martes, 20 de febrero de 2018

DE TÍTERES Y TITIRITEROS

 Jesús Alfonso Osuna C.
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¿Cuál otra desgracia debe ocurrir en nuestro país para conmover a la sociedad venezolana?...tal parece como si la de las dos últimas décadas nos hubiera arropado junto con el horror que la acompaña dejándonos carentes de capacidad de respuesta a pesar de los estragos que los culpables de la misma continúan causando. 

Es como si el habernos acostumbrado a lo que nos ocurre fuera inherente de nuestra condición de seres sociales, pues faltan adjetivos para calificar las ofensas que de aquellos hemos recibido, pero sobran reclamos y reproches en voces ahogadas por el peso de la indiferencia… ¿problemas?... ¡¡¡no!!!... otros los niegan, nos enfrentan y nos dicen: “es el producto de mentes perversas que intentan negar las bondades de una forma de conducir al país”... ¿pero, acaso no son atroces los problemas que padece la población venezolana?...es tragedia que perturba nuestra existencia…es calamidad social


Sin embargo, ellos no lo entienden así, son oídos sordos frente al cuadro de miseria que todos padecemos y a muchos pervierte sin que puedan ocultar su evidente complicidad, pues a pesar de cuanto nos ocurre, no sin displicencia, con el mismo talante nos preguntan “¿podría alguien afirmar que tenemos carencia alguna si todo lo tenemos asegurado?”

No cabe la menor duda que esa debería ser hoy nuestra realidad si en las dos últimas décadas se hubieran llevado a cabo programas sociales sustentados en políticas consistentes proyectadas para el largo plazo y no mediante acciones de caridad y beneficencia con intenciones perversas; de haber sido así las condiciones sociales de los venezolanos serían otras: disfrutaríamos de buena alimentación, excelentes cuidados para nuestra salud física y mental, inmejorables servicios públicos: agua y salubridad e innegable y esmerado cuidado de nuestro medio ambiente, vivienda digna, protección de niños y adultos mayores con políticas envidiables por cualesquiera de los países con mayor progreso social, educación que en el corto plazo permitiría que nuestro país compitiera en el mundo del conocimiento y de la ciencia para asegurarnos bienestar permanente, además no habría momento ni actividad de nuestras vidas sin que las leyes dejaran de protegernos a todos por igual, gozaríamos de las bondades que nos brinda la seguridad social, particularmente niños y ancianos, permitiendo nuestros salarios que pudiéramos ahorrar recursos suficientes para una vida digna, garantizándonos a su vez una vejez sin penurias.

Pero es que mentir es más fácil que mostrar la verdad del acontecer social de nuestro país, realidad que avergüenza, realidad que intentan ocultar quienes ejercen funciones de gobierno: gobierno títere y de titiriteros…cuyos tenues hilos de sus erráticos movimientos son pulsados por los titiriteros mayores, con generosa ayuda de quienes por décadas han sabido esconder lo que en esencia son: tiranía que en sus comienzos a muchos cautivó y que en sus arengas repitieron que aquello representaba la dignidad de nuestra américa mestiza. Tarde comprobamos la verdad, pues ahora sus aventajados alumnos copian y practican aquí aquella funesta aventura en intento hasta hoy exitoso de convertirnos en esclavos de sus ambiciones sin medida y sin escrúpulos ¿Cómo lo han logrado? simplemente ¡mintiendo¡…porque la mentira predomina en nuestro país…mal que perturba el entendimiento y envilece el espíritu, mal que prevalece en un país de la verdad secuestrada…es así como comenzando el segundo mes del año 2018 el titiritero mayor nos convidó, ofreciendo lastimosas limosnas a disfrutar a plenitud las festividades de las “carnestolendas” carnaval, vocablo que proviene del latin, significa quitar la carne referido al ayuno de la cuaresma, tiempo de la liturgia del calendario cristiano; ojalá a la intelligentia que rodea al supremo no se le ocurra tomar al pie de la letra el significado de dicho vocablo como norma diaria para nuestra alimentación.
            
Finalizado el carnaval ahora intentan convencernos que dentro de cuarenta días “seremos otros” no por obra de genuina creencia y mucho menos por convicción de quienes sin quitarse la máscara nos invitarán para el “sano recogimiento” y “merecido descanso” en semana que convertirán en jolgorio y parranda, fiesta inmerecida para que los titiriteros oculten con perverso disfraz la calamidad social en que nos han sumido.
            
…¿qué podemos hacer para cambiar nuestra actitud de observadores a distancia cuidándonos de no correr riesgos?… ¿qué puede hacer nuestra dirigencia opositora la que representa esperanza para el cambio necesario?... ¡mucho! si con firmeza y determinación alcanza la comunión de una unidad robusta y duradera, con acciones que marquen diferencia entre verdad y mentira, enarbolada ésta como estandarte de dominación por quienes nos gobiernan. Unidad que nos convoque a todos y que necesita que creamos en nosotros, en nuestra fortaleza, como valiosa contribución que no debemos tardar en ofrecer, pues no es tarea sencilla destruir la falsedad que ha hecho presa de valores esenciales para la convivencia entre los venezolanos. No será fácil lograrlo invocando viejas hazañas y falsos ídolos del pasado; por el contrario, es necesario comenzar a construir y editar una verdad creíble por todos los estratos sociales de nuestro país; la verdad necesaria para convocar a la unidad sin diferencias. Es necesario dar ese trascendente paso con el convencimiento de que es posible y ha llegado la hora de  derrotar al títere mayor y a sus titiriteros.

 “…y aun en medio de una tormenta, por algún lado saldrá el sol…” Mahatma Gandhi


Nota
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(*) Imagen tomada de: 
http://pag72.blogspot.com/2011/07/diario-azul-del-titiritero.html