros y vinieron otros de diversas latitudes; juntos emprendieron la gran tarea de restaurar el país enriqueciéndolo en cultura, en educación y en ciencia, edificando sólido y generoso hogar. 

Hoy ese nuevo país se nos escapa entre nubes oscuras, nubes que torturan, que sofocan, intentando ahogar la esperanza; no obstante, con valentía los venezolanos resisten la salvaje insolencia del gobierno que guiado por agresor extranjero intenta destruir todo lo construido por personas creativas y manos laboriosas pretendiendo derrumbar la institucionalidad que rige nuestras vidas como ciudadanos libres.

Desde hace tres lustros Venezuela es país ocupado, no cabe la menor duda pues sin mediar batalla alguna ni acta de capitulación, fuimos vergonzosamente entregados por el actual gobierno a dictadura caribeña cuya carta de presentación es la de ser adalides del anticolonialismo, el cual aquí practican a sangre y fuego, con la anuencia de quienes en su discurso nos presentan como país independiente y soberano. Como soporte para el agresor, Venezuela gastó entre 1999 y 2015 cinco mil seiscientos veinte millones de dólares en armas, según informe del Instituto de Investigaciones de Paz de Estocolmo, 71% de las cuales adquirió de Rusia, continuando su política armamentista con apoyo de la República Popular China, aumentando el endeudamiento del país para adquirir maquinaria destinada a brutal represión, como la llevada a cabo en los últimos 4 años y deliberadamente acentuada con saña en los últimos 5 meses. Tan despreciable proceder explica por qué el presupuesto nacional del año 2017 el Ministerio de la Defensa superó nueve (9) veces al destinado para alimentación y salud, lo cual explica las vergonzosas cifras que nos muestran como país que vive en inocultable situación de pobreza y crisis humanitaria. Pero mientras entre nosotros se multiplican carencias de todo tipo, somos testigos de dolorosa paradoja, pues quienes nos gobiernan en acto de extrema sumisión, entregan pronta y generosa asistencia al invasor el cual no sacia sus apetencias cubiertas, en todo momento, desde la fácil presa en la cual nos han convertido.

En países europeos, durante la II guerra mundial y la ocupación por los ejércitos del nazismo alemán surgió la figura del “colaborador”, personas que recibían trato especial y algunas ventajas sobre otros ciudadanos actuando como delatores. Patético personaje que causó estragos entre la población civil, particularmente entre los judíos. En nuestro país, sospecho que, para ganar simpatía con el invasor, en marzo del 2017, la FANB institucionalizó la triste figura del “Patriota Cooperante” equivalente a la del “patético colaborador” antes mencionado. Ojalá a la Ministra del PP para el Servicio Penitenciario no vaya a crear otra modalidad para recluir a quienes las fuerzas represoras han secuestrado pisoteando sus derechos fundamentales por el delito de pensar distinto a los designios del régimen, ya que las cárceles del país resultarán insuficientes para tal fin habida cuenta que el número de aquellos aumentará mientras duren las protestas contra la dictadura.

Hasta ayer habían muerto asesinados por “fuerzas del orden público” en protestas en las calles del país 56 venezolanos, varios adolescentes y adultos jóvenes, parte de la denominada “generación millennials” esa que en gran número ha decidido alejarse del triste escenario en que se desenvuelven nuestras vidas. Pero ellos retornarán porque se han llevado al país con amargo sabor en sus bocas a la vez que lastimosa carga en su costado izquierdo.

La “Venezuela ocupada” tiene nuevas coordenadas marcadas por el río Guayre cuyas aguas corren del oeste hacia el este de Caracas; en una de sus orillas altiva enarbola bandera la Venezuela lastimada en sus más preciados valores: la honorabilidad de país defensor de los derechos humanos, de ideales libertarios que ayudó a sembrar en otros países suramericanos, con su dignidad enaltecida, patrimonio que no podemos desmayar en preservar; mientras que en orilla opuesta otros retornarán a lúgubres rincones perseverando en su tarea de regresar nuestro país a un oscuro pasado, en su intento de continuar envileciendo la condición humana y pervertir nuestras instituciones. En el fondo oscuro y fangoso del Guayre el 19 de abril de 2017 quedó huella indeleble, ejemplo para futuras generaciones.

Quienes cultivan el odio como sentimiento para la convivencia muestran inequívoco signo de deshumanización

Mérida, 25 de mayo de 2017.

Nota:

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(*) Profesor Titular, Escuela de Medicina de la Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela.