jueves, 30 de noviembre de 2017

No firmo ese informe

Edificio de la Escuela de Música de la ULA. 
Al cumplirse la primera década de fundación de la Facultad de Artes de la ULA me pidieron  que escribiera  alguna anécdota de sus inicios, cosa que hice [1].

Ahora se están celebrando dos años más y he querido cumplir nuestra promesa de narrar mis recuerdos de cómo se incorporó un año después de su fundación, la Escuela de Música, a la nueva Facultad.

Como recordarán el inicio de la Facultad de Arte de la ULA se produjo habiendo dejado a la Escuela de Música, en su antigua ubicación institución: la Facultad de Arquitectura. 

Sin embargo, el Consejo Universitario aprobó, a petición nuestra, que eso ocurriera solo por un año más, hasta que se ganara en experiencia y sin tener que hacer sufrir los primeros tiempos de la Facultad de Arte a la Escuela de Música. Así se dijo y aprobó. 

Con esa postura se logró hacer mayoría en el Consejo Universitario y se fundó la Facultad de Arte en noviembre de 2005.

Para sorpresa de ambas decanas, les llamé un año después para evaluar  la situación y producir la incorporación definitiva de la Escuela de Música a su ubicación natural, la recientemente creada Facultad de Arte. Como buenas guerreras, llevaron documentos, listas de personal, bienes, inmuebles y equipos que se debían ir o quedar. No fue fácil la discusión, ambas tenían argumentos a favor y en contra de cada cosa discutida y llegar a los acuerdos costó tiempo y paciencia.

Era evidente que el traslado de la Escuela de Música, a la Facultad, de Arte, se iba a producir. El punto era cómo, con qué equipos, muebles y personal administrativo y obrero. La decana de la Facultad de Arquitectura, argüía que cada cosa era de su dependencia y solo lo había facilitado para que funcionara allí, la Escuela de Música, pero no se las debían llevar si se marchaba. Aquello parecía y fue una guerra. Guerra en pequeño, pero al fin de cuentas: guerra.

Luego de mucho estira y encoge, percibí que la decana de Arquitectura., asumió una actitud displicente y como de desapego. Preocupado pregunté: ¿qué te pasa?

Me miró y dijo: -No voy a firmar ese informe-

Argumenté entonces: -Pero si llevamos horas llegando a acuerdos y transando cada decisión, por consenso-

 -No voy a firmar ese documento-, me reiteró la decana de Arquitectura.

Pero, bueno: -cuál es la razón de perder el tiempo en esta discusión y el estira y encoge de cada decisión- argumenté.

Pues, es que –ese informe está muy mal redactado- me respondió enfáticamente la decana de Arquitectura.

La miré fijamente y lo que se ocurrió decirle fue: -eso es fácil de resolver:  redáctalo tú-

Acto seguido –la decana de Arquitectura-  tomó la computadora en donde se estaba escribiendo el informe para trasferir la Escuela de Música a la Facultad de Arte, y comenzó a mejorarlo hasta concluirlo.

Al finalizar su trabajo, todos firmamos y quedamos de acuerdo en que la nueva ubicación institucional de la Escuela de Música sería, la Facultad de Arte.

Han pasado los años y actualmente el decano de la Facultad de Arte es un profesor de la Escuela de Música. Así mismo, sus alumnos, profesores y personal administrativo y obrero se ha incorporado de manera excelente y se siente parte de su actual ubicación institucional. En hora buena, feliz aniversario y muchos éxitos