jueves, 27 de octubre de 2011

Un infundio que duró 100 años


Humberto Ruiz

Pliego de identificación presentado al concurso por  G.A. Gil (*)
Con el título: El himno del Estado Mérida: ¿un plagio?, el Profesor Amílcar Rivas, individuo de número de la Academia de Mérida, expuso de manera brillante y amena, lo incierto de una lamentable conseja que, desde hace muchos años, se ha sostenido sobre el himno del Estado Mérida.  En concreto, historiadores de mucha importancia  y músicos de esta ciudad, desde hace años, han afirmado que la similitud de nuestro himno regional con el de la república de Cuba,  compuesto a fines del siglo XIX, no puede deberse  sino a un plagio.

Debo manifestar que, al conocer el título de la conferencia, fui a la sesión de la Academia de Mérida, con curiosidad  y pesar.  Sobre todo porque no siendo músico ni historiador, desconocía sobre el particular y de ser cierta la afirmación sería una circunstancia lamentable para los merideños.  Pero, la exposición del Profesor Rivas nos mostró, con detalle y precisión, que la aseveración de plagio que se ha expresado desde hace ya cien años, sobe el autor de la música del himno del estado Mérida, el señor Gil Antonio Gil es absolutamente falsa.    


Pero, permítaseme  explicar por qué el profesor Rivas se dedicó a analizar esta aparente situación de plagio  y cómo llegó a la demostración de su falsedad. Veamos.

Para celebrar el centenario de la declaración de independencia de Venezuela,  en 1911, el Presidente de la República, para ese entonces General Juan Vicente Gómez,  auspició que se convocaran concursos  en los diversos estados del país, para  que se elaborasen sus himnos respectivos.  En esa oportunidad las autoridades de Mérida convocaron en primer lugar al concurso para la letra del himno del estado  y en segundo término, para la música.

Un siglo después  de las anteriores actividades, Belis Araque, auspició que se escribiera un libro para celebrar el segundo centenario de esta fecha y entre las personas convocadas estuvo el músico y profesor Amílcar Rivas.  En la conferencia, que sirvió para presentar el libro,[1] el expositor ahondó en la circunstancia del mal llamado plagio y  nos informamos de varias otras cosas de interés.  

La letra ganadora fue escrita por Antonio Febres Cordero y tiene una estrofa del Libertador, Simón Bolívar, recogida de una carta que envió a Ignacio Rodríguez Picón, padre del joven Gabriel Picón González, ambos oriundos de Mérida, y éste último herido en la batalla de Los Horcones,  que dice así:

“Y tú, padre que exhalas suspiros
Al perder el objeto más tierno
Interrumpe tu llanto y recuerda
Que el amor a la patria es primero”

La música seleccionada en el concurso es de Gil Antonio Gil, de quien se ha expresado que era oriundo de Trujillo. Pero, gracias a las indagaciones del Profesor Rivas, está comprobado, por haberse encontrado su partida de nacimiento y su acta de defunción,  que  ambas coinciden en indicar que  nació y murió en la ciudad de Mérida  (1858 – 1943).  De tal forma, queda absolutamente claro el gentilicio merideño de Gil Antonio Gil.

En cuanto a la similitud del himno de Mérida con La Bayamesa, el himno nacional de Cuba, escrito por Perucho Figueredo en agosto de 1867, el profesor Rivas mostró las diferencias enormes entre uno y otro. Así mismo señaló, "después de analizar los himnos desde el punto de vista armónico, melódico y de su extensión, la frase de cuatro compases, elaborada a partir de las tres notas fundamentales de la tonalidad en que están escritos los himnos, donde coinciden ambos compositores." De igual forma, a manera de ejemplo, reconoce que esa misma frase también está  en muy diversas obras musicales, como por ejemplo en el aria Non Piu Andrai de Las Bodas de Figaro, sin que nadie se atreva a expresar que el himno de Cuba  y  el de Mérida son un plagio de ésta última, compuesta  por Mozart, un siglo antes (entre 1785 y 1786). 

En sus múltiples indagaciones sobre Gil Antonio Gil, el profesor Amílcar Rivas, consiguió entrevistar a personas que lo conocieron.  Uno de ellos, Omar Calderón, le recuerda siendo él muy joven, como un hombre pulcro, muy elegante, reservado y retraído. Nosotros nos preguntamos: ¿puede que las dos últimas características de la personalidad de Gil Antonio Gil, le hayan granjeado la maledicencia para que el infundio del plagio le haya acompañado durante un siglo? 

Hace justicia Amílcar Rivas, con un personaje  que en su larga y fructifera vida tuvo una importante figuración en el mundo musical de Mérida.    



[1] Rivas, Amílcar; Cardozo, Lubio; Hernández, Nelly; Rivas, Rubén  y Lara, César Iván (2011): La canción de la tierra natal. Mérida. Zona Libre Cultural, Científica y Tecnológica del Estado Mérida; Fundación para el Desarrollo Cultural del Estado Mérida (FUNDECEM); Grupo Editorial y de Investigación  “El Lápiz”; Biblioteca Nacional-Biblioteca Tulio Febres Cordero; Fundación Museo de Ciencia y Tecnología. 107 pp.

(*) Ob. Cit, p. 13.