martes, 14 de diciembre de 2010

Lluvias sobre Venezuela: “esos damnificados son míos”


Humberto Ruiz

Hace unos días escuché un interesante programa  dirigido por los periodistas Adelfo Solarte y Yolimar Duque, denominado: “Información a todo riesgo, para que el desastre no nos alcance”, por  una emisora de la localidad (Éxitos 100,9), como parte de las actividades de divulgación de CIGIR (Centro de Investigación en Gestión Integral de Riesgos).

El tema abordado fue el de las lluvias que en esos momentos generaban que una importante cantidad de venezolanos, se les inundaran  sus casas, perdieron sus enseres y quedaran a la intemperie.


El fenómeno atmosférico conocido como la “Nina” se produce por el enfriamiento de las aguas del océano Pacifico tropical oriental, que, además, en estos meses ha estado paralelamente acompañado por el calentamiento  de las aguas del mar Caribe.  En este último espacio se generan  masas de vapor de agua que al ser transportadas sobre el cinturón norte-costero y partes del interior de Venezuela, en forma de nubes de gran desarrollo vertical con altísimo contenido de agua precipitable, han generado lluvias muy copiosas. Adicionalmente, desde  noviembre de 2010 (ya en plena estación de invierno del hemisferio norte) relictos de  frentes fríos  provenientes del hemisferio norte incrementan las condiciones de mal tiempo, principalmente sobre el norte de Venezuela.. El fenómeno del “Niño” funciona a la inversa y genera tiempos de sequía como los que se vivieron el año pasado.

El entrevistado en el programa, Rigoberto Andressen, es un climatólogo de la Universidad de Los Andes, quien con un lenguaje claro y preciso  explicó el fenómeno de la “Niña” y sus consecuencias sobre  buena parte del territorio nacional. De larga tradición académica, Andressen, dirigió en 2001 el taller sobre: CAMBIOS CLIMÁTICOS, RECURSOS HÍDRICOS, GEO-RIESGOS Y DESASTRES NATURALES, en el marco del IV Simposio Internacional de Desarrollo Sustentable en Los Andes. En esa reunión científica presentó, junto con  Roger Pulwarty de la Administración Nacional de Atmósfera y Océanos (OGP-NOAA), con sede en Washington, D.C., USA, un trabajo sobre la vaguada en el Estado Vargas: ANÁLISIS DE LAS LLUVIAS EXCEPCIONALES CAUSANTES DE LA TRAGEDIA DEL ESTADO VARGAS, VENEZUELA, EN DICIEMBRE DE 1999.

En el trabajo, sus autores indicaron que las características de las precipitaciones en Vargas en 1999 fueron excepcionales: “… los excesos pluviométricos estuvieron entre 260 y 2135 %, con relación a los valores promedios climáticos registrados entre 1958 y 1999”.  Pero, algo más importante, los daños humanos y económicos fueron tan graves  que en el Estado Vargas:  “se estiman en 15.000 a 20.000 muertes, 80.000 a 100.000 damnificados, más de 20.000 viviendas destruidas y 40.160 viviendas afectadas y daños muy serios a la infraestructura de la zona (vialidad, electricidad, agua, teléfonos, instalaciones portuarias, etc.).”

Hablando con Andessen y luego de recordar los daños causados por la “Niña” en 1999 pregunté: ¿es posible predecir el fenómeno  con suficiente anterioridad para tomar acciones que minimicen los daños? “Ciertamente, nos respondió, es un fenómeno atmosférico absolutamente predecible“.  De hecho, el 19 de marzo de 2010, expresé que el fenómeno de la “Niña” traería precipitaciones  fuera de los volúmenes normales y que ello podría acarrear daños importantes para los venezolanos. Pero, no fue atendido.

Ahora, ¿cuál es la razón para que las autoridades hayan actuado reactiva y no preventivamente?  Pese a la existencia en el país de cinco de radares adquiridos en el 2002, mediante un préstamo de la CAF de $ 80 millones, los mismos no se han puesto en funcionamiento y el personal que labora, en la oficina gubernamental dedicada al tema parece no tener la voluntad para utilizar eficientemente el cúmulo de información que se produce  actualmente en el mundo.

Andressen contó la situación que se vivió en Perú  entre 1997 y 1998 cuando el fenómeno del “Niño” se presentó. Allá genera  inundaciones y no sequía como en la zona intertropical del norte de Suramérica.  En el Perú, a diferencia de Venezuela,  el manejo de la información  climatológica  y atmosférica es de uso libre y no esta restringida a las oficinas gubernamentales. De tal forma  que, quienes tiene interés puede  usar las fuentes disponibles y hacer sus pronósticos. En este caso, un investigador se percató de lo que podría ocurrir con el agravamiento del fenómeno del “Niño” y logró interesar al gobierno para controlar las torrenteras y arreglar los cauces de los ríos que bajan de la cordillera andina. El resultado fue que se minimizaron los daños. En el caso venezolano, solo el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (INAMEH) puede trabajar oficialmente con los datos atmosféricos y climatológicos que son de público conocimiento internacional.

El gobierno nacional ha expresado que pasan de 130 mil los damnificados de las lluvias del 2010: “todo un éxito, según fuente oficiales”. Sin embargo, hemos observado el conflicto permanente entre el Ejecutivo Nacional y los gobiernos  regionales de Zulia y Miranda. La actitud ha sido asumir: “esos damnificados son míos”. El Presidente Chávez ha politizado la atención a los damnificados y adicionalmente ha pedido una ley habilitante para atender, luego de 11 años de su gobierno y de otras muchas declaraciones el déficit viviendas, en particular para los sectores que viven en zonas de alto riego geológico e hidrogeomorfológico.

Es inaudito que, luego de los resultados del fenómeno del Estado Vargas de 1999 y de muchos otros, como Santa Cruz de Mora en 2005, se vuelvan a enfrentar estos fenómenos naturales recurrentes con tan poca previsión. El éxito del gobierno se debe medir si no hubiera damnificados y no por el alto número de los que han sido atendidos. El éxito gubernamental fuera cierto si hubiese mejorado el índice de casas adecuadamente construídas para la gente que vive en zona de riesgo. Fuese un gran logro si las previsiones minimizaran los riesgos.  Lo insólito es que el Presidente y el Ministro de Relaciones Exterior ofrezcan sus despachos para que pernocten los damnificados. Eso lo que quiere decir es que esos despachos no son necesarios o que sus responsables no los necesitan para atender su responsabilidades.

Las lluvias, según los pronósticos internacionales, seguirán cayendo de manera profusa, aunque tal vez con menor intensidad, hasta marzo/abril de 2011.  Luego vendrá un período de relativa normalidad para con posterioridad enfrentar al fenómeno del “Niño”, posiblemente en el 2012, y con ello tendremos de nuevo sequía.  No valdrá el argumento: “esos damnificados son míos”. Lo que tendremos para ese entonces será falta de precipitaciones atmosféricas y dificultades para que las represas hidroeléctricas puedan producir la electricidad necesaria. ¿A quien se culpará entonces? ¿O será tiempo que los encargados de preveer estos fenómenos sean juzgados por el resultados de sus labores?